• Caracas (Venezuela)

Claudio Nazoa

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Carta del creador al destructor

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Señor Maduro:

¿Siente remordimiento ante su hipocresía de nombrarme cada vez que discursea? Usted únicamente me usa para engañar a ingenuos seguidores. Sobrepasó la línea del malo inconsciente que por su maldad lleva a cuestas su propio infierno.

No sé si se ha fijado que en la cruz estoy clavado mientras que usted, trajeado de Armani y con un Rolex, me nombra en sus discursos ¿Tiene idea del sacrilegio que significa cometer irresponsables arbitrariedades que traen sufrimiento a su pueblo? El otro día, dijo: “Dios proveerá” ¡Qué irresponsabilidad nombrarme pagador de sus deudas! Deudas que usted, su antecesor y la cantidad de inútiles que han estado en su gobierno, han acumulado al dilapidar riquezas que no les pertenecen; convirtiendo a mis hijos venezolanos, en menesterosos que, como autómatas, hacen humillantes colas para comprar cualquier cosa ¡A mí no me meta en ese lío!¡Pague su vaina!

¿Cree que los venezolanos son pendejos y que se van a tragar el cuento de que los anaqueles están vacíos porque hay una ridícula “guerra económica”? ¿Por qué no dice la verdad? ¿Se acuerda cuando el pajarito infernal expropió industrias, las pasó al Estado y todas quebraron? ¿Se acuerda cuando el mismo pajarito expropió haciendas exitosas que producían alimentos y ahora no producen o lo hacen al mínimo? ¡No hay que ser Dios para darse cuenta que por esas irracionales arbitrariedades, es por lo que hoy, los venezolanos, están jodidos! La verdadera guerra económica, Señor Nicolás, fue inventada y aplicada por ustedes.

Señor Maduro, ¿hasta cuándo va a seguir usted utilizando mi nombre? ¡No engañe más a la gente humilde! Usted, al igual que su antecesor, es un rey Midas al revés: convierte el petróleo en barro... Usted habla mucho y no hace más que rodearse de ineptos aduladores que se arrastran día y noche aplaudiendo fracasos.

Otra cosa, hijo descarriado, aprovecho para confesarle algo: ¡Yo soy de la oposición!, es decir, me opongo al abuso, a la maldad, a la injusticia, a la privación de libertad de inocentes, a la torpeza, al engaño, a la ignorancia, a la delincuencia, al atraso, a la marginalidad, al despilfarro, a la escasez, al desabastecimiento…

Señor Maduro, y ahora, ¿a qué Dios le va a rezar?

No lo voy a perdonar. Porque usted, igual que el otro, también sabe lo que hace.

Señor Nicolás, la próxima vez, diríjase al diablo. Ese, obviamente, sí es su proveedor y consejero. Lo que pasa es que cobra muy caro.

Dios