• Caracas (Venezuela)

César Pérez Vivas

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Francisco y las ideologías

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El Papa Francisco ha producido un sacudón en el campo del pensamiento político. Ha dicho claramente: “Las ideologías terminan mal, no sirven”. 

Tal aseveración nos coloca ante una nueva reflexión sobre el pensamiento político, sobre la doctrina y la ideología. Nos obliga a interpelarnos respecto de estos conceptos fundamentales en la vida política y social de la humanidad.

Nos obliga también a tratar de entender el magisterio de la Iglesia, y las afirmaciones del Sumo Pontífice. No pretendo asumir una postura de intérprete del mensaje apostólico, pero todo discurso hay que analizarlo en su contexto conceptual, pero también en el contexto socio político donde el mismo se produce.

De entrada, las afirmaciones del Papa han sido, como bien lo señalan los medios de comunicación presentes, expresadas en medio de una homilía, donde se han comunicado varias ideas de manera improvisada. No se trata de un documento meditado en su conjunto, que nos ofrezca una visión de conjunto de una materia tan importante en el contexto de la filosofía y de la ciencia política.

No por ello deja de tener importancia las afirmaciones del sucesor de Pedro. Por el contrario, reflejan una preocupación respecto del rol de la ideología, o de ciertas ideologías en el contexto latinoamericano. Y precisamente es en este contexto que debemos aproximarnos al pensamiento pontificio.

Bien lo ha dicho el filósofo español, José Ortega y Gasset, el hombre es el hombre y sus circunstancias. Textualmente lo expresó así, en Meditaciones del Quijote: “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”.Y las expresiones  del Papa, a mi modesto modo de comprenderlas, hay que ubicarlas en la realidad latinoamericana del presente, en “la circunstancia que estamos viviendo”.

Nuestro continente es presa en este comienzo del siglo XXI de un afanoso ideologismo. Desde el foro de Sao Pablo, y desde el triunfo de Hugo Chávez en Venezuela, utilizando la inmensa riqueza del petróleo, se ha reimpulsado una corriente ideologizante del continente, que estaba subyacente a la espera de un momento para reaparecer  con fuerza.  Detrás del llamado “Socialismo del Siglo XXI” se ha escudado un reflotamiento de una tara social disolvente, como lo es el autoritarismo.

El Papa ha hablado, después de visitar dos países tomados por personajes tocados por una infinita ambición de poder, y por un narcisismo exacerbado.  Todo ello justificado en nombre de una “ideología revolucionaria”, que busca “redimir a los pobres”. Redimir falsamente a los pobres, podría afirmar en esta nota.

Creo que el Santo Padre se ha referido a ese ideologismo. No a la necesidad de tener unos valores y una cosmovisión que oriente el quehacer humano. No a la definición de un marco conceptual que a partir de valores del mundo de hoy, puedan construir la civilización del amor, de la que nos habló Juan Pablo II.

"Las ideologías terminan mal, no sirven, las ideologías tienen una relación incompleta o enferma o mala con el pueblo. Las ideologías no asumen al pueblo", dijo Francisco al improvisar sobre el discurso que tenía preparado.

"En el siglo pasado las ideologías terminaron en dictaduras, piensan por el pueblo, no dejan pensar al pueblo", y luego agregó: “uno de los métodos que tenían las ideologías a las que me refería era la de apartar a la gente con el exilio, con la prisión, con los campos de exterminio, nazis o estalinistas".

Aquí citó claramente Francisco las ideologías que rechazamos los cristianos: las nazis y las estalinistas. Ahora, estas ideologías se han rebautizado. Han asumido otros nombres, hay otros actores, pero en lo sustantivo, son iguales. Son violadoras de los derechos humanos, construyen una relación “incompleta, o enferma, o mala con el pueblo”. Y eso es lo que hemos sufrido los pueblos que hemos sido sometidos a esta reencarnación de las “ideologías del mal” citadas por Bergoglio, en su reciente gira latinoamericana.

La promoción del odio, la división de las naciones entre buenos y malos, según se respalde o no a los ególatras encumbrados en la cima del poder, la judicialización de la política, con sus lamentables consecuencias de presos políticos y exiliados, así como el incremento de la pobreza,  es el saldo de este ideologismo, hoy reencarnado en el llamado “Socialismo del Siglo XXI”.

No se desprende del discurso papal, que los seres humanos actuemos en la vida sin una guía espiritual, y sin una guía social, respecto del desenvolvimiento de la vida personal y colectiva.

Por el contrario todo su discurso, por la justicia, por la equidad, por la integridad ética de la persona humana y por la preservación del planeta, puesto de manifiesto en su última encíclica Laudato Si (Alabado seas), constituye una aportación al pensamiento humano, y más concretamente a la Doctrina Social de la Iglesia.

En dicha carta papal, y en el resto de sus discursos, hay una valiosa aportación al Pensamiento. Aporte hecho desde la perspectiva del amor y la reflexión, más no desde el dogmatismo inflexible y fanático de las ideologías totalitarias denunciadas en este discurso del Paraguay. Lo expresa claramente al rechazar  el "chantaje" del que dijo "es una forma de corrupción y "que también dejan sin libertad a las personas".

Es precisamente el socialismo del siglo XXI un movimiento que se ha desarrollado a partir de un comportamiento chantajista. Y a partir de ese “chantaje” inmoral, ha permitido la más brutal corrupción de que se tenga reciente memoria.

"La corrupción es la polilla. Es la gangrena de un pueblo", y continuó afirmando: "ningún político puede cumplir su rol si está chantajeado".
El chantaje, el empeño en obligar a todos los ciudadanos a asumir dicha ideología como la única y verdadera. El desconocer el pluralismo político y doctrinario, ha convertido a dicha ideología en una copia de las ideologías del siglo XX, que terminaron conduciendo a sus pueblos a la dictadura, a la guerra, a la muerte y a la pobreza.

Contra esas ideologías, hoy replanteadas en América Latina, pienso, habló con meridiana claridad el sumo pontífice.