• Caracas (Venezuela)

César Tinoco

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Irán y los 13 motores

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El pasado 10 de febrero/2016 conocimos a través de la Agencia Venezolana de Noticias (AVN), una noticia ingenua: Irán ayudará Venezuela a “activar sus motores económicos”.

Como seguramente saben los lectores y en el pasado reciente, Irán y Venezuela han tenido una experiencia de negocios que, por cierto, no será imitada nunca ni por la empresa nacional privada ni por multinacional alguna. Ejemplos de esa experiencia entre Irán y Venezuela los tenemos en dos empresas con capital aportado por ambos países: Venirauto y el Banco Internacional de Desarrollo.

Recordemos el caso de Venirauto. La empresa venezolana-iraní se fundó en 2006 y nunca terminó de levantar cabeza. El planteamiento original de Venirauto era vender carros con la misma “calidad” que Toyota pero a mitad de su precio. La anterior genial combinación la llevaron a cabo con un organigrama de multinacional con catorce (14) gerencias, en un entorno inflacionario, que implicó altos costos fijos creciendo siempre. Por si fuera poco y en una especie de mortal subasta inversa, primero se plantearon ensamblar 26.000 carros al año, luego 16.000 y ya para julio/2013 iban por 5.000.

La mezcla del erosivo entorno económico venezolano, los altos costos fijos crecientes, precios insosteniblemente bajos y menor número de carros ensamblados, mantuvieron a Venirauto funcionando permanentemente por debajo de su punto de equilibrio, es decir, a pérdida. A lo anterior hay que añadirle el problema de ausencia de logística y escasez de divisas que provocó a su vez la ausencia de repuestos (el “organidrama” original colocado en el portal de Venirauto nunca evidenció gerencia de servicio posventa). Así, los pocos vehículos que alguna vez se ensamblaron, resultaron no asegurables.

Sigue el Banco Internacional de Desarrollo. Según los últimos numeritos publicados por Sudeban en su portal, para el mes de noviembre/2015 y a fin de incentivar los depósitos y la toma de créditos, el banco venezolano-iraní cobra una tasa activa efectiva menor que la del sistema (16,45% versus 22%) mientras paga una tasa pasiva efectiva mayor (13,75% versus 6,49%) con lo cual y frente al banco promedio del sistema, disminuye sus ingresos financieros al mismo tiempo que aumenta sus egresos financieros. También, los bolívares colocados en su cartera de créditos ven una morosidad que resulta 14 veces mayor que la del sistema (4,95% versus 0,35%).

Así, con los ingresos disminuidos por la combinación de sus tasas activa y pasiva y su morosidad, opera en el modo natural de las empresas del Estado venezolano: por debajo de su “break-even” y por tanto, su rentabilidad resulta negativa. De hecho, es el único banco del sistema con rentabilidad negativa para el mes de noviembre/2015. Ni siquiera el Banco Industrial de Venezuela (BIV) cuya liquidación fue ordenada el pasado 12/febrero (Gaceta Oficial N° 40846) ni el Zombi Bank, el Instituto Municipal de Crédito Popular, el Banco de la Alcaldía de Caracas, exhiben rentabilidad negativa: para noviembre/2015, mientras el sistema bancario como un todo alcanzó una rentabilidad sobre patrimonio de 63%, el BIV una de 7,95% y el Zombi Bank una de 5,48%, la del banco venezolano-iraní fue de -4% (menos 4%).

Venirauto y el Banco Internacional de Desarrollo constituyen dos buenos ejemplos de la fracasada experiencia de Irán en Venezuela. En consecuencia y por lo pronto, seguiremos en nuestra balsa, sin motores y sin vela, sometidos a la circunstancia del viento: la incompetencia del presidente Nicolás Maduro y lo que aún queda de su tren ejecutivo, el crimen, la corrupción, la anarquía, la recesión económica, la inflación y la escasez.