• Caracas (Venezuela)

César Pérez Vivas

Al instante

El muro económico

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La dictadura comunista de la antigua República Democrática Alemana construyó un muro de concreto para impedir la salida de sus ciudadanos a la Alemania Occidental, o a otros países. Corea del Norte tiene alambradas en sus fronteras con el mismo fin. La dictadura de Fidel Castro ha sido cruel en impedir la salida de sus ciudadanos, obligándolos a lanzarse al mar en precarias balsas.

El gobierno de Maduro ha levantado un muro, no como el de Berlín; es un muro económico y financiero para impedir los viajes de los venezolanos, limitando severamente la salida de nuestro territorio a la inmensa mayoría de nuestro pueblo, instalando un confinamiento forzado.

La reciente decisión del gobierno socialista de reducción a su mínima expresión, hasta el punto de hacerlos casi inútiles, de los cupos de divisas para viajes y compras electrónicas, es la más clara confesión del rotundo fracaso del modelo rentista y corrupto que los rojos establecieron para contribuir al derroche y robo de la inmensa riqueza petrolera recibida por nuestro país en la primera década y media del presente siglo.

Los pocos beneficios que la bonanza petrolera les había dejado a sectores importantes de nuestra clase trabajadora y media han sido prácticamente  eliminados, porque tanto Chávez como Maduro permitieron el derroche y el robo de la renta petrolera, al instalar el modelo comunista en  el manejo de la economía.

En efecto, la estatización, mediante expropiaciones y confiscaciones de miles de industrias, empresas y unidades de producción agropecuaria, así como el empeño en convertir al Estado en operador económico, nos ha traído la pérdida de una cuantiosa fortuna, que hoy necesita nuestra maltrecha nación.

El empreño de hacer “una revolución pacífica, pero armada” nos llenó de chatarra militar rusa y China, en la que hemos malgastado más de 40.000 millones de dólares, con los cuales no podemos curar un enfermo, ni alimentar a un ciudadano.

El delirio de nuevo líder continental del extinto presidente Chávez, y su afán de desplazar a Estados Unidos de su influencia mundial, lo llevó a regalar a muchos países de este y otros continentes una suma con la cual nos hubiésemos podido convertir en una tasa de oro. Más de 35.000 millones de dólares perdimos gracias a la manirrota petrochequera, con la cual financiaron las obsoletas tesis del neocomunismo mundial.

La cúpula roja, con Chávez y Maduro a la cabeza, quebró este país, y ahora todos estamos sufriendo las consecuencias.

Los comunistas venezolanos, que hoy nos mal gobiernan, nos han arruinado los salarios y nos reducen el acceso a las divisas para forzarnos a permanecer en el territorio nacional. Se trata de una nueva forma de restricción de viaje o de migración.

Las recientes declaraciones del defensor del pueblo, Tarek William Saab, cuestionando el no regreso de estudiantes que han recibido divisas para su formación en el exterior, denota una intención de la cúpula gobernante de forzar la permanencia de ciudadanos en el territorio para ejercer el control político sobre la población.

Todos los sistemas autoritarios buscan aislar a sus ciudadanos. Lo hace Corea del Norte, lo ha hecho Cuba por décadas. Buscan lavar el cerebro de la gente, condicionarlos a recibir solo su versión y su visión del mundo y del país. Aislando al pueblo, sus aparatos de propaganda adelantan intensas campañas de culto a la personalidad de los autócratas y justifican sus fracasados modelos, o los presentan como lo máximo de la civilización.

El confinamiento y aislamiento que los sistemas autoritarios imponen a sus pueblos buscan evitar que los mismos aprecien, valoren y comparen los modelos de sociedad y la calidad de vida de cada país. De esa manera sus mentiras y manipulaciones penetran con mayor facilidad en los sectores que interesan someter.

En la Venezuela roja rojita nos someten al aislamiento con la pauperización del ingreso, y ahora con la liquidación progresiva de acceso a divisas para viajar o adquirir bienes y servicios electrónicamente.

Este cerco económico tendrá graves consecuencias en el aislamiento tecnológico y cultural del país. Los sectores académicos, tecnológicos, científicos y culturales registraran un nuevo atraso. No podrán asistir a eventos internacionales o promover intercambio de conocimientos, ni acceso a materiales y equipos científicos, pues esta medida los aísla totalmente.

Si en Venezuela no hubiésemos caído a los niveles paupérrimos de salarios e ingresos a que hemos descendido no sería problema acudir a divisas en un mercado libre, pero en una economía controlada y arruinada no se puede lograr ese acceso.

El cadivazo de Maduro es otro duro golpe contra un pueblo que resiste estoicamente la dictadura económica y política de la revolución bolivariana.

Es hora de liberar nuestra economía de la férrea dictadura a la que está sometida. Es hora de abrir cauces a una economía social y ecológica de mercado. Ello solo será posible con un cambio político en nuestra amada Venezuela. Por ese y para ese cambio luchamos cada día.