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Una vacuna personalizada para mejorar el sistema inmune frente al cáncer

Imagen referencial de una vacuna / Foto: Internet

Imagen referencial de una vacuna / Foto: Internet

Aunque los resultados son incipientes, científicos evalúan la posibilidad de que el propio cuerpo rechace el melanoma

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La búsqueda de una vacuna personalizada que haga que el sistema inmune responda ante un tumor cancerígeno está en sus primeros pasos. La venezolana Beatriz Carreño lidera el estudio que se desarrolla en la Universidad de Washington en pacientes con cáncer de piel y que busca probar que es posible despertar el sistema inmunológico y hacerlo actuar contra la enfermedad.

Carreño define el primer acercamiento, que se ha probado en tres pacientes y se hará en tres más antes de fin de año, como una prueba de concepto. Es decir, no alcanza a ser todavía una investigación clínica en fase 1. Sin embargo, los resultados son interesantes.

“La gran pregunta era si podíamos activar el sistema inmune del paciente para provocar el rechazo del tumor”. Con ayuda de la secuenciación de genomas y la información genética obtenida de cada enfermo pudieron detectar las mutaciones celulares presentes exclusivamente en los tumores para definir una estrategia para activar el sistema inmune.

El paso siguiente fue combinar esas mutaciones con células dendríticas, que en el organismo son las guardianas del sistema inmune y tienen la función de prever los daños. Con la combinación de ambas células, las mutadas y las dendríticas, crearon la vacuna.

El procedimiento comenzó en el quirófano. De los tres primeros pacientes, todos con melanoma, uno estaba en remisión y continúa en esa fase, y los otros dos se encuentran estables. A los tres se les tomó una muestra parcial o total del tumor, sobre la cual se hará la secuenciación genómica. Una vez obtenida la vacuna aplicaron tres dosis, una cada seis semanas.

Luego se aplicaron exámenes de sangre a cada paciente cada siete días. “En el laboratorio pudimos ver las células que responden a la vacuna: las células citotóxicas T reconocieron a los neoantígenos”. Los neoantígenos son únicos para las células canceígenas, son como unas banderas que se presentan en los tumores. Las células T los reconocen y los atacan.

El tiempo de creación de cada vacuna es una de las marcas a batir. “La preparación de la vacuna nos toma alrededor de cuatro meses. Creemos que podemos mejorar el proceso y lograr prepararla en seis semanas”. Carreño explica que cada vacuna es personalizada porque las mutaciones son diferentes en cada enfermo. Los médicos presumen que en el caso de melanoma los cambios genéticos estén causados por daños por exposición solar.

El experimento, que comenzó en 2013, contó con oncólogos, ingenieros genéticos e inmunólogos, liderados por la venezolana, y con la colaboración de la Universidad de Oklahoma.

“Ahora tenemos que seguir con los otros tres pacientes que nos quedan. Quizás en un año podamos movernos a una fase 1 experimental que implicaría mayor número de pacientes y en el que podríamos incluir personas con cáncer de pulmón”, plantea Carreño.

El uso final de esta vacuna podría no ser el tratamiento para el cáncer, sino una estrategia de prevenir recaídas tras una cirugía eficaz. El estudio abre nuevas posibilidades para atacar los tumores y Carreño no descarta que su descubrimiento pueda combinarse con otras formas de inmunoterapia existentes para obtener respuestas más potentes.

El experimento se realizó en pacientes con melanoma, pues es un tipo de tumor con gran cantidad de mutaciones genéticas. Por esa razón, Carreño cree que su metodología puede aplicarse en cáncer de pulmón, cáncer de colon y cáncer de vejiga, también con altos niveles de mutaciones. 

El Dato:

Beatriz Carreño es inmunóloga y se desempeña desde hace cinco años como profesora asociada en la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington, en Estados Unidos. Estudió Biología en la Universidad Simón Bolívar y trabajó dos años en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas. Hizo un PhD en Microbiología en la Escuela de Medicina de la Universidad de Georgetown y tuvo una beca posdoctoral en Inmunología, en los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés).