• Caracas (Venezuela)

César Pérez Vivas

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El comodín del paramilitarismo

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La falta de seriedad, honestidad y profesionalismo de los altos y medianos funcionarios del actual régimen venezolano se pone de manifiesto en múltiples actuaciones de su vida pública y privada. La cúpula gobernante no guarda ninguna forma a la hora de inventar justificaciones para sus erráticas políticas.

Un caso recurrente es el relativo al llamado paramilitarismo. Para los jefes de la revolución todo lo que sucede en materia de violencia, delincuencia común y hechos ilegales es culpa de “los paramilitares.”

Lo paramilitares se han convertido en el comodín, en la justificación permanente a la grave situación de criminalidad en la que nos encontramos. De esta forma los gobernantes rojos buscan desviar la atención ciudadana respecto a la grave connivencia del régimen con el mundo del delito. Desde los encendidos discursos del difunto comandante Chávez, justificando el robo si había hambre, hasta la organización de verdaderos escuadrones delincuenciales, bajo el pomposo nombre de “colectivos sociales” dedicados a intimidar, hostigar, lesionar y hasta asesinar a disidentes políticos, han sido formas de tolerar el mundo delincuencial, para quienes se ha desarrollado una política permisiva que les permite actuar con la confianza de que no existe una firme decisión de combatirlos y someterlos al imperio de la ley.

El régimen, desde el Poder Ejecutivo y Legislativo, incluido el sistema de justicia, ha sido implacable con sus opositores y críticos, pero ha sido benigno con los delincuentes que se dedican al robo, al secuestro y al asesinato de inocentes ciudadanos.

Cuando ocurren hechos que conmueven a la opinión pública surge de inmediato, desde las vocerías oficiales, el discurso de “la siembra de paramilitares” traídos de manera intencionada a las barriadas para promover una violencia artificial.

Cualquier ciudadano colombiano que aparezca vinculado a un hecho criminal de inmediato es señalado como “paramilitar”. En un país que ha recibido a lo largo de los años millones de seres humanos provenientes de la hermana Colombia, les resulta muy fácil a los oficialistas señalarlos como “paramilitares”.

Tal categoría busca ideologizar el crimen y el delito. Reducirlo a un hecho exclusivamente político. Es decir, justificar la grave crisis delictiva como el resultado de un perverso plan de un sector político para perjudicar al gobierno socialista. Se trata de colombianizar nuestra violencia criminal para ubicarla  en un contexto político muy distante de la auténtica realidad que sufrimos los venezolanos.

Lo cierto es que en Venezuela el único sector político que ha organizado grupos armados al margen de la ley, con el propósito de “defender la revolución”, es precisamente la izquierda radical que nos desgobierna. No olvidemos las llamadas Fuerzas Bolivarianas de Liberación, mejor conocidas en el suroeste venezolano como los boliches. Tampoco los llamados “colectivos” que dominan, más allá de la fuerza institucional del Estado, áreas geográficas del oeste de Caracas. Estos grupos sí pueden ser llamados con propiedad “paramilitares”, dado que son creados, estimulados y financiados por el mismo gobierno.

Lo demás es propaganda mentirosa, forma irresponsable de justificar la desbordada criminalidad y más recientemente la creciente explosión social que la escasez, la inflación y el hambre está produciendo en nuestro pueblo, tal como ocurrió con los hechos violentos registrados en la ciudad de San Félix, estado Bolívar, el pasado viernes 31 de julio, cuando sectores populares saquearon un establecimiento comercial dedicado a la distribución de alimentos, con el lamentable resultado de un joven fallecido y varios heridos. Los voceros oficiales repitieron la consigna: “Se trata de paramilitares infiltrados”.

Tanto la escasez como la violencia, la inflación y otros males son fruto del paramilitarismo. El mismo Maduro lo señala de la siguiente manera:

“Dicen que no hay determinados productos, pero van para Cúcuta y los consiguen todos; van para Aruba y los consiguen; y van a los sitios de los bachaqueros y están surtidos. Nosotros con las OLP hemos conseguido centros de bachaqueros surtidos hasta los tequeteque. Con las OLP vamos a liberar esta patria de paramilitarismo, tenemos que hacerlo, es una línea de ataque de ellos, pero les salimos con las OLP. Esta oligarquía va a recibir su lección bien merecida, cada día que pase”.

Como se puede observar, el paramilitarismo es la causa de todos los males. A ello se suman las ya clásicas excusas y culpables: la guerra económica, la derecha maltrecha, el imperialismo, la oligarquía colombiana, Uribe y otros actores.

Más evidencias sobran. Lo que está claro es la descomunal irresponsabilidad de una clase política, profundamente ignorante e inmoral, que en mala hora asumió la conducción de nuestra patria. Es hora de sustituirlos y el 6-D tenemos la gran oportunidad de iniciar ese cambio, con la elección de una nueva Asamblea Nacional.