• Caracas (Venezuela)

César Pérez Vivas

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César Pérez Vivas

¿Golpe o autogolpe económico?

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La crisis avanza, hace estragos en la familia venezolana, crispa el ambiente social y genera una sensación de inestabilidad política que llega a la misma cúpula del régimen.

El discurso del presidente Maduro, y de los demás voceros de la élite gobernante, no deja lugar a dudas. Hay un ambiente de perturbación en nuestra sociedad. Tal es el grado de zozobra que el propio Maduro lleva días hablando de “emboscada” y de “golpe económico”.

Tamaña declaración es un reflejo del clima que se vive en las alturas del poder. Hemos llegado al punto de que el propio presidente anuncia la existencia de “un golpe continuado”.

Todo este planteamiento de los voceros de la barbarie roja busca evadir la realidad, esconder la magnitud de la crisis y justificar sus primeros efectos visiblemente disolventes, imputándoles a otros la responsabilidad del caos en que nos encontramos inmersos.

Cada día, menos gente acepta la historieta de los voceros del desgobierno. Cada día los argumentos de “guerra económica”, del “contrabando”, de “intereses del imperio”, de “las maniobras de la oligarquía”, como responsables de la crisis, son rechazados en las propias bases del PSUV. No solo las encuestas de opinión así lo registran, sino la creciente protesta social de sus propios seguidores lo ponen de manifiesto.

Ahora Maduro habla de un golpe económico. De dicho discurso se infiere que  el presidente considera estar inmerso en una situación insurreccional. Si eso fuera cierto, ello solo es posible por quienes le rodean. Los sectores democráticos no quieren, no pueden y no estamos interesados en una solución violenta de la crisis.

Pero si el jefe del gobierno considera “un golpe” la creciente devaluación del bolívar, la escasez dramática de los bienes y servicios, que han llenado de colas todas las comunidades del territorio nacional, debemos afirmar que estamos frente a un “autogolpe”.

En efecto, los males que nos aquejan son el resultado de la aplicación de un modelo fracasado en diversas latitudes del planeta. A pesar de las múltiples advertencias formuladas en diversos escenarios y medios de comunicación, respecto a la inviabilidad del mismo, tanto el extinto presidente Chávez como su sucesor y toda la vocería oficial, se han empeñado en continuar desarrollándolo.

Lo ha ratificado de manera contundente el más reciente documento de la Conferencia Episcopal Venezolana, titulado “Renovación ética y espiritual frente a la crisis”. En efecto, en el numeral 6° de dicho documento, nuestros obispos expresan:

“El mayor problema y la causa de esta crisis general, como hemos señalado en otras ocasiones, es la decisión del gobierno nacional y de los otros órganos del poder público de imponer un sistema político-económico de corte socialista marxista o comunista. Ese sistema es totalitario y centralista, establece el control del Estado sobre todos los aspectos de la vida de los ciudadanos y de las instituciones públicas y privadas. Además, atenta contra la libertad y los derechos de las personas y asociaciones y ha conducido a la opresión y a la ruina a todos los países donde se ha aplicado”.

Como es costumbre, ni los titulares de los poderes públicos, ni los voceros políticos, periodísticos o publicitarios del régimen se detienen a oír y analizar con respeto estas observaciones. Su respuesta ha sido el insulto, la ofensa y la descalificación a nuestros pastores, con todo tipo de adjetivos. Tan despreciable conducta, no desmonta la verdad del mensaje emitido, ni mucho menos borra la realidad que a diario apreciamos en todos los puntos cardinales del país.

La conclusión es más que evidente, aquí no hay un golpe económico, aquí hay un autogolpe. Nadie le impuso a los gobernantes de turno el arcaico modelo comunista. Nadie los obligó a transitar la senda del marxismo, mediante el cual han intervenido, en abierta violación del orden constitucional, la economía, hasta el punto de destruir nuestro aparato productivo.

Nadie les impuso la política de expropiaciones y confiscaciones de unidades de producción, industrias y comercios. Nadie los obligó a establecer el atrasado “control de precios”, nadie les exigió limitar hasta el extremo la iniciativa privada. Pero, lo que es más dramático, nadie les pidió que despilfarraran y permitieran el robo de la más fabulosa fortuna que el precio del petróleo nos había deparado, generando la quiebra de las finanzas públicas. Nadie les obligó a imprimir billetes sin respaldo, y así destruir el valor del bolívar. Nadie les exigió llenar el país de chatarra militar rusa, y así malbaratar inmensas fortunas, que bien hubiesen invertido en infraestructura.

Un golpe es un acto de fuerza a través del cual se obliga a una persona a asumir un comportamiento, o se obliga a un gobierno a dimitir. Se podría entender que un golpe económico es un acto de fuerza que impone una realidad económica. Nuestra crisis entonces, es el fruto de un autogolpe. Fue Chávez, y ahora Maduro, los que se dieron o nos dieron ese golpe. Son ellos los que han producido esta tragedia. Si ese autogolpe económico pasa a otra dimensión, será también obra de quienes medran en las entrañas de esa barbarie roja.