• Caracas (Venezuela)

César Pérez Vivas

Al instante

Represión, fanatismo y corrupción

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La represión, el fanatismo y la corrupción combinados, constituyen un coctel supremamente peligroso para cualquier sociedad.

Venezuela es víctima de la presencia de estos tres males sociales de manera creciente. En efecto,  el Socialismo del Siglo XXI, ante su monumental fracaso económico y social, no tiene otra respuesta para callar el  descontento popular, que aplicar una progresiva represión. El control político de los poderes del estado, y el control fáctico de la inmensa mayoría de los medios de comunicación existentes, busca borrar o reducir  la evidencia de esta lacra, y proteger a los responsables políticos y materiales de graves delitos contra los derechos humanos del pueblo venezolano.

El gobierno socialista o bolivariano ha venido endureciendo su postura represiva frente a todo tipo de disidencia. Recurre cada día con mayor decisión a encarcelar a quienes ellos estiman, constituyen emblemas, de los sectores a someter, para que el reclamo se atenúe y no altere la estabilidad del régimen. Por ello llevan a la cárcel a dirigentes políticos, a periodistas, a empresarios y productores. El régimen necesita meter miedo en cada sector social. Quiere silencio, y sumisión del cuerpo social.

En el marco de ese incremento brutal de la represión, la muerte es el paso superior. Ya la han aplicado. Cada vez que sectores sociales toman las calles para protestar, y/o salen de los guetos a los que se les ha confinado, aparecen los muertos a manos de funcionarios de los cuerpos de seguridad o de los grupos paramilitares socialistas. Así ha ocurrido con muertes como las de Bassil Da Costa, Geraldine Moreno, Daniel Tinoco, Wilfredo Rey y más recientemente el estudiante tachirense de bachillerato Kluivert Roa.

Estos crímenes no son hechos aislados. Estos crímenes obedecen a una forma de entender el la vida social y el poder.

Aquí entra en juego el tema de la ideologización y el fanatismo. Estos modelos autoritarios, como ha evolucionado el socialismo del siglo XXI, pretenden perpetuarse en el poder, mediante la implementación de una ideología que privilegia la hegemonía, el culto ilimitado a la personalidad, su permanencia “para siempre” en el poder, de ahí la consigna “no volverán”, y el control absoluto del estado y la sociedad.

Para lograr esas metas, es menester fanatizar a todos los seguidores del régimen, pero sobre todo a quienes trabajan para el estado. Especial labor en esa dirección, se adelanta en todos los cuerpos de seguridad del estado, desde la Fuerza Armada Nacional, hasta todas las policías y entes vinculados a los temas de seguridad.

Definir a la Fuerza Armada Nacional y a la Policía Nacional como “chavistas”, “socialistas”, “antiimperialistas”. Llenarlas de consignas ideologizantes que se les hace repetir cada día a sus integrantes, hasta el punto de fanatizarlos, definiendo como “enemigos” y “traidores a la patria”, a toda persona que proteste, reclame o disienta de “la revolución”, constituye el ingrediente fundamental para que estos cuerpos salgan a la calle con una carga psicológica capaz de matar, al apenas ver frente a sí. a indefensos seres humanos, como ocurrió con el niño Roa, en una calle de San Cristóbal.

Es en este marco político e institucional, que aparece la resolución 8610 del Ministerio de la Defensa, mediante la cual, de manera inconstitucional e ilegal, se autoriza la utilización de armas letales en manifestaciones públicas.

Más allá de las precisiones jurídicas y éticas de dicha resolución, la misma de manera genérica, se convierte en una licencia para disparar contra un pueblo desarmado que protesta cada día más. Se ha establecido una “doctrina” de seguridad que cada jefe militar o policial, o que cada funcionario en la calle, la interpreta a su manera. La combinación es supremamente peligrosa: fanatismo y autorización para llevar armas a manifestaciones ciudadanas.

Imbuidos del fanatismo ideológico, y en nombre de la revolución, se puede cometer cualquier violación a los derechos de los ciudadanos. Tal poder en manos de funcionarios militares y policiales, en manos de jueces y fiscales, se ha convertido igualmente en la gran oportunidad para extorsionar a miles y miles de ciudadanos. No hay casi ya,  alcabala, puesto de control, o estrado judicial, donde esta combinación, no ofrezca la oportunidad para sacarles dinero ilícitamente a los ciudadanos.

Salvo en los casos emblemáticos, donde no hay forma de conseguir justicia, todo los que no tienen esa connotación, se convierte en una oportunidad para la coima. Todo en nombre de la defensa de la revolución.

He aquí la forma como en el socialismo bolivariano se entrelazan estos tres males: la represión, el fanatismo y la corrupción.