• Caracas (Venezuela)

César Pérez Vivas

Al instante

Venezuela en la OEA

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El 21 de julio de 2009 Antonio Ledezma, Pablo Pérez, Milos Alcaly y quien esto escribe nos reunimos con el entonces secretario general de la OEA para solicitar sus buenos oficios, y por su intermedio los de la OEA, a los fines de denunciar el avance del proyecto autoritario que venía aplicando el extinto presidente Hugo Chávez.

A finales de 2008 habíamos ganado, los demócratas venezolanos, las elecciones regionales en las plazas electorales más significativas del país. Caracas, Miranda, Zulia, Carabobo, Lara, Nueva Esparta, y Táchira. Estos resultados llevaron a Chávez a desconocer en la práctica la voluntad popular, adelantando un vaciamiento de las competencias de las entidades regionales, bloqueando la gestión de nuestras administraciones, reteniendo fraudulentamente los recursos financieros legalmente establecidos, e instalando gobiernos paralelos para impedir un mejor desempeño de las nuevas administraciones regionales y locales. Se desarrollaba una flagrante violación de la Constitución de la República, y se desconocían reglas fundamentales de la vida democrática.  
Nuestra visita a Washington tenía como objetivo poner en conocimiento de la comunidad hemisférica el avance del autoritarismo bolivariano, y solicitar a la luz de la Carta Democrática Interamericana gestiones para detener las violaciones constitucionales, y lograr el reconocimiento de los gobiernos que presidíamos. Entendiendo por reconocimiento el respeto a las competencias consagradas en el texto constitucional, y el cese del hostigamiento de los poderes públicos controlados férreamente por el teniente coronel presidente.

En medio del respeto, que un encuentro entre personas civilizadas ofrece, el entonces secretario Insulza fue claro y directo con nosotros. Como secretario general no podía adelantar ninguna acción en los órganos de la OEA, por cuanto ese cuerpo era una entidad de los gobiernos del continente, y ningún Estado apoyaría incitativa alguna que afectara al gobierno venezolano, el cual contaba con el apoyo irrestricto de la mayoría de los gobiernos de la región.  El tema solo podría ser tratado si alguna delegación lo planteaba; pero expresó que la Secretaría General no podía trasmitir la denuncia que los gobernadores y alcaldes estábamos presentando.
Siete años después la situación ha cambiado radicalmente. Ahora sí ha podido el secretario general de la OEA presentar un informe detallado de la situación venezolana ante el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos.
Ciertamente, ahora el nivel de avance de la autocracia del siglo XXI es superior. Las violaciones de la Constitución, los derechos humanos, el principio de separación de poderes son tan ostensibles que no pueden ser ocultados. Los voceros del régimen madurista, antes que ofrecer alguna explicación piadosa de la crisis, o un compromiso de rectificación, lanzan tal cúmulo de agresiones y expresiones destempladas que solo permiten confirmar el cuadro de intolerancia, agresividad y abusos que distingue al actual gobierno venezolano.

La profundización de la crisis política, económica y social  venezolana es tan evidente que ninguna propaganda, ningún lobby y ningún discurso pueden ocultarla.

Es cierto que la geopolítica continental también ha cambiado. Que hoy hay menos gobiernos cómplices de los desafueros del régimen bolivariano, pero también es cierto que gobiernos de signo político afín al venezolano han tomado distancia ante los groseros desafueros que he reseñado. En este sentido, el comportamiento de gobiernos como los de Uruguay y Chile son muestra inocultable de que la retórica de la Guerra Fría, que la tesis de la invasión yanqui y de la guerra económica no convencen ya a esos gobiernos,  que hace siete años no ofrecían ninguna oportunidad para conocer, y menos discutir, las muestras ya incontrovertibles de la ruta autoritaria por la que se había lanzado el llamado socialismo del siglo XXI.

La jornada de la semana anterior en la sede de la OEA ha significado un triunfo indudable de la sociedad democrática venezolana. Lograr que el secretario general Almagro haya presentado un informe, acogiendo las múltiples denuncias presentadas en nuestro país sobre violación de los derechos humanos, los presos políticos, el establecimiento de una dictadura de nuevo cuño, y la inmensa crisis económica y social que nos ha traído una tragedia humanitaria, constituye un logro significativo, pues el régimen quedó desnudo ante la comunidad internacional. Este informe fue posible porque sin lugar a dudas los gobiernos del continente han entendido la realidad que padecemos y han abandonado la solidaridad automática que tenían con la cúpula roja. El voto favorable de la representación de 20 países constituye un avance significativo.

El discurso torpe y elemental con que la señora canciller del gobierno revolucionario pretendió evitar ese debate solo permitió confirmar a la opinión pública continental la naturaleza antidemocrática de quienes gobiernan nuestro país.

Si bien es cierto que el restablecimiento de la democracia en Venezuela será fruto de la lucha que venimos librando los ciudadanos, los partidos democráticos y el resto de la sociedad civil; tampoco es menos cierto que una comprensión y una solidaridad de nuestros vecinos en el continente nos anima a perseverar en esa lucha constitucional y democrática, y se convierte en un dique a mayores abusos, de los funestos personajes que dirigen los poderes confiscados de nuestra patria.

En conclusión, Venezuela fue oída y respaldada en la OEA. El régimen madurista recibió su castigo.