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Ecosistemas del mundo serán evaluados con criterios venezolanos

El imponente Cerro Roraima / Foto Cortesía IVIC

El imponente Cerro Roraima / Foto Cortesía IVIC

Reducción geográfica en espacio y tiempo, degradación ambiental y probabilidad de colapso son algunos de los elementos a considerar

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La primera evaluación global de ecosistemas en ambientes terrestres, marinos, acuáticos y cavernícolas pudiera estar culminada para el año 2025, utilizando las categorías y los criterios de riesgo generados desde Venezuela y adoptados formalmente en Suiza por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como sistema para crear Listas Rojas de Ecosistemas.

“Teníamos una gran deuda con los ecosistemas. Desde hace 50 años existen métodos para evaluar el riesgo de extinción de especies, pero no es igual clasificar especie por especie que analizar los ecosistemas donde esas especies habitan. Esa es la innovación de este trabajo, que además es un ejemplo de transferencia sur-norte que empezó en nuestro país”, aseguró el investigador del Centro de Ecología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic) y uno de los líderes del proyecto, Jon Paul Rodríguez.

Los años 2015 y 2020 también son relevantes para la comunidad internacional. En 2015 se llevará a cabo la Cumbre de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, fecha límite acordada por los Estados Miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para alcanzar avances concretos en materia de pobreza extrema y hambre, educación, igualdad de género, mortalidad infantil, salud materna; VIH/Sida, paludismo y otras enfermedades, ambiente y cooperación. Además, se prevé la publicación de la Lista Roja de los Ecosistemas Continentales de América.

“Para ese momento, quisiéramos haber cubierto un buen pedazo del mundo de forma que podamos ofrecer aportes a la discusión”, informó Rodríguez, quien también es presidente de la Asociación Civil Provita.Por su parte, en 2020 se cumple el plazo para dar respuesta a las Metas de Aichi del Plan Estratégico para la Diversidad Biológica de 2011. Específicamente, la meta 5 señala que para ese entonces “se habrá reducido por lo menos a la mitad y, donde resulte factible, se habrá reducido hasta un valor cercano a cero, el ritmo de pérdida de todos los hábitats naturales, incluidos los bosques, y se habrá reducido de manera significativa la degradación y fragmentación”.

Inspirada en la Lista Roja de Especies Amenazadas, la Lista Roja de Ecosistemas fijó cinco criterios para medir el estatus de esos espacios y su biodiversidad asociada, a saber: reducción en distribución geográfica a lo largo del tiempo, distribución geográfica restringida espacialmente y amenazada, degradación ambiental basada en variables abióticas (físicas), trastornos de procesos e interacciones bióticas (seres vivos) y probabilidad de colapso de un ecosistema.

Dependiendo del nivel de riesgo arrojado por dichos criterios, los expertos establecieron las siguientes categorías de ecosistemas amenazados: En Peligro Crítico, En Peligro y Vulnerable, además de las categorías complementarias Casi Amenazada, Preocupación Menor, Datos Insuficientes, No Evaluado y Colapsado; esta última se asigna a un ecosistema cuando ya ha desaparecido.

Para poner en práctica las categorías y riesgos propuestos, se seleccionaron 20 estudios de caso de ecosistemas acuáticos, marinos, terrestres y subterráneos ubicados en Europa, África, Asia, Australia y América.La primera evaluación global de ecosistemas en ambientes terrestres, marinos, acuáticos y cavernícolas pudiera estar culminada para el año 2025, utilizando las categorías y los criterios de riesgo generados desde Venezuela y adoptados formalmente en Suiza por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como sistema para crear Listas Rojas de Ecosistemas.

“Teníamos una gran deuda con los ecosistemas. Desde hace 50 años existen métodos para evaluar el riesgo de extinción de especies, pero no es igual clasificar especie por especie que analizar los ecosistemas donde esas especies habitan. Esa es la innovación de este trabajo, que además es un ejemplo de transferencia sur-norte que empezó en nuestro país”, aseguró el investigador del Centro de Ecología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic) y uno de los líderes del proyecto, Jon Paul Rodríguez.

Los años 2015 y 2020 también son relevantes para la comunidad internacional. En 2015 se llevará a cabo la Cumbre de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, fecha límite acordada por los Estados Miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para alcanzar avances concretos en materia de pobreza extrema y hambre, educación, igualdad de género, mortalidad infantil, salud materna; VIH/Sida, paludismo y otras enfermedades, ambiente y cooperación. Además, se prevé la publicación de la Lista Roja de los Ecosistemas Continentales de América.Por su parte, en 2020 se cumple el plazo para dar respuesta a las Metas de Aichi del Plan Estratégico para la Diversidad Biológica de 2011.

Específicamente, la meta 5 señala que para ese entonces “se habrá reducido por lo menos a la mitad y, donde resulte factible, se habrá reducido hasta un valor cercano a cero, el ritmo de pérdida de todos los hábitats naturales, incluidos los bosques, y se habrá reducido de manera significativa la degradación y fragmentación”.Inspirada en la Lista Roja de Especies Amenazadas, la Lista Roja de Ecosistemas fijó cinco criterios para medir el estatus de esos espacios y su biodiversidad asociada, a saber: reducción en distribución geográfica a lo largo del tiempo, distribución geográfica restringida espacialmente y amenazada, degradación ambiental basada en variables abióticas (físicas), trastornos de procesos e interacciones bióticas (seres vivos) y probabilidad de colapso de un ecosistema.Para poner en práctica las categorías y riesgos propuestos, se seleccionaron 20 estudios de caso de ecosistemas acuáticos, marinos, terrestres y subterráneos ubicados en Europa, África, Asia, Australia y América.En Venezuela, se tomaron como referencia el Libro Rojo de los Ecosistemas Terrestres (editado por Provita en 2010) y la vegetación de los tepuyes de la Gran Sabana, “un buen ejemplo de ecosistema que no está amenazado. Nuestro papel es suministrar información científica y transformarla en productos útiles para apoyar políticas públicas de conservación de la diversidad biológica”, aclaró el investigador del Ivic.

El estudio que dio origen a este importante aporte para la ciencia -titulado Evaluando el riesgo de extinción en ausencia de datos a nivel de especies: criterios cuantitativos para ecosistemas terrestres- fue publicado en 2007 y mereció el Premio Nacional de Ciencia y Tecnología al Mejor Trabajo Científico, Tecnológico y de Innovación Mención Ciencias Naturales, otorgado por el Ministerio del Poder Popular para Ciencia, Tecnología e Innovación. El galardón fue compartido por Jon Paul Rodríguez (Ivic), Jennifer Balch (Universidad Estatal de Pensilvania, Estados Unidos) y Kathryn Rodríguez-Clark (Ivic).