• Caracas (Venezuela)

César Pérez Vivas

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César Pérez Vivas

La mentira como política

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Mentir es un pecado recurrente en muchas personas. Hacerlo de esa forma evidencia un vacío ético y espiritual del ser humano. Su presencia en la vida social causa daños importantes a la paz y a la convivencia de cualquier comunidad.  Cuando la mentira y la manipulación se convierten en política de un gobierno, de un sistema político,  las consecuencias son devastadoras.

Es lo que estamos viviendo en los días que corren en esta Venezuela socialista y revolucionaria. La mentira se ha convertido en el centro de la comunicación política. Desde el discurso presidencial hasta la conversación del más sencillo militante de la llamada “revolución bolivariana”, la mentira está presente de manera consciente y deliberada. Todo el discurso oficial, toda la propaganda gubernamental es una mentira permanente. Sus promotores se han acostumbrado de tal manera a mentir que han perdido toda dimensión de dignidad y vergüenza.

Podríamos escribir muchas cuartillas recordando los grandes episodios de la mentira chavista. Desde sus “epopeyas” del golpismo de 1992 hasta su torcida interpretación de la historia, todo montado sobre medias verdades que, por tales, terminan siendo una mentira que distorsiona el sentido real de nuestro acontecer.

Pero la crisis los ha reforzado en el arte de mentir. Son incapaces, todos los voceros de la cúpula roja, de aceptar los graves errores cometidos en la gestión de los asuntos públicos, sobre todo si el vocero tiene al frente un medio de comunicación social.  Uno que otro, muy en privado, terminan admitiendo que son conscientes de la mentira, pero deben repetirla para dar cumplimiento al libreto diseñado en los laboratorios del engaño, que el régimen ha instalado para justificar sus desaciertos y para tratar de engañar a un pueblo que cada día les descubre más claramente la perversa conducta que los mueve.

Esta conducta del disimulo y de la mentira es típica de los autoritarismos. Fue una práctica recurrente del nazismo. Joseph Goebbels, el conocido ministro de información y propaganda de Hitler, recomendaba mentir de manera sistemática, porque algo quedaba de esa operación. El régimen comunista soviético puso todo su empeño en un aparato de propaganda, basado en la mentira, para tratar de vender las bondades del socialismo real.

Los autoritarismos no permiten el debate abierto, ni la libertad de los medios de comunicación social, porque saben que ello hace ineficiente la política de la mentira, de “la verdad oficial”. Quien ponga en evidencia la falsedad del discurso oficial debe ser perseguido y sometido. De ahí la criminalización del periodismo libre, el irrespeto y la descalificación a quien ponga en evidencia las mentiras oficiales.

El socialismo del siglo XXI se ha graduado en el arte de mentir, y por eso avanza en la consolidación de su modelo autoritario.

La agudización de la crisis económica y social los lleva a profundizar en ese camino. Antes que rectificar y admitir los errores, los líderes del proceso revolucionario se hunden cada día más en el mismo fango de la mentira, la arbitrariedad, el burocratismo y la ineficiencia.

Todos los días repiten las mismas mentiras respecto de la causa de la crisis. Todos los días hablan de la “guerra económica”. De la “responsabilidad del imperio”  o de “la burguesía”. Jamás oímos una reflexión sobre el modelo equivocado       que aplican, y sobre el desastre económico que han producido.

Lo más dramático es el empeño de negar la realidad, de pretender esconder a los ciudadanos la magnitud de la crisis. Cuando el señor Maduro niega que “la caída de los precios del petróleo vaya a impactar el funcionamiento de la economía”. (El Universal 16-11-14) no solo miente descaradamente, sino que evade irresponsablemente un hecho que nadie desmerita como grave para nuestra vida económica, social y política.

Mucho más irresponsable, de parte de un jefe de gobierno, es decir: “Un gobierno revolucionario con poder económico como el que yo presido, tenemos planes para pasar cualquier situación así tiren los precios de petróleo a donde los tiren (...) Y garantizar las divisas que necesita el país para el funcionamiento de la economía.

“Yo garantizo a este pueblo todos sus derechos sociales a la salud, a la educación. Para seguir prosperando”, afirmó.

“No va a haber catástrofe ni colapso. Tenemos la capacidad financiera para todos los proyectos en bolívares que necesita nuestro pueblo”, insistió el mandatario.

Afirmar todo lo anterior es navegar sobre una mentira de tamaño colosal, y Maduro lo sabe. Por lo tanto, su mentira tiene una connotación perversa, pues al no hablarle con sinceridad y con la verdad a nuestro pueblo está cometiendo un crimen contra nuestra patria, y está dejando en evidencia la catadura moral que le acompaña.

El deber de Maduro es asumir la verdad de la crisis. Es decirle a nuestro pueblo que los días por venir serán más duros que los ya vividos con la inflación, la devaluación brutal del bolívar, la escasez, las colas, y la intranquilidad que genera la incertidumbre en la familia venezolana.

Frente a la mentira hecha gobierno y poder, la verdad se abre paso, porque la realidad vivida a diario por nuestro pueblo es más contundente y cruda, que los discursos de la cúpula roja y la propaganda de fantasías que transmite el aparato de propaganda del régimen.