• Caracas (Venezuela)

César Pérez Vivas

Al instante

El escalamiento del hambre y la protesta

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El hambre y la protesta van de la mano. La cúpula roja, comandada por Maduro y Cabello, no tienen la mínima capacidad de respuesta para salir de la dramática crisis humanitaria que padecemos los venezolanos. Por el contrario, cada día dan un paso más hacia el fondo del abismo.

La protesta popular ocurre cada día en los cuatro puntos cardinales de la patria. El discurso oficial, la propaganda gobiernera y la represión no logran esconder la cruda realidad que sufrimos ante la falta de alimentos, medicinas,  y dinero para adquirir lo poco que se ofrece en el mercado nacional.

En la medida que la escasez ha escaldo, viene escalando la protesta. Esa protesta se está saliendo de cauce y está degenerando en una creciente violencia que amenaza severamente la paz de nuestra nación.

En la provincia venezolana, las colas y la escasez tienen cerca ya más de dos años. Los cortes eléctricos se convirtieron en rutina desde hace más de cuatro años. El régimen había cuidado que estos males no se presentaran en la ciudad de Caracas. Se esmeraban en forzar el suministro de alimentos y energía al municipio Libertador. La orden ha sido precisa. Que no falte la comida, y que no se interrumpa el fluido eléctrico en las parroquias del centro capitalino. Catedral, La Pastora, Santa Teresa, Santa Rosalía, Catia y otros sectores contiguos al epicentro del poder deben ser plenamente abastecidos.

Llegó la hora de la verdad, ya no hay comida ni energía para esas zonas de nuestra capital. Y como es natural surge con fuerza la protesta.

La misma ha llegado con tal determinación, que podemos afirmar: se le está cerrando el círculo a la ineficiente e insensible cúpula gobernante.

La semana que pasó fue especialmente demostrativa del fenómeno que se incuba en el alma colectiva, y fundamentalmente predictiva de lo que va a ocurrir en los días por venir.

Estamos a las puertas de un escalamiento del hambre, y por consiguiente de la violencia.

Un pueblo con hambre no razona. Un pueblo con hambre se enfada y desata su furia. Ya lo hemos visto en otros momentos de la historia.

La hambruna provocada por el socialismo del siglo XXI no tiene precedentes en nuestro país, y solo se compara con la producida por la tiranía de los hermano Castro en Cuba.

Los desbordamientos de la protesta, convertidos en saqueos y muerte se han venido presentando en casi todos los estados de nuestro país. Lo novedoso ahora es que esta conducta se está presentando en las zonas neurálgicas del poder.

Como no hay capacidad para atender la demanda de la población, como el problema se está agravando cada día, la conflictividad crecerá exponencialmente, y sus efectos serán, lamentablemente, muy lesivos a la vida social de nuestra Venezuela.

Lo ocurrido en Catia, Petare, La Urbina y en la avenida Urdaneta, en pleno centro caraqueño, son la muestra de que el citado escalamiento es una realidad incontrovertible.

¿Cuánta protesta y cuánta violencia necesitan los jefes de la cúpula roja para entender que deben abrir las compuertas de la participación popular?

La cruda realidad social y política obligará, más temprano que tarde, al ineficiente Maduro a buscar una solución rápida, para no tener que soportar situaciones indeseables. La represión no podrá detener esa dinámica en marcha.

La sociedad democrática ha lanzado una solución pacífica, constitucional y democrática. El referéndum democrático. Los autócratas lo niegan. De seguir el escalamiento aquí descrito, ellos mismos lo van a buscar. A menos que la indignación y el hambre combinados se desaten,  y no les dé tiempo de aceptar una solución política al caos. El cambio es indetenible porque esta revolución se autodestruyó.