• Caracas (Venezuela)

César Pérez Vivas

Al instante

Desesperación y arbitrariedad

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La desesperación de la cúpula gobernante en nuestro país, como consecuencia del creciente rechazo popular al modelo castro-chavista implementado, generador del caos en el que vivimos, los está llevando a una desbordada política de guerra sucia y a una arbitrariedad progresiva.

La abyecta campaña desatada desde los diversos centros de propaganda oficialista, y las reiteradas declaraciones de los voceros políticos del régimen señalando a dirigentes de la oposición como responsables o solidarios de unos criminales que eliminaron físicamente a una dama, muestra el vaciamiento ético de un grupo humano aferrado al poder, capaz de inventar cualquier mentira para destruir moralmente a quienes adveramos sus nefastas políticas de gobierno.

Nadie puede sorprenderse por los laboratorios de destrucción moral montados para enlodar a los factores democráticos y tratar de compensar el nivel de rechazo que tanto el presidente Maduro como todos sus cooperadores están registrando, hasta el punto de no poder aparecer en público sin riesgo de recibir muestras contundentes de desagrado, tal y como ocurrió recientemente con dos connotadas damas, representantes de esa cúpula roja, en un conocido balneario del Parque Nacional Morrocoy.

Pero donde la arbitrariedad rompió todos los récords registrados por la “revolución bolivariana” es con el cierre de la frontera tachirense con Colombia, y la toma militar de nuestros municipios fronterizos. Luego de aplicada dicha medida, en abierta violación del orden constitucional, tratan de enmendar tal entuerto, dictando un decreto de estado de excepción, que en absoluto se justifica a la luz de los acontecimientos que le sirven de fundamento.

Aplicaron la clásica política de “disparen primero y averigüen después”. Primero fueron los hechos, luego han tratado de darle un barniz de legalidad recurriendo a una figura excepcional que solo es aplicable en casos de una severa conmoción del orden público, o en una situación ecológica o económica sobrevenida y que requiera de medias especiales y de urgencia.

La cúpula roja sigue apreciando de manera equivocada los hechos que nos aquejan a los venezolanos en general, y a los tachirenses en particular, pues continua dándole respuesta militar a un problema de naturaleza económica y política, generando un conjunto de daños directos y colaterales, sin resolver los problemas que dicen combatir con tamañas arbitrariedades.

El cierre de la frontera con Colombia no va a resolver el gigantesco déficit fiscal que registran las cuentas del gobierno, que los ha llevado a un endeudamiento masivo y a una impresión brutal de dinero inorgánico, principales responsables de la inflación y devaluación del bolívar. Los factores externos que se aprecian en frontera, como el tráfico de bienes y de papel moneda, tiene su causa en la desastrosa administración que de las finanzas públicas adelanta el presidente Maduro. Esta situación perdurará mientras no se asuma un programa de disciplina fiscal, que equilibre las cuentas del gobierno.

Por otra parte, la escasez es fruto igualmente del desorden de las finanzas públicas, agravado por la reducción de los ingresos petroleros. Ello ha producido una falta de divisas para seguir financiando la masiva importación de alimentos, medicinas y otros bienes, con los cuales el difunto presidente Chávez escondió el daño infringido con sus políticas al aparato productivo privado. Lo más dramático es que con el chavismo retrocedimos enormemente en la producción de alimentos y en otros bienes y servicios. La implementación del modelo de economía socialista, con su programa de expropiaciones y confiscaciones para poner en manos del Estado las empresas, el control de precios y el control cambiario son las verdaderas causas que han generado la gigantesca y dramática escasez que vivimos en todo el país.

Ese daño no se va a resolver con el perverso cierre de nuestra frontera. A lo sumo lograran retener la salida de algunos bienes, pero jamás restituirán la capacidad productiva de nuestro país.

Esta arbitrariedad es hija de la desesperación, es un movimiento destinado a tratar de convencer al país de que los males presentes en nuestra economía son responsabilidad de otros, y no de quienes nos malgobiernan. Es una medida dictada con cara al proceso electoral de diciembre. Buscan el efecto dakazo, pero estoy seguro de que no lo lograrán. Tendrán un efecto contrario. Nuestro pueblo anhelará con mayor fuerza un sistema de libertades que sustituya el arbitrario modelo comunista y militarista, pues la crisis seguirá haciendo estragos en nuestra sociedad, ante un gobierno sin rumbo, cada día más repudiado.