• Caracas (Venezuela)

César Pérez Vivas

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César Pérez Vivas

El relativismo ético de cierta izquierda

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La izquierda mundial y latinoamericana ha presumido de ser un movimiento ético. Vale decir, una corriente política inspirada en valores orientadores de la vida social, a partir de una racionalidad que establece patrones de comportamiento, más allá de normas establecidas por tradiciones o costumbres. El socialismo parte de la existencia de una ética racional. Y allí han consagrado que su modelo se basa en la construcción de una sociedad sin explotadores y explotados, donde los medios de producción deben ser públicos. Los bienes públicos existen para el bienestar de toda la sociedad, y no para el beneficio de particulares. En ese desarrollo de una ética racional, la izquierda cuestiona duramente la corrupción y en el enriquecimiento del hombre, pero más aún de los agentes del “Estado. Vale decir, de los funcionarios públicos.

Durante los años de la república civil, la izquierda venezolana cuestionó con firmeza los actos de corrupción administrativa, que entonces se dieron. Ciertamente la corrupción creció a niveles superiores a los de cualquier sociedad, y ello le dio banderas a la izquierda en su lucha por acceder al poder político, comprometiéndose a ejercerlo con pulcritud y transparencia.

Sin lugar a dudas, fue esa una de las banderas de Hugo Chávez. Su brutal tentativa de golpe de Estado del 4 de febrero de 1992, lo justificó sobre la base de impulsar “una rebelión ética contra la descomposición moral de la cuarta república”. Notables personajes de la izquierda venezolana llevaron adelante denuncias permanentes, muchas sin fundamento, otras con pruebas, contra la corrupción que el sistema democrático no era capaz de detener. Quizás el más emblemático denunciador de esas prácticas dañinas a la sociedad fue José Vicente Rangel.

Desde los medios de comunicación, desde la tribuna parlamentaria y política, José Vicente fue de los más persistentes luchadores por la decencia y la transparencia en la gestión de los recursos públicos. Tanto que llegaron a sostener que la corrupción era inherente a la democracia representativa y a sus partidos soportes, vale decir, a Copei y AD.

Con su bandera de establecer una “república ética”, que sería la V República, llegó al poder la izquierda militarista venezolana.

Luego de tres lustros en el gobierno, los hechos han demostrado, que esta V República ha sido carcomida por la corrupción y la ineficacia. Los venezolanos estamos presenciando cómo todo el discurso moralizante de esta izquierda se ha convertido en palabra hueca que el viento se llevó, y cómo en la cruda realidad de nuestro país la corrupción ha llegado a niveles jamás conocidos en toda nuestra lacerante historia republicana

Venezuela ha sido literalmente saqueada por la élite militar y política de la izquierda militarista. La lista de casos es tan larga y escandalosa que los límites de un artículo de opinión no ofrecen el espacio para desarrollarlo. Pero desde los escándalos del ya olvidado Plan Bolívar 2000, hasta los recientes hallazgos de multimillonarias cuentas con miles de millones de dólares a nombre de ministros, viceministros, generales, y operadores de la llamada boliburgesía, han dejado perplejos a toda la comunidad internacional.

Cómo pueden estos personajes de la cúpula roja sacarse millones y millones de dólares de las arcas del Estado sin que ninguna institución se moleste en auditar o investigar ninguna de las denuncias e informaciones que vienen surgiendo. Solo el establecimiento de una autocracia, donde nadie se atreve a cuestionar nada, permite tamaño latrocinio contra los recursos de un país.

Pero lo más sorprendente de todo es el relativismo ético de quienes ayer denunciaban la corrupción y hoy callan ante tamaño desafuero. Lo que hoy se está conociendo en el mundo, gracias a los mecanismos de control e investigación de otros países, llega a ser considerado incluso como parte de la “guerra del imperio” contra el “proceso de cambios que se adelantan en Venezuela”. De modo que no solo es que aplican la política del disimulo frente a tamaña inmoralidad, sino que llegan hasta a justificar a esos personajes como víctimas de una guerra contra nuestro país.

Ya personajes como José Vicente Rangel y otros de su mismo perfil guardan discreto silencio frente al escándalo de las cuentas multimillonarias de los jerarcas rojos en bancos como el de Andorra, o el HSB. Ahora no presentan esos casos como el ejemplo de un sistema decadente, ahora sus preocupaciones no están en el campo de la ética pública. Ahora esa no es su preocupación. Solo les interesa ser cajas de resonancia de las consignas y mentiras que el epicentro del poder lanza para justificar la dramática crisis social y económica que vivimos los venezolanos.

En estos días han quedado desnudos los promotores de la ética socialista. Han demostrado su profundo relativismo ético y su gigantesca hipocresía.