• Caracas (Venezuela)

César Pérez Vivas

Al instante

Frente al caos

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La retórica se agotó. La mentira ya no puede esconder más nuestra dramática realidad. La propaganda no refleja los hechos que a diario vivimos. Estamos frente al caos en vivo y directo. Todo el discurso de Maduro y sus desesperados voceros no logra convencer al país respecto de sus propuestas para superar la crisis en la que estamos sumergidos, pero logra darle argumentos a un segmento minoritario, pero importante, de nuestra sociedad, que aun respalda a un régimen que no merece la confianza de una persona sensata y realista.

No se trata de una crisis sectorial, que ataca a un segmento de la población o a un área específica del quehacer humano. Es decir, no es crisis solo política, económica, social, ética o de infraestructura y servicios. Se trata de un caos total de nuestra sociedad.

Nunca nuestro país había llegado a un nivel de deterioro como el que hoy sufrimos. El drama es que el Sr. Maduro, y toda la cúpula roja, niega una y otra vez que el caos es fruto de su nefasta gestión, de su corrupta y dispendiosa administración de la riqueza nacional, de su brutal y arbitraria conducción política y de su enfermizo apego al poder, pero sobre todo de su carencia de ética.

No hay funcionario del régimen que no repita irracionalmente las mentiras y consignas que desde los laboratorios cubanos se diseñan para justificar el caos. Lo dramático es que aún hay venezolanos fanatizados, ideologizados que repiten o aceptan esas mentiras y esas consignas. La votación obtenida por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en las elecciones parlamentarias, en medio de esta situación, es un dato que no podemos dejar de lado para valorar la necesidad de trabajar con mayor profundidad el desmontaje de la retórica y de la historieta oficial, y de diseñar la política que permita superar dicho caos.

El desafío de la política democrática es complejo y enorme. Se trata de una tarea que debemos desarrollar en paralelo para poder lograr una solución a dicho caos, y evitar que el mismo desemboque en una tragedia de mayores dimensiones.

Esta última opción, la de avanzar hacia una tragedia de mayor nivel, es cierta y progresiva. Cada día se producen daños que podemos registrar de manera directa, pero hay daños que se están produciendo en estos momentos cuyo rostro se va a apreciar en un mediano o largo plazo. Un área que así lo demuestra es la que tiene que ver con la salud. Pudiéramos citar otras áreas: la educación, la tecnología, el medio ambiente, o la infraestructura, pero veamos la sanitaria. En directo estamos apreciando la muerte en hospitales y centros diversos de salud como resultado del colapso del sistema sanitario. La falta de medicamentos, implementos médicos y la fuga del talento humano en este sector ha disparado el daño humano, pero la ausencia de alimentos y medicamentos está produciendo una serie de daños como desnutrición y enfermedades crónicas que aún no se están registrando de manera evidente.

Pero la mayor angustia que a todos nos acecha es que el caos pueda derivar hacia un escalamiento de la violencia, y ella pueda producir mayores daños humanos, sociales, y materiales. El escalamiento de la violencia hacia una explosión social que genere una alteración global del orden público, o que pueda derivar en una guerra civil, sería ya un caos de mayores dimensiones que todos estamos en el deber de evitar.

No hay duda de que las condiciones de vida del pueblo venezolano en estos tiempos están muy por debajo de las que teníamos en los días del “Caracazo”, el reventón social que sufrimos los venezolanos en febrero de 1989. Esa experiencia y la que han vivido otros pueblos nos obliga a meditar sobre las tensiones sociales que se están produciendo en el seno de nuestra sociedad, y las consecuencias que las mismas pueden generar. Un estudio serio, responsable y objetivo de las mismas deben producir las alertas necesarias a los fines de evitar deslizarnos a escenarios caotizados de mayor complejidad. Siempre el caos puede ser mayor.

Estamos, los sectores dirigentes de la sociedad, y todos los ciudadanos responsables, en el deber de actuar en consecuencia. Por eso afirmaba que el desafío del liderazgo es complejo y requiere tareas en paralelo.

Los demócratas no podemos renunciar al diálogo aun en medio de una mayor descomposición del clima de convivencia. Ello no significa que renunciamos a tomar iniciativas políticas democráticas y constitucionales para remplazar al gobierno. Debemos trabajar en lograr un conjunto de medidas concretas en los temas de la economía, la política social y la seguridad que eviten un crecimiento del caos, y, en paralelo, debemos activar los mecanismos que nos permitan relevar al gobierno.

El urgente cambio de gobierno que Venezuela requiere viene dado por el agotamiento político del actual equipo gobernante, pero sobre todo por su empeño en sostener un modelo de gestión de los asuntos públicos, cuya ineficiencia ha sido claramente demostrada.

Estas dos líneas de trabajo, la del dialogo y la del relevo por vía constitucional y democrática del gobierno, son el eje que nos puede evitar avanzar hacia un caos de mayores dimensiones.