• Caracas (Venezuela)

César Tinoco

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César Tinoco

RSE y PIB Social

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Hace nueve meses, en el número 337 de la revista Business Venezuela (BV), se publicó el estudio “15 años: Top 100 Companies”. Allí, al igual que en la edición anterior del estudio (BV N° 330), se definió la inversión social como “el gasto no-obligatorio que realizan las empresas para financiar proyectos que buscan mejorar la calidad de vida de los empleados y las familias, así como a la comunidad local y a la sociedad en general”. Aquí tomo como “proxy” de la responsabilidad social empresarial (RSE) la inversión social así definida.

Por un lado, las cifras del estudio continúan arrojando una tendencia decreciente: cada vez se destina para la RSE una menor proporción de los ingresos totales. En efecto, y cuando consideramos el estudio Top 100 publicado en 2013 y lo comparamos con el publicado en 2003 (año en que la proporción alcanzó su máximo) se observa que, en promedio, la proporción de los ingresos totales en RSE resultó cinco veces menor. Aclaro que las cifras de todos los estudios están a precios constantes de acuerdo con lo allí reportado.

Por otro lado, el sector privado sin fines de lucro era retratado en las cifras que ya no suministra el Banco Central de Venezuela en la figura de “Servicios comunitarios, sociales y personales y producción de servicios privados no lucrativos”, la misma figura que hace más de cuatro años, hacia finales de mayo/2010, fue bautizada con el nombre de “PIB social”, ello en virtud de la supina ignorancia de un diputado oficialista.

Este “PIB social”, que con propiedad lo podemos denominar PIB social privado sin fines de lucro, para finales de 2013 constituía 6,19% del PIB consolidado y venía creciendo consistentemente a un ritmo que en promedio duplica el crecimiento del PIB del sector público.

Cuando uno computa las series de tiempo desde 2001 a 2012 del promedio de la razón inversión social a ingresos totales (Estudios Top 100 BV, Venamcham) por un lado, y por el otro la razón de PIB social privado a PIB consolidado, observa algo interesante: ambas series guardan una correlación negativa y alta entre sí e igual a -0,74. Lo anterior quiere decir que mientras la inversión social como proporción de los ingresos totales viene decreciendo, el PIB social privado –el PIB de las organizaciones privadas sin fines de lucro–, como proporción del PIB consolidado, viene creciendo.

Dos conclusiones se extraen de las cifras anteriores. La primera es que el sector privado sin fines de lucro sigue, a pesar de todo, trabajando por el progreso y bienestar de una sociedad integral e integrada, sustituyendo al incompetente gobierno en su papel básico, enfocándose en sectores claves de las comunidades, como niños, ancianos, enfermos de cáncer, sida, etc., y  ha evolucionado de manera tal que ahora aborda la problemática social que antes pertenecía exclusivamente al gobierno con la innovación y disciplina características del sector privado con fines de lucro. De hecho, el conglomerado privado sin fines de lucro debió constituir una apropiada y excelente referencia comparativa (benchmark) para el sector público. No ha sido evidentemente así.

La otra es que la RSE, desarrollada por el sector privado con fines de lucro, pareciera estar declinando en Venezuela. De hecho y recientemente, la herramienta Google Trends con la palabra clave RSE arroja un índice de interés en el tema de 34 para julio/2014, cuando en junio/2012 alcanzó un máximo de 75.
 
No podía ser de otra manera: las empresas están demasiado ocupadas en sobrevivir. Ya entradas en la recesión con inflación, con ingresos disminuyendo, con costos fijos aumentando, con un marco político y legal hostil que inutilizó las estrategias sociales como estrategias de reducción del riesgo político –cambio en las reglas de juego afectando las operaciones y robo (expropiación) de la propiedad– y sin herramientas apropiadas para la toma de decisiones sobre la ubicación de recursos en RSE, las empresas cada vez más aportan menos.

c.e.tinoco.g@gmail.com