• Caracas (Venezuela)

César Tinoco

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El síndrome inverso de Jerusalén

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Refiere uno de los libros canónicos del judaísmo y el cristianismo, la Biblia, en su serie de escritos agrupados bajo el nombre de Nuevo Testamento (Lucas 9, 18-24) que una vez estando Jesús de Nazareth rezando solo, se encontraron con él sus discípulos y él les preguntó: ¿Quién dice la gente que soy yo? Unos respondieron: Juan Bautista; otros, en cambio, Elías, y otros, un profeta de los antiguos que ha vuelto a la vida. Jesús volvió a preguntarles: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Fue cuando Pedro tomó la palabra y dijo: El Mesías de Dios, el ungido, el rey esperado. De las interpretaciones que es posible encontrar por allí está una que explica el texto citado como un testimonio de un discípulo sobre la presencia y existencia del ungido, el esperado.

El Muro de las Lamentaciones o Muro de los Lamentos es uno de los sitios más sagrados del judaísmo, vestigio del Templo de Jerusalén. Su nombre en hebreo significa simplemente “muro occidental” y es uno de los sitios turísticos más visitados de Israel. A cualquier hora del día o de la noche, confluyen los visitantes en el Muro a rezar, a tomar fotos, a participar en alguna ceremonia de juramento a la bandera, a asistir a una bar-mitzvá, o simplemente a absorber algo del ambiente histórico y espiritual del que está impregnado este lugar antiguo.

El caso es que la búsqueda de una experiencia mística atrae a personas al lugar y entre ellas están unos que padecen una enfermedad bien peculiar: se creen “mesías”. Es el así llamado síndrome de Jerusalén: sumergidos en tanta santidad histórica, la psique de estas personas se “cortocircuita”. Aunque otros sitios de Jerusalén también los atraen, el Muro es el lugar predilecto de tales personas, en especial de los judíos. Los períodos críticos son las festividades religiosas como la Navidad.

El primero en identificar clínicamente el síndrome de Jerusalén fue el doctor Yair Bar-El, ex director del hospital psiquiátrico de Kfar Shaúl y actualmente psiquiatra de distrito en el Ministerio de Salud. El doctor Bar-El examinó a 470 turistas, declarados temporalmente dementes, que fueron atendidos en Kfar Shaúl entre 1979 y 1993, y extrajo de su estudio algunas conclusiones fascinantes. De los 470 visitantes del mundo entero que estuvieron internados allí, 66% eran judíos, 33% cristianos, y 1% no tenía afiliación religiosa definida.

De hecho y según la referencia consultada para escribir este artículo (1), en el hospital Ein Kerem (2) hay un departamento de psiquiatría especializado en extranjeros que presentan este síndrome que en términos médicos no es otra cosa sino un trastorno disociativo histérico: los enfermos generan otra personalidad que luego no serán capaces de recordar. Es una especie de cortocircuito en el sentido común ante la tamaña sobrecarga espiritual que flota en el ambiente.

Aquí en Venezuela también tenemos nuestro síndrome histérico aunque salpicado con otras peculiaridades: el de aquí es ocasionado por el fervor en ciertos comandos de campaña. Los que padecen dicho trastorno no solamente son capaces de conversar con pajaritos, sino que se creen los apóstoles de un mesías que, por cierto, no vino a salvarnos sino a echarnos la gran lavativa.

Esos apóstoles, a causa de la modernidad, le hacen la pregunta –¿Quién dicen ustedes que soy?– a las encuestadoras. Todas (hasta The Economist) con eufemismos más, eufemismos menos, responden: Tú, al igual que el otro, son los culpables del peor gobierno que jamás ha tenido esa gente.

 

(1) http://bjp.rcpsych.org/content/176/1/86.full

(2) http://www.hadassah-med.com/patients-and-visitors/inpatient-information/ein-karem-hospital

 

c.e.tinoco.g@gmail.com