• Caracas (Venezuela)

César Tinoco

Al instante

El desenlace

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Uno puede definir un sencillo modelo para predecir el desenlace de una guerra: la acumulación de factores desfavorables permite vaticinar la derrota. La acumulación de factores favorables permite vaticinar la victoria. Así, la derrota es una circunstancia que se da cuando se produce la mayor acumulación de factores y atributos desfavorables para una de las partes en combate.

Desde esta perspectiva, el desenlace no ofrece dudas. Hablemos corto y de lo reciente para aprovechar el tiempo y el espacio, mismos que pierde el populismo chavista-madurista en su guerra contra la democracia.

A medida que Hugo Chávez perdía popularidad aumentaba el gasto en misiones y programas sociales. Nicolás Maduro heredó esa popularidad declinante. Con tal lavativa encima, al son de una deslumbrante torpeza y un entorno de precios también declinantes del petróleo que le impidió aumentar el gasto social, Maduro llevó su herencia a niveles mínimos, hecho del que se dio cuenta –sorprendido– el pasado 6 de diciembre de 2015 cuando perdió las elecciones parlamentarias.

Argentina, votó por el cambio el pasado noviembre/2015 y Mauricio Macri ganó la presidencia con poco más de la mitad de los votos: ya no llegarán más maletines negros a la Argentina.

El 20 de febrero y según reportó El Nuevo Herald, el gobierno chino se negó a acceder al pedido de Venezuela para que le otorgue un período de gracia en el servicio de su deuda: los chinos están preocupados por lo que Isaac Newton denominaría el equilibrio inestable de Maduro.

En Bolivia tres días después, el pasado 23 de febrero, Evo Morales fue otro sorprendido: la mitad de su país le dijo No a su reelección. Al igual que Maduro, Evo –uno de los amigos predilectos de Hugo Chávez– dijo que respetaría los resultados del referéndum, lo cual está por verse: a lo mejor se le pegaron las malas mañas de Chávez.

También, el pasado 23 de febrero, los 15 miembros de la Comunidad del Caribe, Caricom, reafirmaron públicamente su apoyo al mantenimiento y la preservación de la soberanía de Guyana y su integridad territorial en la disputa fronteriza con Venezuela. Así, Caricom le pintó la segunda “columbidae” a Venezuela. La primera fue cuando otorgó licencias a medio mundo para explorar, y eventualmente explotar, parte de la plataforma continental de Venezuela, rica en reservas de petróleo y gas con Nicolás Maduro sorprendido sin táctica ni estrategia.

Otra columbidae se la pintó Irán a Maduro el mismo 23 de febrero: el ministro de Petróleo iraní, Bijan Zanganeh, calificó de “ridícula” la propuesta de algunos productores de crudo, incluyendo a Arabia Saudita y Rusia, para congelar la producción en los niveles de enero de 2016.

De esta forma, con un entorno de precios de petróleo que se mantendrán todavía bajos a juzgar por el análisis de expertos, sin Irán y sin China, con Obama viajando a Cuba el próximo 21 de marzo, con una deuda interna con proveedores que según Conindustria monta a 12 millardos de dólares y con vencimientos e intereses de deuda externa de unos 9,5 millardos, con el dengue, la chikungunya y el zika, y sin medicinas ni alimentos, una tasa de homicidio intencional de 90, con inflación, y recesión, sin agua ni electricidad, con planes para “exportar” con un bolívar sobrevaluado, y hasta con Nicmer Evans –el fan N° 1 de Hugo Chávez– tirándole indirectas directas, Maduro no acudirá al Fondo Monetario Internacional a pedir ayuda.

¿Pueden tantas moscas estar equivocadas?

Sun Tzu diría: El desenlace es inevitable.