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Cambio climático aumenta malaria en regiones más altas

Actualmente es muy difícil desarrollar medicamentos para enfermedades tropicales como la malaria / BBC Mundo

Desde 2007, la OMS instituyó el 25 de abril como el día mundial en la lucha contra esta enfermedad

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Aunque se puede tratar y prevenir, la malaria –también conocida como paludismo– sigue siendo devastadora: infecta  a  243  millones de personas y mata a cerca de 863.000 cada año en todo el planeta, según el último informe de la OMS. A escala global, Laboratorios Novartis, en colaboración con organizaciones internacionales, suministra su medicamento contra la malaria, a base de artemeter y lumefantrina, para el uso del sector público en los países en vía de desarrollo con malaria endémica.

Es un tratamiento de última generación que ofrece altas tasas de curación, incluso en las zonas de resistencia a múltiples fármacos.

En la actualidad, se ha suministrado 320 millones de medicamentos a pacientes que se encuentran en más de 60 países y se intensifican esfuerzos para lograr el objetivo común de poner fin en el 2015 a las muertes causadas por este mal.

 La malaria es una enfermedad parasitaria que involucra fiebres altas, escalofríos, síntomas seudogripales y anemia. También se puede experimentar sudoración, dolor de cabeza, náuseas, vómitos, dolor muscular, anemia, heces sanguinolentas, ictericia (coloración amarillenta de la piel) y convulsiones.

 Si no se trata, el paludismo puede poner en peligro la vida del paciente en poco tiempo, pues altera el aporte de sangre a órganos vitales. Igualmente, según recientes investigaciones, el cambio climático lleva al aumento de la malaria en las regiones más altas, por lo que se deben tomar las precauciones necesarias a la hora de viajar no solo a lugares de climas cálidos, sino también a aquellos que solían ser frescos.

 Entre las intervenciones fundamentales para controlar este mal se encuentran el tratamiento rápido y eficaz con combinaciones de medicamentos basadas en la artemisinina; para los ya enfermos, así como también el uso de mosquiteros impregnados en insecticida por parte de las personas en riesgo y la fumigación de los espacios cerrados con insecticidas de acción residual, a fin de controlar los mosquitos vectores y prevenir a la población no contagiada.