• Caracas (Venezuela)

Ciencia y Ambiente

Al instante

Hallan proteína clave en la transmisión de la malaria

Hasta ahora ha sido imposible encontrar una vacuna contra la malaria | Foto REUTERS

Hasta ahora ha sido imposible encontrar una vacuna contra la malaria | Foto REUTERS

El elemento es clave para romper la cadena de infección de humano a mosquito, que permite propagar la enfermedad

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El descubrimiento de la proteína que regula el ciclo en el que el parásito de la malaria (Plasmodium falciparum o Plasmodium vivax) se adapta a entornos diferentes (de humano a mosquito y vuelta, pasando por la sangre o el hígado de los afectados) pone a la luz un eslabón fundamental para romper la cadena infecciosa de la enfermedad.

Esta proteína permite que el plasmodio pase de una persona a un mosquito (desde donde, tras otro cambio, puede volver a ser inoculado a una persona). El hallazgo de un equipo de científicos del Centro de Investigación en Salud Internacional de Barcelona, la Universidad de Princeton y la Escuela de Medicina Tropical de Londres fue publicado esta semana en Nature.

De todo el complejo ciclo del plasmodio, la proteína AP2-G actúa en una fase muy especial: la que permite que el organismo pase de la fase asexuada en que prolifera en los humanos, el trofozoito en que circula por la sangre destruyendo los glóbulos rojos, a la fase sexuada —los gametocitos— que es la que sobrevive si es absorbida por los mosquitos anofeles.

“En el mosquito solo son viables las formas sexuales y esta proteína es la que regula el paso desde la forma asexuada”, explica Alfred Cortés, investigador del Centro de Investigación en Salud Internacional de Barcelona. “Se trata de un fenómeno probabilístico. Alrededor del 99% de las veces el parásito pasa de una forma asexuada a otra, pero entre 1% y 5% de las veces lo hace a la forma sexual”, añade.

La identificación de la proteína abre toda una serie de posibilidades para trabajar con un fin claro: controlar —o erradicar— la malaria. Y ya la mayoría de los científicos asocian ambas palabras. “La erradicación sería el mejor control, porque si no hay riesgo de rebrotes”, dice Cortés.

No es poco lo que está en juego. El último informe de la Organización Mundial de la Salud señala que en el mundo hay 104 países (la mayoría de los tropicales y muchos subtropicales, aunque se concentra en África) donde la malaria es endémica, y que en 2010 causó alrededor de 219 millones de casos, con 660.000 muertes, la mayoría de niños menores de cinco años. La primera idea sería bloquear esta proteína. De esta manera el parásito quedaría en el afectado, pero sin generar formas viables para seguirse propagando.

Sin embargo, Cortés apunta a más posibilidades que habrá que trabajar. “Una vez descubierta la molécula, lo que queda es tirar del hilo”, dice. También podría ser útil una aplicación contraria: activarla tanto que todos los parásitos del individuo se convirtieran en formas sexuales. Estas solo sobreviven un corto período en las personas y necesitan pasar a un mosquito para sobrevivir. Si se consiguiera este proceso, el afectado quedaría limpio de plasmodio, y si a la vez se logra que no pase a un mosquito, el organismo se extinguiría. Otra posibilidad sería actuar sobre la proteína para que todos los gametocitos generados sean machos o hembras, con lo que también se rompería el ciclo. Todas estas posibilidades no implican dejar de trabajar en la vacuna.