• Caracas (Venezuela)

César Tinoco

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Las pifias de la oposición

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De guerra en guerra –primero económica, luego psicológica– llegamos a la guerra bacteriológica.

En palabras del propio presidente Maduro: “Hay una línea de investigación porque tenemos serias sospechas de que esta derecha que está allí pretendía meter algún tipo de virus, guerra bacteriológica que se ha hecho en el mundo contra otros países, meterlo allí en el hospital de Maracay (centro), quien sabe dónde, y tenían ya la campaña preparada”.

Al fracaso de “La Salida” y a la renuncia de Ramón Guillermo Aveledo, se le suman dos pifias más a la maltrecha oposición. La primera de ellas tiene su origen en la selección de una enfermedad infecciosa inadecuada para el combate político. Me explico.

En un trabajo que versa sobre el peligro potencial que representan las armas biológicas (1), Mark Kortepeter y Gerald Parker (1999) del US Army Medical Research Institute of Infectious Diseases, especifican claramente las características que tiene que tener una enfermedad infecciosa para convertirse en agente de guerra biológica: debe ser altamente letal, ser susceptible de ser producida en grandes cantidades, no tener vacuna o tratamiento y ser transmisible de persona a persona (que no es lo mismo que de zancudo a persona).

Para la fecha del trabajo de Kortepeter y Parker las únicas candidatas que reunían tales mencionadas características eran el ántrax y la viruela. De hecho, en la Tabla No. 1 de su trabajo titulada “Biological agents involved in bioterrorism or biocrimes”, no incluyen en ninguna parte la chikungunya.

Por otra parte, y en epidemiología, el número básico de reproducción de una infección, Ro, puede ser considerado como el número promedio de infecciones secundarias que ocurre cuando un individuo infectado (el paciente cero) es introducido en una población completamente susceptible de ser contagiada. Es decir, se refiere a cuántos individuos van a ser directamente infectados por el paciente cero. En general si Ro es menor que 1 la epidemia desaparecería, mientras que si Ro es mayor que 1, puede que se esté en un caso de endemia.

Pues bien, en su trabajo titulado “On a temporal model for the chikungunya disease: Modeling, theory and numerics”, sus autores Y. Dumont, F. Chiroleu y C. Domerg (2008) estructuran un complejo modelo larval de compartimiento máximo, corrido con data real y en el que establecen que Ro es menor que 1, resultado muy importante para los epidemiólogos y para los entomólogos, que tratan de controlar una enfermedad de este tipo a través del control de la población de vectores (2). Dado que los resultados de Dumont-Chiroleu-Domerg indican que la chikungunya no cumple con los requisitos de Kortepeter-Parker para ser utilizado como agente de guerra biológica, la primera pifia de la oposición, pues, consistió en seleccionar para sus oscuros fines una enfermedad infecciosa inadecuada, de “poca monta”, pues.

Luego de haber introducido exitosamente la enfermedad en una caja de zapatos Adidas con zancudos Aedes, transportada desde República Dominicana hasta las playas de Machurucuto en una curiara por Lorent Saleh, la oposición cometió su segunda pifia: su segundo imperdonable error. Dado que se trata de una guerra, en lugar de “meter” el virus en la sede del PSUV, del PCV, de Marea Socialista o en algún otro lugar más estratégico y por ende efectivo –y que no puedo mencionar para no ser acusado de darle ideas a la sala situacional– la oposición “bioterrorista” lo metió en el Hospital de Maracay donde, para colmo de errores, fue detectado y hecho público por un médico también de la oposición.

El caso es que la sala situacional no descansa en eso de inventar cuentos para evadir la responsabilidad por la incompetencia del gobierno en todo orden, sin embargo, hasta en eso de “meter” cuentos son incompetentes.

 

(1) http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2627749/

(2) http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/18394655

c.e.tinoco.g@gmail.com