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Minería ilegal en Venezuela amenaza a las comunidades aisladas

La advertencia la hace la CIDH en un informe, en el cual también denuncia el caso de la tala legal o ilegal de madera en Perú, Brasil y Ecuador 

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La extracción de recursos naturales, obras de infraestructura y el turismo ponen en riesgo a las comunidades indígenas que viven aisladas en las zonas más remotas de Suramérica, según un informe de la Corte Interamericana de Derechos Humanos difundido este martes.

Las incursiones en los territorios indígenas “se dan en su mayoría en el contexto de extracción de recursos naturales”, indicó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en un documento de aproximadamente 80 páginas.

Según la CIDH, las actividades de extracción “representan quizás la mayor amenaza al pleno goce de los derechos humanos” de esos pueblos, que viven en aislamiento voluntario o con esporádico contacto con el mundo exterior.

La CIDH recoge el caso de la minería ilegal en Venezuela, la tala legal o ilegal de madera en Perú, Brasil o Ecuador y la extracción de hidrocarburos en Bolivia, entre otros. Pero también la construcción de carreteras o proyectos de centrales hidroeléctricas en territorios protegidos.

La demanda creciente de materias primas alimentó el desarrollo en la última década de los países suramericanos, ricos en recursos energéticos y minerales, a veces en conflicto con los reclamos de grupos ecologistas e indígenas.

“En este contexto, el reto para los Estados, organismos de derechos humanos y defensores es lograr la protección de los derechos de los pueblos indígenas en aislamiento voluntario y contacto inicial, o ser testigos de su desaparición”, señaló la CIDH.

Cerca de 200 pueblos indígenas y de 10.000 personas viven en zonas remotas de la selva amazónica y la región del Gran Chaco (que comparten Paraguay, Bolivia, Argentina y Brasil) en Suramérica, la mayor población aislada en el mundo.

Esas poblaciones viven en una “situación única de vulnerabilidad”, bajo amenaza tan solo con entrar en contacto con extraños, según la CIDH, órgano autónomo de la OEA.

Tan solo el contacto con misioneros o científicos, o el hallazgo de utensilios o alimentos desconocidos representa una amenaza para su cosmovisión y una “pérdida cultural irreparable”.

Los pueblos indígenas aislados también han sido víctimas de contagios de enfermedades extrañas o de agresiones directas por las incursiones de terceros.

En ocasiones “el pueblo pasa de una situación de autosuficiencia en la selva a una dependencia casi total de quienes le proporcionan comida y medicamentos”, con un “gran efecto desmoralizante en la identidad del pueblo”, según el informe.