• Caracas (Venezuela)

César Pérez Vivas

Al instante

La implosión social de la frontera

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La implosión producida por las arbitrarias medidas policiales y militares,  impuestas por la cúpula roja en la zona de frontera,  ha puesto de manifiesto lo absurdo y destructivo de las mismas.

Todos los argumentos ofrecidos por los voceros del régimen, para justificar la anti histórica medida del cierre fronterizo,  se derrumbaron como un castillito de arena en la playa.

Lo fundamental de los hechos ocurridos los días martes 5 y domingo 10 de Julio, cuando miles de personas buscaron pasar los puentes cerrados,  para ir a territorio colombiano;  y adquirir alimentos, medicinas y otros bienes, ponen en evidencia la dramática situación que vive el pueblo venezolano.

A pesar de que personeros del régimen, como el señor Vielma Mora, descalifique a esos ciudadanos, señalándolos de “bachaqueros”, y otros como la canciller Rodríguez lo nieguen, lo cierto es que tan masiva movilización solo evidencia necesidad, hambre y desespero.

Si bien la principal motivación para visitar Colombia está en el orden económico, no podemos dejar de lado, otras motivaciones que están presentes en la voluntad de miles de seres humanos de movilizarse al vecino país. Ahí entran elementos de orden familiar, cultural, deportivo, sanitario, académico y religioso.

La implosión social de la frontera ha quedado nítidamente evidenciada. Miles de seres humanos buscaron una válvula de escape, que por fortuna la tienen a la mano. Buscan resolver sus angustias en el Norte de Santander. No obstante, es claro que ello es solo una válvula de escape. No es ni de lejos, la solución a la tragedia que vivimos los venezolanos.

La mayoría de nuestros compatriotas no podrán por razones financieras y geográficas lograr mitigar sus necesidades con esta modesta concesión, que la autocracia ha otorgado en estas fechas.

Colombia, con todos los problemas que pueda tener, es un país con una gran capacidad y vocación de trabajo y producción. Con una economía más productiva y diversificada, por lo tanto tiene una oferta de bienes y servicios infinitamente superior a la que hoy tenemos los venezolanos. El drama de nosotros es la pulverización que el socialismo ha logrado de nuestra capacidad adquisitiva, del valor del salario.

En el gobierno de “los defensores de los trabajadores”, hemos perdido de manera dramática nuestra capacidad adquisitiva, nuestro poder de compra.

No es que en Colombia los precios sean muy caros, que de paso, en muchos rubros son más bajos que los ofrecidos en el escaso “mercado informal” de nuestro país, sino que nosotros no estamos ganando para acceder a los bienes elementales, que toda persona requiere para vivir.

Los precios de Colombia están en la media de los mercados internacionales, los salarios en Colombia también están en esa media. En Venezuela es donde los salarios se han depauperado de tal forma, que somos de los peor pagados en todo el continente.

Aun así, nuestro pueblo prefiere ir a Colombia, que salir por el atajo de la violencia o de la ilegalidad. Nuestro pueblo quiere resolver esta crisis de manera pacífica, sin tener que pasar por el camino de la violencia y del mayor sacrificio. Esto explica la magnitud de la movilización producida en estos días en nuestra frontera.

Es hora de entender el signo de los tiempos. Si desde 1959 se entendió lo normal del intercambio comercial y humano de esta frontera, con la firma del Tratado de Tonchala, como no pueden entender, casi 60 años después, en un mundo globalizado, que el libre tránsito de personas y mercancías en una conurbación como la de la frontera tachirense con Colombia, es esencial a la vida social de esos pueblos, y se procede a normalizarla, a facilitarla, como ocurre hoy en las naciones más civilizadas del planeta.

Las medidas restrictivas y represivas, impuestas por el gobierno socialista, han sido demolidas por la realidad. Se impone una apertura real y permanente de la frontera formal. Esa apertura debe ser con los métodos y mecanismos del siglo XXI. Seguir humillando a una población con pasos peatonales, para forzarlos a cargar con mercancías largos espacios, constituye otra agresión adicional.

El tránsito vehicular debe implementarse de inmediato. Si el régimen desea evitar la fuga de combustible subsidiado,  en los miles de vehículos que van a cruzar la frontera, puede evitarlo estableciendo una taza de salida del país a los vehículos, de modo tal que desestimule a quienes busquen cruzar con el fin de obtener un ingreso por este concepto. Hoy en día, con las tecnologías existentes, puede establecerse una tasa fácilmente controlable en cuanto al destino de ese ingreso, y a la operativa sobre el terreno de la misma.

Formulas y mecanismos para hacer un intercambio efectivo existen, solo que los gobernantes rojos, siguen empeñados en políticas fracasadas, propias del siglo XIX, o de la primera mitad del siglo XX. Es hora de entender que el elemento central de la situación de frontera es de naturaleza económico, y que como elemento complementario surgen los elementos de seguridad, salud, medio ambiente y de otra naturaleza.

Lograr un intercambio comercial y humano de elevada calidad,  supone en Venezuela, una economía sana y una conducción democrática del país. Entre tanto eso se logra, debe permitirse el  intercambio con las dificultades que nuestra actual situación está presentando. Impedirlo es buscar que la implosión pacifica de la frontera derive hacia escenarios de mayor violencia, con su consiguiente efecto destructivo.