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Tiburones son marcados con chips para conocer sus hábitats en Galápagos

Anuncio en una playa de Nueva Zelanda luego del ataque de tiburón en el que murió el cineasta, Adam Strange / AP

Anuncio en una playa de Nueva Zelanda luego del ataque de tiburón en el que murió el cineasta, Adam Strange / AP

El monitoreo, que siempre dura una hora, rápidamente arroja resultados, al quedar atrapados en la red tres animales, dos hembras y un macho, de la especie punta negra

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Los tiburones, que no dejan de ser temidos por bañistas, están siendo marcados con chips para identificar sus hábitats dentro de la reserva marina del archipiélago ecuatoriano de Galápagos, donde están protegidos y han sido identificadas 33 especies, varias de ellas en peligro de extinción.

"Queremos saber cuáles son las áreas de crianza de las principales especies de tiburones", dice a la AFP Eduardo Espinoza mientras extiende una red de 100 por 3 metros en Puerto Grande, una bahía del centro-este de la isla San Cristóbal, para otro de sus rutinarios monitoreos sobre la presencia de escualos.

"Estamos determinando los sitios donde los tiburones viven sus primeras etapas", agrega el responsable de Investigaciones Marinas del Parque Nacional Galápagos (PNG) mientras se alista para la colocación de microchips a tiburones juveniles, para rastrearlos en la reserva marina de la región insular -de 138.000 km2, la segunda más grande del mundo- incluso a nivel satelital.

El monitoreo, que siempre dura una hora y al que tuvo acceso la AFP, rápidamente arroja resultados, al quedar atrapados en la red tres animales, dos hembras y un macho, de la especie punta negra (Carcharhinus melanopterus).

"Tiburón, tiburón. Todos pilas (atentos)", exclama Espinoza, quien desde la proa da indicaciones al lanchero para que se acerque a la malla. Con habilidad, el biólogo agarra a un escualo para que dos asistentes tomen su peso, talla, verifiquen el sexo y lo identifiquen con un implante en la aleta dorsal.

El trabajo, en el que participa la bióloga brasileña Talita Gomes-Vieira (voluntaria en el PNG), incluye la recolección de una muestra de tejido de la misma aleta para estudios genéticos y la introducción del circuito electrónico debajo de la piel del dorso.

El ejercicio toma apenas dos minutos y el tiburón es sometido a un proceso de "resucitación", mediante movimientos para que el agua circule por los bronquios, antes de liberarlo.

"Se lo hace siempre para asegurarnos de que está bien", manifiesta Yasmania Llerena, monitora de Ecosistemas del PNG, la última en tener entre sus manos al escualo, que al sentirse libre se aleja disparado de la embarcación. "Eso es una buena señal porque cuando están débiles se quedan quietos en el agua", añade.

La operación se repite con otros dos punta negra, entre ellos un macho nacido hace unos seis meses que pesó alrededor de 10 libras (unos 4,5 kg) y midió unos 85 cm. "Esta especie tiene un crecimiento lento, puede llegar a dos metros de longitud y alcanza su madurez sexual a los 18 años", explica Llerena.

Pero antes de examinar al último, la situación se altera al quedar entre la red un lobo marino, que recorría el aparejo en busca de peces.

"Hay que liberarlo rápido, vamos, vamos", lanza Espinoza, quien arroja una vestimenta sobre la cara del mamífero para no ser atacado mientras lo ayuda a desatarse. "El lobo es más peligroso que cualquier animal, es como un perro que se lanza a morder", apunta.

El investigador recoge y vuelve a colocar la malla para completar el monitoreo de una hora, aunque ya no hubo más pesca cuando en otras ocasiones han atrapado a 40 escualos.

Los tiburones son animales altamente pelágicos y migratorios, y su presencia en el sistema marino de Galápagos "denota un buen estado de salud del ecosistema", explica Espinoza.

Estudios realizados desde hace siete años revelan que se mantienen los niveles de "abundancia" de tiburones en Galápagos, donde han sido identificadas 33 especies como ballena (Rhincodon typus), punta blanca oceánico (Carcharhinus longimanus), martillo (Sphyrna lewini), galápagos (Carcharhinus galapagensis, nativo del archipiélago) y silky (Carcharhinus Falciformis), las cuales están en la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

"En Ecuador, los tiburones están protegidos, pero no han dejado de ser presas para la comercialización de sus aletas", según Espinoza, quien señala que un juego de aletas puede costar 150 dólares en el mercado ecuatoriano.

La práctica mundial del 'aleteo' consiste en cortar las aletas a los animales por ser muy apreciadas en Asia y restaurantes orientales que operan en el mundo.

En Galápagos se busca "identificar la abundancia" de los géneros de escualos más allá de que "se ha satanizado la existencia del tiburón en los mares como el animal más agresivo de la naturaleza", dice Espinoza.

"A pesar de las creencias, es uno de los animales más tímidos de la naturaleza", añade, al tiempo que destaca que parte del atractivo turístico de Galápagos es el buceo con tiburones.