• Caracas (Venezuela)

César Pérez Vivas

Al instante

El compromiso ciudadano

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Es ya un lugar común la expresión según la cual “los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”.

La indiferencia de muchos ciudadanos respecto a la conducción de los asuntos públicos, el pragmatismo de solo valorar su particular interés en la relación Estado-persona, el asumir los temas políticos desde una postura de fanatismo,  al margen de un ética racional, la recurrente emocionalidad que prescinde de una valoración integral de los liderazgos y movimientos políticos han sido, históricamente, causa de múltiples fracasos en los procesos de desarrollo democrático de los pueblos.

Esos elementos generan un estado de postración en las sociedades que permiten el surgimiento de sistemas políticos y gobiernos antidemocráticos con todas las secuelas que ellos representan.

Surge la anomia como expresión de una sociedad enferma. El desinterés por lo público toma cuerpo. El desprecio por la política y los políticos se convierte en denominador común de la vida colectiva. Los pueblos terminan en brazos de improvisados demagogos y mercaderes que los conducen a la histeria colectiva, no pocas veces a la violencia, y en todos los casos a la pobreza.

Por eso muy importante trabajar en la superación de esos niveles de postración espiritual en los que caen las sociedades.

Es menester trabajar en la construcción de ciudadanía. En fortalecer los valores cívicos, democráticos, solidarios y sociales de las personas. No se trata de exigir derechos solamente. Se trata de asumir el compromiso de cooperar en la construcción de una sociedad moderna, justa, equitativa y por ende democrática.

No se trata de convertir a los hombres y mujeres de una sociedad en actores políticos. Se trata de lograr que cada persona sea un ciudadano. Un ciudadano que evalúa su entorno local y supralocal. Que busca impulsar procesos de crecimiento espiritual y material para su comunidad.

Un ciudadano para quien lo político no le es ajeno. Para quien lo político importa significativamente, ya que comprende perfectamente su impacto en todos los quehaceres de la sociedad.

Se trata de una persona dispuesta a evaluar la diversidad de opciones políticas que la sociedad ofrece. Que acepta el pluralismo ideológico y político como parte de la riqueza social. Que rechaza las visones únicas y los liderazgos únicos.

Se trata de una persona exigente con el liderazgo. Capaz de evaluar todas las facetas del mismo, y de reconocer sus logros, así como de reclamar civilizadamente sus errores y carencias.

Un ciudadano participativo y responsable, capaz de sobreponerse a las emociones que la vida pública depara.

Solo así podremos tener mejores gobiernos y mejores liderazgos.

Si los ciudadanos se desentienden de la política, esta será fácilmente tomada por los oportunistas y logreros. Si los ciudadanos evalúan a los actores políticos, estarán en capacidad de ponderar capacidad y trabajo. Ética y compromiso social. Coraje y determinación para afrontar las dificultades. Trayectoria y desempeño. Realidades en las que han tenido que actuar.

La política debe ser el campo del servicio colectivo, desde donde se articulan todos los esfuerzos, y todos los sectores de una sociedad, que trabajan por su desarrollo y crecimiento.

Pero esa valoración de la política y de los políticos, tiene que tomar en consideración el momento histórico en el que actúan. “El hombre es el hombre y sus circunstancias”, solía expresar el pensador hispano don José Ortega y Gasset.

Es menester entender cada momento y circunstancia para valorarla adecuadamente.

Los sectores dirigentes de una sociedad, especialmente los de la comunicación social y la cultura, tienen en el proceso de formación de ciudadanía una gran responsabilidad. No pueden jugar al tremendismo o al revanchismo, cuando de defender sus intereses se trata.

Cuando han actuado así, han contribuido significativamente a la frustración colectiva, y al surgimiento de la antipolítica, de la autocracia y de la ruina espiritual y material de los pueblos.

Nuestra Venezuela ha vivido esos episodios. Hemos padecido errores y políticas equivocadas del liderazgo, pero también hemos padecido una carencia de compromiso ciudadano.

Donde esa falencia ha sido más protuberante es en sectores influyentes de nuestra sociedad, que jugaron irresponsablemente al oportunismo, al tremendismo y a la revancha.

Ello contribuyó significativamente al surgimiento de la autocracia despilfarradora que hoy tenemos.

Es hora de enmendar errores, de trabajar para elevar el compromiso ciudadano por la democracia y la libertad.

Lejos estamos de colocar la política y a los políticos en el altar de lo perfecto y lo puro. Pero por andar buscando lo perfecto, hemos perdido bastante de lo bueno que como sociedad habíamos logrado.

Somos conscientes de las graves carencias de nuestros partidos, y de quienes hacemos política. Necesitamos menos y mejores partidos. Necesitamos más y mejores políticos. Necesitamos entender la profunda connotación humana de la política y de los políticos. Solo así haremos lo correcto para superar vicios y deficiencias. Solo así podremos recuperar la democracia, hacerla crecer y, junto a ella, recuperar y hacer crecer esta Venezuela de nuestras angustias y quehaceres.