• Caracas (Venezuela)

César Pérez Vivas

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César Pérez Vivas

La eficacia del diálogo

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Los venezolanos estamos expectantes respecto a los resultados de los encuentros, diálogos y debates entre el gobierno y la oposición democrática, representada por la MUD.

La magnitud de la crisis hace que en todos los sectores de nuestra sociedad, se piense a toda hora sobre los resultados de dichos encuentros.

Desde los que consideran el diálogo una quimera hasta quienes pensamos en la necesidad de intentarlo para explorar algún camino, que en el peor de los casos defina reglas para una coexistencia pacífica en la que sea posible dirimir las profundas diferencias existentes respecto a la forma y modelo de sociedad que deseamos para nuestra patria.

No es la primera vez en la historia de Venezuela, para solo referirnos a nuestra patria, que un proceso de diálogo y negociación tiene efectos limitados, o no cristaliza en soluciones definitivas.

Un ejemplo de un proceso de diálogo con efectos limitados lo constituye el adelantado por Bolívar y Morillo, que concluyó con la firma del armisticio y regularización de la guerra el 27 de mayo de 1820, y el encuentro de ambos líderes en la población de Santa Ana de Trujillo.

No se logró la paz, solo un cese temporal de hostilidades y la regularización de la guerra. Acuerdo que solo duró dos meses, pero que muestra las bondades de explorar algún tipo de acuerdo.

El esfuerzo actual, por supuesto tiene otro contexto político, histórico y social, pero no deja de tener especial importancia, ya que la fractura de nuestra sociedad ha llegado a niveles tan graves que estamos en el deber de intentar detener para evitar un mayor deterioro del clima de convivencia, hasta el punto de lanzarnos por el despeñadero de la guerra civil, que algunos personajes alegremente plantean para hacer que su lectura de la situación prevalezca.
Se trata de un proceso complejo y difícil, por la naturaleza antidemocrática de los personajes que detentan el poder del Estado.

La sociedad democrática debe dejar constancia ante nuestro pueblo, y ante los pueblos de nuestro continente, de su decidida apuesta por la paz y por la democracia. Los planteamientos formulados son de tal contundencia que ante un observador equilibrado tienen justeza, certidumbre y racionalidad.
Vale decir, la vocería democrática expresó el sentir de nuestro pueblo y formuló una hoja de ruta enmarcada en los valores y principios universales de la justicia y la democracia.

Se trata de un planteamiento hecho con sentido humanista y venezolanista por compatriotas calificados ética y políticamente. De ahí que debemos rechazar malsanas opiniones destinadas a descalificar a nuestros interlocutores, a presentarlos como agentes encubiertos del régimen o como ingenuos personajes que favorecen la autocracia. Ellos cumplen con un deber patriótico, cargados de buena fe y realismo político.

La eficacia del diálogo es una responsabilidad fundamental del gobierno, y especialmente de Nicolás Maduro. Ellos tienen el control de todas las decisiones del Estado. Los planteamientos formulados tienen pertinencia política y viabilidad en el ordenamiento constitucional. Las limitaciones, que pudieran alegarse en el marco del derecho positivo construido en estos años del socialismo del siglo XXI, tienen el camino abierto para su adecuación en la Asamblea Nacional con un acuerdo en el marco de este diálogo.

La sociedad democrática tiene por supuesto una cuota de responsabilidad, sus planteamientos no constituyen una propuesta irracional, como para impedir que se avance a logros concretos.

Una postura intransigente del gobierno, que impida logros concretos, y que haga ineficaz la tarea en desarrollo, va a mostrar una vez a propios y extraños de qué lado de nuestra sociedad está la voluntad política de construir una coexistencia civilizada.

Tal conducta será un elemento adicional a la tarea de seguir acumulando apoyo ciudadano y político al objetivo de instaurar, mediante el voto popular, una democracia moderna.