• Caracas (Venezuela)

César Pérez Vivas

Al instante

Detener el desastre

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La barbarie roja,  interesada solo en aferrarse al poder, no percibe la magnitud del desastre que su desgobierno está produciendo en el tejido social y económico de la República.

El férreo cerco que han impuesto a la actividad económica, y el brutal y absurdo cierre de la frontera con Colombia,  están generando un arrase en toda la base de producción de alimentos y bienes,  que nuestro ha país fue creando a lo largo de muchas décadas, con el esfuerzo de varias generaciones de venezolanos amantes del trabajo y la producción.

Pero la tozudez roja no tiene límites. Su capacidad para mentir y manipular ya no encuentra argumentos con los cuales  justificar y explicar el desastre producido, y su profundización, al que avanzamos cada día.

En materia de producción de proteína animal, con la cual atender la cuantiosa demanda de alimentos de nuestro pueblo, el desastre avanza hacia la situación de tierra arrasada.

El cierre fronterizo, el férreo control de precios, la corrupción establecida para la movilización y comercialización de los productos, la total escasez de alimentos concentrando para animales y de medicinas veterinarias, están produciendo una liquidación de las inmensa mayoría de las pequeñas,  medianas y grandes granjas porcinas, avícolas, piscícolas, y de especies menores.

A precios irrisorios están liquidando nuestros productores, las diversas especies en pie o en canal, ante la imposibilidad de alimentarlos y de logar una modesta rentabilidad para su inmenso esfuerzo productivo. Antes que perderlo todo, prefieren sacrificar sus rebaños y  bases productivas, y dejar vacíos los espacios que hasta ahora nos habían venido supliendo de productos cárnicos en aves, cerdo, pescado, y otras especies.

El daño que tal situación produce, no parece inmutar para nada ni a la burocracia cívico-militar que mal dirigen la administración pública, ni mucho menos al llamado “alto mando” de la revolución bolivariana. Estos personajes solo dedican su tiempo al febril activismo que el libreto cubano les establece, para señalar a terceros del inmenso fracaso que su ignorancia y  voracidad por el dinero y el poder nos ha producido.

Luego de sacrificar las granjas porcinas, avícolas y piscícolas costará un tiempo, y una gran inversión recuperar su reactivación; y lograr los niveles y volúmenes de producción, que en muchos años habíamos logrado.

Pero lo más dramático de esta triste realidad,  es la hambruna en puertas,  que espera al sufrido pueblo venezolano.

Durante los años de la bonanza petrolera, la cúpula roja escondió la caída de la producción interna. Con las importaciones masivas de alimentos. Con la justificación de “la misión alimentación”, un grupo de militares y civiles, enquistados en los centros del poder, hicieron de la importación de alimentos la fuente más vulgar de su enriquecimiento y del desfalco al fisco nacional.

En nombre de “la soberanía alimentaria”, y de “proveer de comida a los pobres” se montaron las más vulgares estafas de que tengamos memoria. Alimentos importados de mala calidad, con sobre precios,  que luego terminaron podridos en los puertos y en rellenos sanitarios, son prueba del profundo desprecio de “la revolución bolivariana” por la producción nacional, y por los miles de hombres y mujeres que cada día hacen su mejor esfuerzo por producir en tierra venezolana.

Estos “patriotas”, verdaderos “bolivarianos”, solo se interesaban por importar y engrosar sus cuentas en los paraísos fiscales.

Pero ahora, que los precios del petróleo han caído, que la patria ha sido hipotecada como nunca, y que no ha quedado con que importar, dedican su política destructiva a forzar a nuestros héroes productores a producir a perdidas, cerrándoles toda posibilidad de acceder a los insumos y equipos necesarios para la producción.

Si no hay alimentos importados, si estamos desmontando todas las granjas de producción de proteínas, si la ganadería viene en picada, lo que nos espera es una hambruna general.

Pero aún así, los burócratas rojos rojitos, no despiertan. Ellos siguen de mitin en mitin, de cadena en cadena. Para nada se les ocurre una iniciativa que les permita a nuestros productores salvar sus rebaños, sus pies de cría, sus bases productivas.

Siguen empeñados en mantener el control de precios, que solo se le aplica a los productores, pero que es imposible aplicar al mercado negro, inundado de los llamados “bachaqueros”, que solo existen como resultado de la nefasta economía socialista.

También mantienen el cierre fronterizo, que impide la traída al país de insumos para la producción, y sobre todo, se empeñan en mantener el corrupto aparato de represión y hostigamiento, contra todo el que produce y comercializa un alimento. Tal situación es tan brutal, que ya son más perseguidos los  que trabaja con alimentos,  que quienes se dedican al narcotráfico.

La cúpula roja no puede mantener esta postura hasta la desaparición total de nuestra base de producción alimentaria, o hasta su salida del poder por el voto popular. Es hora de que “la revolución bolivariana” reaccione, despierte, y detenga este desastre, para que podamos luego recuperar en menor tiempo el daño que su nefasta política ha producido a la nación. Antes de que el pueblo revoque a Maduro,  deberían abrir la frontera y permitir el ingreso de insumos, equipos y repuestos. Igualmente deberían levantar la política punitiva del control de precios para que los formales trabajen sin chantaje, y de esa manera parar la caída libre que sufre la producción.

Detener el desastre,  es lo menos que deberían hacer los jefes de la cúpula roja.