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Los estudios científicos más disparatados del año

 Los estudios científicos suelen tratar sesudos temas que, para la mayoría de la población, son difícilmente comprensibles / BBC MUNDO

Los estudios científicos suelen tratar sesudos temas que, para la mayoría de la población, son difícilmente comprensibles / BBC MUNDO

Los estudios científicos suelen tratar sesudos temas que, para la mayoría de la población, son difícilmente comprensibles.

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En muchos casos, solo descifrar el título puede llevar días.

De hecho, un estudio reciente concluyó que los científicos tienden a exagerar los resultados de las investigaciones en sus notas de prensa, intentando previsiblemente captar la atención del público.

Para romper con esta idea de que todos los estudios son aburridos, la publicación British Medical Journal -una de las revistas científicas más reputadas del mundo- recopiló algunos de los más disparatados que ha publicado a lo largo de este año.
¿Siguen sentados los "socialistas de sofá"?

El término "socialista de sofá" es una forma un tanto despectiva de referirse a aquellas personas de izquierda que suelen hacer pronunciamientos políticos pero no participan en ninguna actividad relacionada con su ideología.

Los autores de uno de los estudios elegidos por el British Medical Journal quisieron validar el concepto pero se lo tomaron de forma literal: ¿es verdad que las personas de izquierda tienden a pasar más tiempo sentadas y realizan menos actividad física?, se preguntaron Adrian Bauman, Joanne Gale y Karen Milton, investigadores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Sydney.

Tras analizar los datos de 32 países europeos, los investigadores concluyeron que el concepto de socialista de sofá no se ajusta a la realidad.

En verdad, tanto las personas de izquierda como las de derecha son más activas que las que se consideran de centro: en promedio hacen una hora más de ejercicio a la semana.

Las personas que se consideran a sí mismas de derecha, además, también pasan menos tiempo sentadas.

"Son aquellos que se sientan en el centro político los que de verdad son inactivos", dicen los autores.

Los investigadores aventuran que el mayor tiempo dedicado a pasear y a realizar actividades físicas vigorosas sugiere que estas personas podrían estar "fuera, agitando las calles, movilizando a la comunidad o distribuyendo ideas y propaganda".
Por qué las revistas de las consultas médicas siempre son antiguas

Todo el que haya pasado por la consulta de un médico sabe que, salvo excepciones, la mayoría de las revistas que se encuentran en la sala de espera son antiguas.

Los autores de este estudio, entre ellos un médico que se cansó de recibir quejas de sus pacientes por lo antiguas que eran las revistas en su consulta, colocaron 87 revistas -"las que pudimos recolectar de familiares y amigos"- en tres montones distintos en la sala de espera de una consulta en Nueva Zelanda.

Entre las revistas había algunas "serias" (como The Economist o Time) y otras de chismes, cuyos nombres no mencionan "por miedo a una demanda".

El 28 de abril, los trabajadores de la clínica colocaron las 87 revistas en tres montones encima de la mesa. Tras 31 días, 41 de las revistas habían desaparecido, lo que supone una tasa de desaparición de 1,32 revistas al día.

Pero no todas desaparecieron al mismo ritmo: las revistas de chismes tienen 14 veces más posibilidades de desaparecer que el resto.

De las 19 revistas serias, ninguna desapareció. De las 27 revistas de cotilleos, a pesar de ser más baratas, solo sobrevivió una.

"Las revistas nuevas tenían más probabilidades de desaparecer que las más antiguas", afirman Bruce Arroll, Stowe Alrutz y Simon Moyes, de la Universidad de Auckland (Nueva Zelanda).

Los autores hacen notar con ironía que "este estudio es, probablemente, el primero que explica la falta de revistas actualizadas en las salas de espera de los médicos y que cuantifica esta pérdida".

Si estos resultados se extrapolaran a Reino Unido implicarían que los médicos de familia de este país pierden US$19,8 millones al mes por el robo de revistas.

"Los médicos deberían considerar usar copias antiguas de The Economist y Time como forma de ahorrar costos", concluyen los autores.

¿Son idiotas los hombres?

Los autores de este estudio examinan a los vencedores del Premio Darwin, un galardón que reconoce desde 1994 aquellas muertes tan absurdas que se considera que sus protagonistas han contribuido a la evolución humana al "autoseleccionarse" para la extinción.

Entre ellos se incluye la historia -no se sabe si verídica- de un terrorista que envió una carta bomba con menos sellos de los necesarios y que, cuando vio que la carta le había sido devuelta, la abrió sin pensar en las consecuencias.

O el caso del hombre que decidió subirse al carro de la compra y engancharlo a la parte de atrás de un tren para llegar antes a casa y acabó siendo arrastrado durante dos kilómetros hasta que el tren pudo finalmente detenerse.

De los 413 historias premiadas, 318 fueron confirmadas por un comité que evaluó la veracidad de los casos.

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De entre los ganadores, 282 fueron hombres y 36 fueron mujeres. Los hombres, por tanto, protagonizaron el 88% de los casos de muertes absurdas.

"Estos resultados son consistentes con la teoría de la idiotez masculina", dicen los autores, miembros del Instituto de Medicina Celular de la Universidad de Newcastle; de la Escuela King Edward VI, en Morpeth; y del Royal Victoria Infirmary, también en Newcastle, Inglaterra.

Las evidencias científicas muestran que los hombres tienen más probabilidades de acabar en la sala de urgencias de un hospital por accidentes o golpes recibidos al practicar deporte, por ejemplo.

Algunas de estas diferencias se pueden atribuir a factores culturales y socioeconómicos, pero las diferencias entre hombres y mujeres en los comportamientos de riesgo aparecen en una edad muy temprana, lo que, según los autores, hace dudar si estos comportamientos son puramente sociales o culturales.

Según "la teoría de la idiotez masculina", muchas de las diferencias en comportamientos de riesgo se deben a la observación de que los hombres son idiotas y los idiotas hacen tonterías. Esta es la hipótesis que los autores quisieron comprobar con el estudio de los ganadores de los premios Darwin.