• Caracas (Venezuela)

César Pérez Vivas

Al instante

César Pérez Vivas

Dolor, indignación y lucha de un pueblo

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La dinámica de la vida social y política de nuestra patria ha generado sobre el pueblo tachirense la mayor carga de sufrimiento derivada de la instauración del modelo autoritario vigente.

Los efectos de la ambición ilimitada de poder y de la pésima gestión económica y social han llegado a todas las regiones del país, y a todos los sectores socioeconómicos que lo conforman. Pero no tengo duda de que contra el Táchira ha habido un ensañamiento deliberado, agravado por su condición de región fronteriza.

El 5 de julio de 2010, el extinto presidente Hugo Chávez en su alocución ante la Asamblea Nacional dijo: “A monseñor Moronta lo tienen castigado y en el exilio en el Táchira”.

Estas palabras del jefe de “la revolución bolivariana” reflejan la forma como valoraba a nuestro estado y a nuestro pueblo. Para Chávez, el Táchira no era parte de Venezuela. Era una región extraña. Quien se asentara a trabajar allí iba castigado, y estaba en “el exilio”.

Con esa óptica trató él y su gobierno al Táchira. Con esa óptica ha gobernado el PSUV a un estado especial de nuestra Venezuela.

En los ya largos dieciséis años de gobierno del socialismo bolivariano, el Táchira ha sido una región duramente castigada por la desinversión, por el cerco económico, financiero e institucional. Y ahora, ya el cerco llega hasta el establecimiento de severas limitaciones para ingresar a toda su geografía alimentos, medicinas, equipos y repuestos.

Venezuela vivió por más de una década la más extraordinaria bonanza petrolera de todos los tiempos. El socialismo del siglo XXI no le deja a nuestra región la infraestructura fundamental para su desarrollo y transformación. Los proyectos viales del siglo XX fueron engavetados por la cúpula roja, y jamás quisieron oír los reclamos de quienes exigíamos su concreción. De esa bonanza nacional, al Táchira solo le queda destrucción y violencia.

Ante esa conducta de desidia, nuestro pueblo ha venido tomando conciencia, y ha venido expresando de diversas formas su reclamo.

Lo ha hecho a través de sus diversas organizaciones y liderazgos, lo ha formulado con su presencia en las calles protestando frente al abandono y la desidia. Lo ha hecho con el voto, en los diversos procesos electorales.

Ese reclamo cívico ha sido desoído. Antes que entender la naturaleza de nuestros problemas, antes que oír a nuestra sociedad, el gobierno se ha aferrado a su postura, y ha tomado el camino del hostigamiento, la agresión y la ofensa a nuestro pueblo, y el más dramático, la represión, para tratar de callar su voz.

Los voceros del gobierno socialista no se ahorran adjetivos a la hora de referirse al pueblo tachirense. La palabra ofensiva, disolvente y ultrajante  es el instrumento que a cada día se usa para justificar todo un modelo de Estado, de sociedad y de económica profundamente ineficiente.

Tratar a los tachirenses o gochos  de brutos, guarimberos, contrabandistas, sucios, violentos, bachaqueros o de cualquier otra forma es fomentar la división de nuestro pueblo, es inocular odio en el alma colectiva y desalentar la sana convivencia de nuestra gente.

Cuando la palabra agresiva resulta insuficiente para detener el reclamo legítimo de un pueblo, la cúpula roja recurre a la represión. Lo sensato es que cambie el rumbo equivocado, pero el fanatismo radical presente en el alma de los gobernantes de turno los lleva a desatar la represión de manera indiscriminada.

La última semana de febrero de este año 2015 ha sido de dolor, de indignación y de lucha para nuestro pueblo tachirense.

La forma como el gobierno nacional y regional han conducido la vida pública del Táchira ha llenado de luto a nuestra tierra. La lamentable muerte del niño Kluivert Roa Núñez, a manos de un joven funcionario de la Policía Nacional Bolivariana, ha mostrado con toda su crudeza la brutalidad de una política absurda que la cúpula roja ha impulsado.

La “doctrina Padrino” consagrada en la resolución 008610 del Ministerio de la Defensa, la línea de reprimir a los estudiantes, que ha sido política desde el primer día de la gestión del capitán Vielma Mora como gobernador del Táchira, termina cegando la vida de un niño que tenía todo el derecho de vivir y realizar la vida concedida por Dios. La violencia institucional no se paró allí,  continuó en el asedio militar y policial a las sedes universitarias y a las comunidades que indignadas han protestado tanta barbarie.

El Táchira tiene razón en su lucha. Un régimen autoritario le niega el derecho de vivir con dignidad. Un gobierno “socialista” no le deja ni siquiera ingresar a su territorio los bienes necesarios para su vida.

Con dolor nuestro pueblo lucha por sobrevivir en esta hora oscura. Nosotros le acompañamos, insistiendo siempre en adelantar la lucha por la restauración democrática, en paz. Utilizando los mecanismos constitucionales y legales a nuestro alcance. A la vuelta de la esquina tendremos la ocasión de volver a expresar nuestro repudio a tanta ignominia. Se trata de la elección de un nuevo Parlamento. Votando masivamente expresaremos nuestro rechazo al militarismo, a la represión y a las diversas formas de agresión que hemos soportado.