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Científicos construyen "baticueva" para combatir enfermedad que afecta a murciélagos

Miles de murciélagos se preparan para hibernar a mediados de noviembre en Estados Unidos / AP

Miles de murciélagos se preparan para hibernar a mediados de noviembre en Estados Unidos / AP

El refugio artificial será usado por investigadores para poner freno a los efectos de un hongo que ha causado la muerte de millones de murciélagos en Estados Unidos

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Por cerca de seis años, Cory Holliday, miembro de la organización The Nature Conservancy y especialista en estudio de cavernas, tenía miedo de que el llamado "síndrome de la nariz blanca", una devastadora enfermedad micótica que extermina por millones a murciélagos en hibernación, llegase a Bellamy Cave. Hasta que hace algunos meses así ocurrió.

Unos pocos murciélagos fueron encontrados con la delatadora protuberancia blanca en el hocico y Holliday supo que era el momento de actuar.

La enfermedad, ante la cual no existe tratamiento ni cura, fue encontrada por primera vez en Nueva York el 2006. Se esparció por Nueva Inglaterra y se ha extendido paulatinamente hacia el sur y el oeste de Estados Unidos, cruzando el río Mississippi para llegar a Alabama. Más de 5 millones de estos mamíferos voladores han muerto.

Los humanos no están directamente en peligro, ya que la enfermedad no los afecta, pero como los murciélagos se alimentan de una gran cantidad de insectos, un estudio estimó que si la cifra de víctimas sigue subiendo, el costo para los campesinos ascendería a miles de millones de dólares necesarios para pagar los pesticidas que suplan el "trabajo" que los murciélagos hacen gratis.

En Tennessee, un estado con 10.000 cavernas y 16 especies de murciélagos, la mitad de ellos hibernando, Bellamy tiene algo especial. Es el hogar invernal -o hibernáculo- para  270.000 murciélagos grises, una especie listada como en peligro de extinción, en parte porque todos los especímenes pasan los inviernos en apenas nueve cuevas, tres de ellas en el mencionado estado.

"Es una especie que podría desaparecer en unos pocos años", dice Holliday.

Por esa razón, Nature Conservancy decidió que era tiempo de ponerse manos a la obra. Así construyeron una caverna artificial, que acaba de ser completada este mes. Fue puesta bajo tierra y se encuentra a poca distancia de la entrada de la caverna de Bellamy.

El organismo está apostando 300 mil dólares de fondos privados (algunos aún por recaudarse) a la cueva, un búnker de concreto equipado con cámaras y un monitor de temperatura.

Más importante: puede ser limpiada cada primavera luego que los murciélagos la abandonan, algo que no puede realizarse en el complejo ecosistema de una cueva natural.

Al hongo le toma algún tiempo infectar a toda una colonia. "Cuando 'nariz blanca' logra entrar a una cueva, a los tres años ya tienes una mortalidad masiva", dijo Holliday. Por eso, la especialista espera que desinfectar el búnker logre detener el hongo en sus inicios, aunque admite que "no hay garantías" de que eso ocurra.

Ello se debe a que en primer lugar, los murciélagos tienen que llegar, y en segundo, que la limpieza debe funcionar.

Incluso en el mejor de los casos, este búnker u otros parecidos son acciones de contención, un refugio para miles de murciélagos, mientras los científicos buscan otra forma de combatir la enfermedad o bien finalmente los propios mamíferos desarrollan resistencia al hongo.

Las universidades de Tennessee y de Southern Illinois están colaborando con Natural Conservancy en la recolección de datos sobre el comportamiento de los murciélagos en la cueva, usando las cámaras y sensores.

"Lo que están haciendo es un proyecto fantástico en distintas formas", afirma Jeremy Coleman, coordinador de lo relativo a "nariz blanca" en el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de EE.UU. "Pero es como una lotería", admite.

Holliday ha preguntado a expertos en murciélagos sobre cada aspecto de la cueva, desde la temperatura y las corrientes de aire a la textura de los muros y las mallas donde los murciélagos puedan colgarse. La especialista cree que el esfuerzo es el primero de su estilo.

Si funciona, la técnica podría ser aplicada a minas abandonadas y otras estructuras donde los murciélagos hibernan. Pase lo que pase, el refugio artificial está equipado con cámaras y sensores de temperatura para estudiar su comportamiento y ver si su elección de microclima afecta la susceptibilidad al hongo.

Los pasos para detener el hongo

La carencia de armas para combatir la enfermedad no es sorpresa, ya que fue recién el 2006 cuando se supo de ella por primera vez. Agencias gubernamentales, científicos y grupos de conservación rápidamente pusieron atención al problema.

El primer paso fue determinar la causa del sindrome, que aparece como una protuberancia blanca que crece en el hocico de los murciélagos moribundos.

David Blehert y sus colegas en el Servicio Geológico de Estados Unidos identificaron al culpable como una especie previamente desconocida de hongo a la que llamaron Geomyces destructans. Es un hongo de tierra que prolifera en las temperaturas frías de las cavernas donde los murciélagos invernan.

Los hongos rara vez dan problemas a animales saludables, por lo que existen pocos tratamientos. Es fácil matar un hongo con lejía, pero no cuando ha infectado a un animal. Incluso anfibios han sufrido grandes pérdidas recientemente por otro hongo, aunque en ese caso también se explicaría por cambios climáticos y pérdidas de hábitat.

Para los murciélagos, pareciera que el problema simplemente es que el hongo es nuevo en Estados Unidos.

Las muchas especies de murciélagos que no hibernan no han sido afectadas. Los que sí lo hacen no sólo tienen un metabolismo y temperatura corporal menores: también viven en grupos de alta densidad, por lo que el patógeno se puede esparcir fácilmente.

El hongo crea orificios en los tejidos delicados y traslúcidos de sus alas y drena las reservas energéticas de los murciélagos. A veces, algunos de ellos vuelan en medio del invierno cuando deberían estar hibernando. Si el daño es lo suficientemente severo, no son capaces de sobrevivir.

Luego de que el hongo fue identificado, se encontró también en Europa, donde parecía estar viviendo en el suelo de cavernas e infectando especies desde hace mucho tiempo, pero sin la alta tasa de mortalidad que se observó en EE.UU.

La evidencia, según Jeff Foster, un experto en enfermedades del mundo salvaje en la Universidad de Northern Arizona, es que existe "mucha diversidad genética en Europa" entre las cepas del hongo, al contrario de lo que ocurre en Norteamérica, lo que sugiere que ha estado en el Viejo Continente "por un largo tiempo" y de alguna forma logró cruzar el Atlántico.

Foster, que con sus colegas ha secuenciado el genoma de unas 30 muestras del hongo, dijo que aunque esta explicación es muy posible, no la considerará cierta hasta rastrear el origen del organismo en Europa, algo que podría ocurrir en algo más de un año.

Sin embargo, según Foster, la mayor importancia de hacer estudios completos del genoma es poder descubrir cómo el hongo se expande en EE.UU. Como las cepas son tan similares, sólo se les puede rastrear usando las pequeñas diferencias genéticas que aparecen al comparar los genomas enteros.

Expertos en murciélagos sospechan que gente que explora cavernas transportó sin querer el hongo desde Europa a Estados Unidos, pero no están seguros. Muchas cuevas en la zona este del país -las que están en lugares públicos de Tennessee, por ejemplo- se han cerrado para humanos, pero aún así el hongo se expande. El patrón, dice Foster, es "consistente" con los murciélagos que lo portan.

Pese a que el hongo afecta a murciélagos europeos, no causa el nivel de daño que lo hace con los estadounidenses. Una esperanza que tienen los científicos es aprender la resistencia natural que los primeros tienen. ¿Los murciélagos europeos tienen un comportamiento distinto? ¿Hay cambios fisiológicos?

Para responder algunas de estas preguntas, investigadores alrededor de EE.UU. están capturando, investigando y agrupando murciélagos, tanto para aprender qué es lo que ocurre con la población general, como para ver si los sobrevivientes están reproduciéndose con crías resistentes.

Por ahora, la "baticueva" de Tennessee está completando sus últimos detalles. La masa de concreto y tierra estuvo bajo un ardiente sol durante su construcción, y se requiere aire acondicionado para que la cueva baje a una temperatura de unos 5°C o 10°C la próxima semana, cuando se espera que sus puertas se cierren para los humanos.

Se usarán grabaciones de murciélagos para atraerlos a la cueva y podrían comenzar a juntarse en el área en un modo de prehibernación en cualquier momento, aunque la mayoría empezará a invernar a mediados de noviembre.