• Caracas (Venezuela)

César Pérez Vivas

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César Pérez Vivas

La misión arrase

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Las llamadas misiones socialistas se convirtieron en la excusa perfecta, mediante la cual la cúpula roja montó la mayor estructura de corrupción jamás conocida en la historia de Venezuela.

Justificar como inversión social el sinfín de mecanismos articulados había sido el mejor burladero para robarle al fisco nacional miles de millones de dólares provenientes de la renta petrolera, y para instalar un sistema populista que garantizara el piso político al régimen, y lograr el nacimiento de lo que se ha denominado la boliburgesía.

En paralelo, para recrear las envejecidas y obsoletas tesis de la ideología marxista, lanzaron una política de estatización de unidades de producción agropecuaria, agroindustrias y factorías de toda naturaleza, así como de comercios y servicios diversos, que han terminado por destruir nuestro aparato productivo.

Ambas líneas de política han creado una crisis de tal magnitud que los principales responsables de la cúpula gobernante se han visto obligados a poner en marcha “la misión arrase”.

No otra cosa estamos apreciando en las últimas horas, en esta Venezuela depauperada en la que vivimos. Ante la falta de producción nacional, y ante la carencia de dólares para importar, el “estado mayor contra la guerra económica” se ha dedicado a hostigar y apresar a propietarios y gerentes de las cadenas de distribución privadas de alimentos y medicinas, y a tomar por la fuerza las pocas existencias de alimentos producidos en la país, para abastecer las cadenas públicas de distribución de alimentos.

En Barinas han ocurrido dos hechos insólitos, la toma de un frigorífico de aves para sacar la existencia de pollo y llevarlo a las tiendas Mercal del área metropolitana de Caracas; y luego, la incautación ilegal y arbitraria de un lote de alimentos Polar.

Han obligado a varios frigoríficos a entregarle al gobierno lotes importantes de su producción.

Estamos asistiendo al  “arrase” de los activos que aún quedan en el sector de la producción de alimentos. La desesperación los está llevando a tomar por la fuerza lotes importantes de nuestro pie de cría, con el fin de dar respuesta a la demanda de carne. El pie de cría nacional ya ha sido reducido sensiblemente por la política de ocupación, invasiones dirigidas, confiscación y expropiación de unidades de producción agropecuaria, adelantadas a lo largo de estos años del socialismo bolivariano. De seguir esta razia, llegaremos a su cuasi liquidación.

En fin, estamos viendo cómo se pone en marcha “la misión arrase”. Será esta la última “misión” de la revolución. Ya no hay dinero para asignarles ilimitadamente a las otras misiones, y desde ellas sacar el respectivo provecho que hasta ahora han obtenido quienes han manejado las importaciones de alimentos, equipos, medicinas y otros insumos.

Al término de este festín de Baltazar, seguimos con un pueblo pobre y con una economía rentista y parasitaria. La gran bonanza petrolera de arranque del siglo XXI, ha sido dilapidada sin que nos quede infraestructura de calidad para el desarrollo, sin haber superado la pobreza, y con un  segmento de nuestro pueblo acostumbrado a la dadiva, y alejado de la vocación y disciplina por el trabajo.

Esta amarga experiencia del socialismo del siglo XXI, debe enseñarnos que la lucha para superar la pobreza no se logra con la demagogia populista que el chavismo impulsó en Venezuela. Que la política social debe estar destinada a sacar a los ciudadanos de su estado de dependencia, no a hundirlos en la limosna, frente a los funcionarios públicos que administran la riqueza del Estado.

“La misión arrase” será el colofón con el cual, aspiramos, se comprenda que el rentismo populista solo es fuente de corrupción y pobreza.

Nuestro desafío es crear una  economía productiva, generadora de riqueza, para contar con una fuente estable de financiamiento, y así poder desarrollar la política social que permita superar la pobreza. Ya ha sido dicho, la mejor política social es una buena política económica. De esa forma podemos poner en práctica el mensaje de su santidad Juan Pablo II: “La opción preferencial por los pobres es el compromiso de los políticos cristianos”, y ella no puede lograrse destruyendo la economía con latrocinio y castración de la libertad económica, y con desconocimiento de la propiedad privada.