• Caracas (Venezuela)

César Tinoco

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El descubrimiento de la CAF

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Más vale tarde que nunca reza el dicho. Aunque tardíamente en el caso de Venezuela, la Corporación Andina de Fomento, CAF, por fin lo dijo: Venezuela exhibe un deterioro en sus capacidades estatales. La anterior afirmación forma parte del Reporte de Economía y Desarrollo (RED 2015) publicado por la CAF, Banco de Desarrollo de América Latina y rebotado sin pena ni gloria por la prensa nacional el pasado 08/octubre. Y es que la edición 2015 del reporte mencionado se dedica al estudio de las capacidades que deben tener los Estados para mejorar la efectividad de las intervenciones públicas a fin de promover el desarrollo.

Un Estado efectivo requiere capacidades –esto es, habilidades– para el diseño, la implementación y el aprendizaje de políticas, y el informe de la CAF evidencia que el Estado venezolano tiene las capacidades estropeadas, dañadas, malogradas, destrozadas o inservibles, use el lector cualquiera de los sinónimos que le guste en lugar de “deterioradas”. Y, por supuesto, si las capacidades estatales están deterioradas, entonces el Estado no tiene capacidades, es decir, es un Estado incapaz. Según lo afirma también la misma CAF en su reporte, tal definición de capacidad del Estado es agnóstica con respecto al sistema político vigente o a las políticas específicas que los países adoptan.

El estudio de la CAF hace referencia a los indicadores mundiales de gobernabilidad de Kaufmann, Kraay y Mastruzzi (2004 y 2009), aunque tales autores tienen una versión más actualizada a 2010, titulada The Worldwide Governance Indicators: A Summary of Methodology, Data and Analytical Issues, publicada por el Banco Mundial en su Working Paper N° 5430. Lo que quiero compartir con ustedes es, precisamente, la versión 2015 de los mencionados indicadores para Venezuela.

Kaufmann, Kraay y Mastruzzi definen la gobernabilidad como las tradiciones e instituciones a través de las cuales se ejerce la autoridad en un país, y consideran que incluye el proceso por el cual los gobiernos son elegidos, controlados y reemplazados, la capacidad del gobierno para formular y aplicar eficazmente políticas acertadas y el respeto de la ciudadanía y el Estado por las instituciones que regulan las relaciones económicas y sociales entre ambos. La gobernabilidad así definida es medida por seis amplias dimensiones: calidad del marco regulatorio, Estado de Derecho, voz y rendición de cuentas, control de la corrupción, efectividad del gobierno y finalmente, estabilidad y ausencia de violencia. Cada dimensión tiene una nota que oscila entre -2,45 (desempeño débil) y +2,45 (desempeño fuerte).

¿Por que dije que la CAF nos dice algo muy tardíamente? Pues porque en el caso de Venezuela, ¡el Banco Mundial tiene años diciendo lo mismo! Veamos.

La edición de 2015 de los indicadores mundiales de gobernabilidad incluye 215 países entre los cuales está, precisamente y desde 1996, el país portador de un Estado incapaz: Venezuela. Cuando uno observa los indicadores para nuestro país, uno verifica que todos vienen con pendiente negativa desde el año 2000, esto es, en permanente y estable deterioro.

A continuación el desempeño de Venezuela para los años 2000 versus 2012 versus 2014 entre paréntesis y para cada una de las dimensiones mencionadas: calidad del marco regulatorio (-0,49 vs -1,54 vs -1,81), Estado de Derecho (-0,90 vs -1,69 vs -1,89), voz y rendición de cuentas (-0,15 vs -0,92 vs -1,07), control de la corrupción (-0,53 vs -1,24 vs -1,38), efectividad del gobierno (-0,76 vs -1,14 vs -1,23) y estabilidad y ausencia de violencia (-0,81 vs -1,00 vs -0,83).

Las anteriores cifras recogen que las dimensiones que más han empeorado entre 2000 y 2014, son la calidad del marco regulatorio, el Estado de Derecho y la voz y rendición de cuentas, ello por simple incapacidad, nada que ver con los precios del petróleo, pues entre 2000 y 2014 solo hubo dos instantes en los cuales el precio del petróleo cayó: a mediados de 2008 y a mediados de 2014, el resto del período observó precios crecientes del barril.

Así, el estudio de indicadores de gobernabilidad del Banco Mundial permite, al menos, tres conclusiones: una es que la incapacidad es medible. Otra es que la CAF descubrió el agua tibia en el caso venezolano. La tercera es que la permanente “desmejora” de los indicadores de gobernabilidad de Venezuela, en un período en que el petróleo comenzó a alcanzar precios cada vez más altos, evidencia la incapacidad genética de todo populismo –y en particular el de Hugo Chávez– para cumplir las promesas que hace.

 

c.e.tinoco.g@gmail.com