• Caracas (Venezuela)

César Tinoco

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César Tinoco

Nícmer Evans y las 50 sombras de Grey

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Cuando hablamos de salario e indexación, la finalidad de la última es evitar que el salario pierda su poder adquisitivo. En tal sentido, la variable más indicada para llevarla a cabo es la tasa de inflación debido a que refleja la variación de los precios y, por ende, la que determina cómo se mueve la capacidad adquisitiva del salario.

Por allí hay quienes proponen indexar el salario al precio oficial del dólar: a su precio único o al más alto, uno u otro dependiendo de medidas aún no anunciadas. Ese es el caso de Nícmer Evans en el portal de aporrea.org, y usted mismo amigo lector lo puede verificar (1). Evans quiere debate y con mis 4.000 caracteres despacharé al menos uno de sus planteamientos.

El propósito de Evans es el de “continuar lo bueno del legado del presidente Chávez” y finaliza su texto con una larga oración en la que invita a “preservar sus importantes aportes sociales y políticos”. A fin de lograrlo nos presenta ocho propuestas para “salir de la crisis” y la primera es justamente la indexación del salario a la moneda del imperio. 

Dejando de lado la “minucia” esa de la indisciplina fiscal impulsada y potenciada por el Banco Central de Venezuela y su consecuente aporte inflacionario, desde la perspectiva del “legado” conceptual del propio Chávez, ¿qué tan buena es la propuesta de Evans de indexar el salario al precio del dólar?

En el Aló, Presidente N° 367, del 14/noviembre/2010, Chávez dijo, refiriéndose al precio del petróleo en dólares: “Cada día el dólar vale menos” (2). Lo repitió el 13/septiembre/2011, según lo recoge la prensa nacional: “El dólar cada día vale menos, cada día va en picada (sic)”. En esta última oportunidad, Chávez defendía el uso del sucre como moneda alternativa al dólar. Entonces, si de acuerdo con Chávez el dólar no vale nada y el sucre es su alternativa, ¿por qué Evans no sugiere más bien indexar el salario al sucre?, ¿por qué indexar el salario a un dólar que, en opinión reiterada y verificable del propio Chávez, no vale nada?

La oración-párrafo con que termina Evans su texto –61 palabras sin siquiera una coma– me obliga a hacer un comentario sobre su legibilidad.

La legibilidad es un concepto cualitativo-cuantitativo que intenta describir la facilidad de lectura de un texto. El aspecto cualitativo viene descrito por los siguientes atributos: apropiado para ser leído, interesante, atractivo, ligero en estilo, disfrutable y comprensible. El aspecto cuantitativo viene expresado en términos de tres variables básicas: el número de sílabas promedio por palabra; la longitud promedio de la oración y el número de oraciones promedio que estructuran un párrafo. Mientras más corta sea una palabra y una oración y mientras menos palabras y oraciones haya en un párrafo, mayor será su legibilidad.

Pues bien, con la finalidad de ilustrar lo legible que resultan las propuestas de Evans, analicé la lingüística de su texto y la comparé con la de una página del best seller 50 sombras de Grey, de E. L. James.

El texto de James resultó “Muy fácil de leer” (Índice de Flesch-Szeigriszt = 81,55) mientras que el texto de Evans resultó “Algo difícil de leer” (Índice de Flesch-Szeigriszt = 54,40). Un texto muy fácil de leer es uno que pueden leer estudiantes de primaria, mientras que uno algo difícil de leer es típico de textos de divulgación científica y prensa especializada.

Este resultado muestra que aquí también Evans se aparta del legado de su mentor Chávez: no emula su atributo de mensaje llano, simple y directo. En su arrogancia lingüística y tipográfica, Evans codifica inapropiadamente su mensaje. Me temo que Chávez –si viviera– no le prestaría atención. El tren ejecutivo, por razones de instrucción elemental, tampoco lo hará.

 

(1) http://www.aporrea.org/ideologia/a200736.html

(2) www.alopresidente.gob.ve/materia_alo/25/8514/?desc=corregido