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Historiador del dolor afirma que el peor es el que se sufre sin esperanza

El "circuito cerebral de acecho” se refiere a realizar actos metódicos, que se transforman en una terapia que entrega paz

Javier Moscoso escribió el libro "La historia cultural del dolor". Su objetivo es arrojar luz sobre cómo son los mecanismos para hacer compartibles el dolor y las experiencias en este terreno de una persona con otras

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El peor de los dolores es el que sufre el que ha perdido toda esperanza de que acabe, afirmó hoy el historiador español Javier Moscoso, autor de "La historia cultural del dolor" (2012), obra traducida ya al inglés.

En unas declaraciones a Efe en Bogotá, donde hoy impartió una conferencia en la Universidad de los Andes, Moscoso subrayó que durante los diez años de investigación para su libro las historias y testimonios que más le impactaron son los de "personas sometidas a un infierno de dolor del que saben que no tienen salida". El historiador, investigador del español Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) formado en Reino Unido, Francia, Estados Unidos y Alemania, abarca en su libro un periodo que va del siglo XVI a mediados del siglo XX.

Interesado desde siempre por la historia del cuerpo y las emociones y por la objetivación de experiencias consideradas subjetivas, Moscoso eligió el dolor como materia de investigación porque es un "ejemplo paradigmático, con implicaciones en la moral y la política".

Su objetivo es arrojar luz sobre cómo son los mecanismos para hacer compartibles el dolor y las experiencias en este terreno de una persona con otras. Antes del libro, en 2004, organizó en el Museo de la Ciencia de Londres una exposición sobre el dolor que recibió unos 200.000 visitantes y que reunió objetos y otros materiales de muy variada temática con tres ejes: la pasión, la sensibilidad y la compasión.

"El dolor demanda siempre espectadores", afirma este estudioso al explicar el contenido del eje de la compasión. Como ejemplo afirma que está científicamente probado que los niños de los orfelinatos lloran menos que otros niños, porque nadie les escucha.

Otra de las conclusiones de su investigación es que de manera general los dolientes quieren creer que el dolor es algo transitorio y tiene solución, y el sufrimiento se agudiza cuando pierden esa fe. El componente psicológico del dolor es muy fuerte y a veces determinante, pero no el único, agrega Moscoso, quien no está de acuerdo con la idea de que hay culturas u orígenes que hacen a las personas aguantar mejor o ser menos sensibles al dolor. En su opinión, son estereotipos que se han usado con sesgos ideológicos y para justificar castigos y recuerda que en el sur de Estados Unidos se alegaba que los esclavos negros no sufrían de la misma manera que los blancos y que incluso en los inicios del uso de la anestesia a los afroamericanos se les negó su aplicación, porque era solo para personas de "alta sensibilidad".