• Caracas (Venezuela)

César Pérez Vivas

Al instante

La tozudez revolucionaria

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Los hechos son contundentes. Venezuela vive una profunda crisis social, económica, política, ética y cultural. El discurso de la cúpula roja y la brutal propaganda que impulsan por todos los medios pretenden negarla, esconderla, o imputársela a otros. El disimulo y la distracción son una forma de esconderla. En definitiva, Maduro, Cabello y toda la estructura dominante no tienen la grandeza de admitir ante el país y ante la historia el monumental fracaso del socialismo del siglo XXI.

Al no admitirlo, al no tener la humildad de reconocer el fracaso del modelo fidelista, tampoco son capaces de rectificar y, por lo tanto, están inhabilitados para recuperar la paz y el progreso de nuestro pueblo.

Esa dramática realidad nos obliga, a todos los venezolanos, políticos o no, a perseverar en la lucha por reconstruir nuestra patria, en todas las dimensiones y en todos los órdenes.

La gravedad de la crisis genera desesperanza y desesperación. Hay quienes pretenden llenar nuestro corazón de pesimismo. Llegan a afirmar que no hay forma de lograr el cambio, que no es posible superar esta tragedia. Renuncian a la lucha, descalifican a quienes perseveramos, optan por abandonar el país, entran en lo que la ciencia política llama la anomia.

Por otra parte, surgen los que, desesperados, quieren logar el cambio de manera inmediata y sin medir las consecuencias de sus acciones. Afirman que no hay forma de lograr el cambio por las vías constitucionales, o que los tiempos que ellas imponen son muy largos, y en consecuencia no es dado esperar ya más tiempo del que lleva el proceso de destrucción nacional en marcha. Piensan que un gobierno autoritario como este no sale con votos, y por lo tanto asoman que la única forma de lograrlo es por la fuerza. Otros formulan estrategias de aceleración de los tiempos, y proponen “una salida” rápida del gobierno, sin contar con la realidad política en la cual se desenvuelven.

No hay duda de que a medida que el tiempo ha avanzado el daño infringido por la barbarie roja al país es más dramático. Han afectado la paz social, promoviendo una cultura de la diatriba y el odio, como no habíamos vivido. Han estimulado la impunidad del crimen para ganar lealtades políticas en estamentos sociales penetrados por la violencia y el delito. Han destruido la institucionalidad democrática estableciendo una autocracia centralizada, en la cual la justicia es una herramienta en la tarea de garantizar el férreo control del poder político, y en la cual el Parlamento es una caricatura que se mantiene para darle alguna justificación, a su retórica de la “democracia participativa y protagónica”. Han destruido la economía nacional, reduciendo a su mínima expresión el aparato productivo interno, por medio de la confiscación, expropiación, y excesiva regulación de la actividad privada; dilapidando, malgastando y robándose la renta petrolera, y endeudando hasta niveles desconocidos al país.

A ese daño, los venezolanos que nos oponemos a ese modelo destructivo no podemos agregar mayores dificultades y más destrucción. De ahí lo complejo de la tarea democrática. Lograr el cambio sin conducir al país a la guerra, y sin generar mayor daño a la infraestructura y la economía.

Aunque parezca contradictorio, es esa tozudez revolucionaria la que nos va a conducir a la victoria. Es ese dogmatismo el que no va a permitirles corregir el rumbo del país. Maduro y su entorno corrompido e ineficiente son prisioneros del discurso de Chávez y Fidel. Ese discurso no permite tomar las medidas correctivas que la situación nacional requiere y, por ende, el camino hacia el abismo seguirá acelerándose, y el desastre será cada vez menos posible justificarlo, inventado “guerras”, creando enemigos y montando fábulas risibles, como la de la iguana que hace ineficiente el sistema eléctrico nacional.

Frente a la tozudez revolucionaria es imperativa la unidad de los demócratas, la intensidad de la acción política en las comunidades más pobres y alejadas del país, para explicar en directo a cada ciudadano cómo este socialismo chavista ha sido la más grande estafa a la esperanza del pueblo venezolano.

La tozudez, a la vez que causa de la arbitrariedad y destrucción nacional, terminará siendo, también, la causa del desmoronamiento del régimen, y elemento motivador y promotor del nuevo amanecer democrático.