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Científicos del IVIC descubren nuevo indicio para diagnóstico temprano de Alzheimer

487 personas murieron a causa de la enfermedad Alzheimer en Venezuela, según el Anuario de Mortalidad 2011 | Foto Francesca Commissari / Archivo

487 personas murieron a causa de la enfermedad Alzheimer en Venezuela, según el Anuario de Mortalidad 2011 | Foto Francesca Commissari / Archivo

La acumulación de proteína amiloide en mucosa olfatoria podría utilizarse como biomarcador para diagnosticar a los pacientes antes de la aparición de los síntomas típicos de la patología

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Anticiparse a la llegada de la enfermedad de Alzheimer pudiera hacerse realidad gracias a un reciente descubrimiento hecho por investigadores venezolanos. Se trata de la detección de depósitos de la proteína beta-amiloide -elemento patogénico de esta forma de demencia- en biopsias y células madre del tipo estromales mesenquimales obtenidas de la mucosa olfatoria de individuos con dificultades para detectar olores y pérdida de memoria, pero que no han sido diagnosticados con este mal.

 El estudio, realizado por especialistas de la Unidad de Terapia Celular del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic) y financiado por el Ministerio del Poder Popular para Ciencia, Tecnología e Innovación, ofrece evidencias concretas de la presencia de indicadores de la patología en etapa silente, es decir, cuando las personas no han manifestado los síntomas típicos de Alzheimer.

 La asociación directa entre el déficit olfatorio y el establecimiento y progresión de algunas enfermedades neurodegenerativas ha sido demostrada en reportes previos. El aporte de este trabajo en particular es el hallazgo de biomarcadores específicos de Alzheimer que pueden contribuir a su diagnosis prematura. “Debemos recordar que el diagnóstico de Alzheimer se confirma post mórtem al momento de la autopsia del paciente”, explicó el investigador del Ivic y líder del trabajo, Carlos Ayala Grosso.

 El protocolo incluyó el reclutamiento de pacientes que habían asistido a consulta neurológica o de otorrinolaringología por haber declarado problemas de memoria y deficiencia olfatoria, respectivamente.

 En total, participaron 10 voluntarios: 5 sujetos sin déficit cognitivo (grupo control), 3 con daño cognitivo leve y 2 con diagnóstico de Alzheimer. A todos se les aplicó la prueba básica de umbral de detección, determinación e identificación de olores; se les practicaron exámenes de sangre para analizar los factores de riesgo genéticos, se les tomaron biopsias de mucosa olfatoria para conocer la existencia de beta-amiloide; y se les realizaron resonancias magnéticas de imagen para determinar la atrofia del lóbulo temporal, el hipocampo y la expansión ventricular.

 De acuerdo con Ayala, los resultados -publicados recientemente en la revista Brain Pathology- revelaron depósitos de la proteína beta-amiloide en biopsias de tejido y células madre del tipo estromales mesenquimales cultivadas de la mucosa olfatoria tanto de los pacientes con déficit cognitivo leve como de los diagnosticados con Alzheimer. En contraste, los sujetos del grupo control (sanos) no presentaron acumulación de dicha proteína.

 La herencia importa

Asimismo, los expertos del Ivic hallaron que los individuos con déficit olfatorio y de memoria o con diagnóstico de Alzheimer tienen mayor tendencia a poseer el alelo E4 del gen de la apolipoproteína E (ApoE4), el factor de riesgo genético de esta enfermedad más importante reconocido actualmente.

 Cuando la proteína beta-amiloide es sintetizada con normalidad ingresa al fluido cerebroespinal y luego es expulsada por los mecanismos de limpieza del cerebro a través de la barrera hematoencefálica (aquella que separa el torrente sanguíneo del encéfalo y regula el paso de sustancias). Los problemas empiezan cuando el cerebro es incapaz de eliminarla por sus propios medios y se concentra en su interior.

 “Ese péptido es muy pegajoso debido a su característica hidrofóbica, por lo que comienza a plegarse sobre sí mismo y se va convirtiendo en una estructura fibrilar que va atrayendo a otras fibras cercanas hasta crear un agregado. Este depósito es un foco de muerte celular, ya que puede introducirse en la membrana, perturbar su estructura y destruir la neurona. Al morir la neurona, se interrumpe inmediatamente el proceso de transmisión del impulso nervioso (sinapsis), lo que da origen a la enfermedad de Alzheimer”, precisó Ayala.

Menos del 5% de los casos de Alzheimer están relacionados con mutaciones o herencia genética. Sin embargo, el gen ApoE4 representa el principal factor de riesgo. “Este gen tiene tres alelos: E2, E3 y E4, de los cuales E3 es el normal y más común en la población, mientras que el E4 es el menos frecuente y disfuncional. Un individuo homocigótico (con dos copias idénticas del gen) tiene un 30% más de riesgo de sufrir la enfermedad; en cambio, quienes son heterocigóticos (con dos copias diferentes del gen) tienen un 15% más de riesgo”, aclaró Ayala.

 En permanente olvido

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su informe Demencia: una prioridad de salud pública (2013), la enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia, siendo esta definida como un síndrome crónico o progresivo provocado por una variedad de afecciones cerebrales que alteran funciones vitales como la memoria, pensamiento, comportamiento y habilidad para efectuar actividades cotidianas.

 Aunque afecta mayormente a personas mayores de 65 años, la demencia no es una parte normal del envejecimiento. En 2010, la OMS estimó que en el mundo había 35,6 millones de personas con demencia, siendo el costo total aproximado de 604 mil millones de dólares estadounidenses. Para el año 2050, la OMS prevé 115,4 millones de enfermos de Alzheimer. Mientras la búsqueda de tratamientos para curar o impedir el avance de la demencia continúe, el diagnóstico oportuno seguirá siendo la meta más urgente.

 Durante la Reunión de Alto Nivel de la Asamblea General de las Naciones Unidas para la Prevención y Control de Enfermedades no Transmisibles, celebrada en Nueva York en 2011, se adoptó una declaración política donde se reconoció que “los trastornos mentales y neurológicos, incluyendo la enfermedad de Alzheimer, son una causa importante de morbilidad y contribuyen a la carga mundial de las enfermedades no transmisibles”.

 En ese sentido, el investigador del Ivic, Carlos Ayala Grosso, señaló que “con el incremento de la población de la tercera edad y un repertorio limitado de las herramientas para el diagnóstico precoz, la enfermedad de Alzheimer tendrá un impacto significativo dentro de los programas de salud pública de todos los países del mundo”, dijo.

 Su apreciación también viene dada por el hecho de que la fase temprana de la enfermedad suele pasar desapercibida. En realidad, es posible vivir con deterioro de la percepción del olfato y algunos olvidos inusuales. “Como el ser humano es muy hábil, va creando mecanismos de compensación de memoria o señales-recuerdo, como dejar las llaves en el mismo sitio o tomar apuntes, como estrategia de reaprendizaje, hasta que ya no puede tomar sus propias decisiones y se torna completamente dependiente de terceros”, anunció.

 De allí que la estimulación constante por parte de su entorno familiar sea crucial para mantenerlo en contacto con la realidad, en especial porque el paciente de Alzheimer tiene una larga vida y muchos años de conciencia de su enfermedad.