• Caracas (Venezuela)

César Pérez Vivas

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César Pérez Vivas

El nacionalismo bolivariano

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La llamada “revolución bolivariana” ha tomado la bandera del nacionalismo para despertar en la población venezolana adhesión, y para justificar niveles de control de diversas instancias del poder político y económico.

Desde el surgimiento de la logia militar golpista encabezada por Hugo Chávez, el 4F de 1992, hasta los últimos discursos de Nicolás Maduro, el llamado “socialismo bolivariano” o “socialismo del siglo XXI” ha justificado su existencia política, entre otros temas, con un discurso nacionalista, mediante el cual han expresado: “Defender la patria venezolana de las pretensiones del imperio por apoderarse de sus riquezas”, y señalar a quienes no compartimos su visión política, como “pitiyanquis” (proclives a favorecer una dominación de Estados Unidos de América o de Europa), “entreguistas” y “traidores a la patria”.

El tema del nacionalismo y de los nacionalismos ha sido y es, históricamente,  objeto de permanentes conflictos, guerras, encuentros y desencuentros. En nombre y en defensa de “la patria” se han cometido y justificado verdaderos genocidios, y no pocas aberrantes violaciones de los derechos de millones de seres humanos.

Para justificar el establecimiento de centros y hegemonías de poder se han formulado diversas teorías y discursos nacionalistas, a través de los cuales se han dictado normativas, con las cuales someter y dominar a poblaciones o conglomerados humanos integralmente, tanto al interior como al exterior de los mismos.

Todos esos fenómenos históricos, políticos y sociológicos ha impactado de manera directa el concepto del nacionalismo. ¿Qué entendemos en los tiempos actuales por nacionalismo? ¿Cuál es la verdadera comprensión de este concepto?

“El nacionalismo no es una palabra que tenga una definición estática, ya que esta se solapa sobre una secuencia de experiencias históricas diferentes”, (1) ha dicho el escritor y filósofo checo Fredy Perlman, en su aclamado ensayo El persistente atractivo del nacionalismo. En dicha obra, el pensador europeo escudriña los diversos hechos y conceptos del nacionalismo para llamarnos a la reflexión sobre la perversión humana, puesta de manifiesto en las diversas formas de muerte y opresión que, blandiendo la bandera del nacionalismo, ha conocido la humanidad.

Expresa Perlman: “Cuarenta años después de la derrota de los fascistas y de los nacionalsocialistas, vemos que el nacionalismo no solo ha sobrevivido, sino que ha resucitado, no solo a manos de la llamada derecha, sino también, y sobre todo, de la llamada izquierda. Después de la guerra nacionalsocialista, el nacionalismo dejó de ser cosa exclusiva de los conservadores, se convirtió en credo y práctica de los revolucionarios y demostró que era el único credo revolucionario realmente eficaz”. (2)

En su obra, Perlman termina condenando toda forma de nacionalismo por haber sido y ser una excusa, una justificación a grandes genocidios, violaciones masivas de los derechos humanos y dominación político-económica, tanto en el seno como en el entorno de una sociedad determinada.

Promover el crecimiento material y espiritual de los pueblos, vale decir, impulsar el desarrollo integral de la persona humana, del hombre y de todos los hombres, defendiendo sus espacios territoriales, sus recursos naturales, su cultura, sus valores y tradiciones constituye un derecho, hoy aceptado por la humanidad. Pero utilizar ese derecho humano al desarrollo que tienen los pueblos para promover el enfrentamientos entre sectores políticos y sociales de una determinada sociedad constituye una perversión que debemos combatir.

El nacionalismo bolivariano ha demostrado ser una perversión. Es solo una herramienta para promover la confrontación entre los venezolanos. Para presentarse ellos, los chavistas, como los verdaderos defensores de nuestro pueblo. Para demonizar a quienes no les acompañamos en su pretensión de perpetuarse en el poder, señalándonos como “vendepatria”, “pitiyanquis” o “traidores”. Por ello promueven el antagonismo y se inventan el enemigo que viene a dominarnos, cuando la realidad es que todo es una excusa para justificar y legitimar su control y permanencia en el poder.

Lo hechos son reveladores. Mientras generan la confrontación con Estados Unidos de América, y repiten las consignas “antiimperialistas”, típicas del “credo revolucionario” al que se refiere Fredy Perlman; hipotecan y entregan a China y Rusia recursos y concesiones estratégicas de nuestro país, tanto como se hacen los disimulados frente a la abusiva política de desconocimiento de nuestros derechos en el Esequibo por importantes empresas internacionales, en sociedad con la República Federativa de Guyana y con el apoyo abierto de la dictadura cubana.

Agresiva frente a los vecinos del norte, lenidad y entrega frente a otros centros del poder mundial. De esa manera justifican, legitiman y activan mecanismos de persecución contra quienes deseamos libertad y modernidad para nuestra sufrida Venezuela.