• Caracas (Venezuela)

César Pérez Vivas

Al instante

La hora decisiva

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Termina la campaña electoral para renovar parlamento de nuestro país. Este fin de semana acudiremos a las urnas para elegir  nuestros representantes. Ha llegado la hora decisiva en una Venezuela angustiada, acorralada, pero esperanzada en un cambio y en un futuro digno para su vida.

Venezuela votará masivamente contra la barbarie en el poder. Votará por la alternativa democrática, votará para cambiar el rumbo de su destino.

El soberbio y grosero abuso del régimen será castigado en las urnas. La cruda y dramática realidad que vivimos no pudo ser ocultada ni  por la censura, ni por la masiva y burda propaganda manipulada, ni por el derroche y uso inmoral de los recursos del estado.

El estado autoritario será derrotado. Ya veremos en los días subsiguientes al 6D la dimensión de esa voluntad de cambio del pueblo venezolano, y sobre su cuantía y naturaleza,  podremos pensar en la agenda política que requerimos continuar trabajando para lograr el cambio global de los poderes públicos, y la gobernabilidad que la sociedad va a requerir, a los fines de salir del estado de pobreza y desolación en que nos encontramos.

El régimen no tendrá otro camino que aceptar, a regañadientes y a medias,  la voluntad mayoritaria del pueblo venezolano. Tal aceptación, su naturaleza, variará de conformidad con el alcance de los resultados en las urnas.

La aceptación democrática de un proceso electoral, no se limita a reconocer que la voluntad ciudadana favoreció a otros actores, se trata de una conducta más amplia. Se trata de aceptar la plena vigencia de la institucionalidad que el voto instala en la estructura del estado, y en respetar la legitimidad de la representación emanada desde las mismas entrañas de un pueblo.

Esta es la verdadera dimensión de la aceptabilidad democrática, elemento clave del pluralismo político, sobre el cual se funda la sociedad moderna y el estado de derecho.

Decir que el competidor o el adversario ganó, no es suficiente para considerar que se está aceptando la voluntad popular.

El socialismo del siglo XXI, por su raigal vocación autoritaria, nunca ha aceptado plenamente los resultados adversos en las urnas.

Expresa de palabra,  que reconoce la elección de un opositor para un determinado cargo de elección popular, o admite no ganar, cuando una propuesta suya es rechazada, pero igualmente desconoce luego el mandato impartido desde el voto ciudadano.

Los ejemplos, de esta antidemocrática conducta, sobran a lo largo de estos ya largos tres  lustros de su hegemonía.

Recordemos el comportamiento de Hugo Chávez, con ocasión de la decisión del pueblo venezolano de rechazarle su proyecto de Reforma Constitucional, presentada a referéndum el 2 de diciembre de 2007. Aceptó de palabra los resultados negativos de la misma. Aceptación ofrecida con un lenguaje vulgar, impropio de un jefe de estado.

En la práctica no aceptó tal mandato. Aprovechando el control total de la Asamblea Nacional, como consecuencia de nuestra ausencia en las parlamentarias del 2005, se dedicó a convertir en leyes buena parte de las iniciativas propuestas en la reforma constitucional. De modo que en la realidad concreta, Chávez desacató el mandato popular, y utilizó una asamblea sumisa para convertir en ley, lo que no pudo convertir en texto constitucional.

Igual ha sido el comportamiento de la cúpula roja, cuando han perdido magistraturas importantes en la estructura del estado, como gobernaciones de estado, alcaldía mayor, o alcaldías en diversos municipios del país.

Reconocen de forma al gobernante electo, le entregan su credencial como tal, lo dejan tomar posesión del cargo. Acto seguido, viene un desconocimiento de hecho. Desarrollan todo un conjunto de iniciativas, tanto en el plano de la legislación, como el plano de la actividad administrativa y política, para vaciar de capacidad legal y fáctica la operativa de dichas instituciones, hasta el punto de convertirlas en entidades sin capacidad de cumplir con la misión asignada.

Ejemplo de tal comportamiento antidemocrático, lo ocurrido con la Alcaldía Mayor de Caracas. Desde el momento en que el oficialismo perdió esa instancia de gobierno se modificó su marco legal. Se le vaciaron sus competencias, se le sustrajo el presupuesto, y la convirtieron en un cascaron vacío. Fue tal el descaro,  que crearon una Jefatura de Gobierno del Distrito Capital, funcionario designado por el Presidente de la República, para así dejar de lado al Alcalde Mayor de Caracas.

Con las gobernaciones de estado ha ocurrido lo mismo. Se aceptan a los gobernadores opositores. Pero se modificaron leyes fundamentales, en abierta violación a la Constitución, para quitarle sus competencias. De esa manera, sobre una supuesta “base legal” se le sustraen a los gobiernos regionales de signo político distinto, competencias que a los gobiernos regionales alineados se les mantienen.

Además de esos atropellos, se les escamotea el presupuesto y se instala gobiernos paralelos, a través de las llamadas Corporaciones de Desarrollo, desde donde se sabotea su trabajo.

Este será, estoy seguro, el comportamiento del régimen con la Nueva Asamblea Nacional, a elegirse el próximo domingo.

Reconocerán que perdieron, dejaran que se instale, y luego vendrá un progresivo desconocimiento de sus competencias, lo cual generará una etapa de confrontación y turbulencia política.

Aun así,  será de extraordinaria valía política e institucional, la victoria que obtendremos este 6 de diciembre.  Será el comienzo de un cambio que debemos seguir luchando.