• Caracas (Venezuela)

César Pérez Vivas

Al instante

Concentrar el esfuerzo

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La magnitud del desastre producido por la revolución bolivariana, y la desesperación de nuestro pueblo por lograr un cambio que permitía la reconstrucción de nuestro país, obliga a todos quienes trabajamos en el campo de la política a impulsar en una sola dirección, una solución que convoque a los ciudadanos a participar en su ejecución de manera masiva, entusiasta y esperanzadora.

Concentrar el esfuerzo debe ser el norte de todos los partidos democráticos, y  de los líderes de nuestra sociedad.

La pretensión inicial de “activar todos los mecanismos constitucionales”, constituye un eufemismo que puede terminar no activando ninguno. Comprendemos que la sociedad democrática venezolana es plural, diversa y complicada, y ante la diversidad de opciones puestas en la mesa, no hubo otro camino que aceptar como buena una estrategia que para nada ofrece al ciudadano certidumbre del camino a recorrer para conseguir el cambio constitucional, pacífico y electoral de Nicolás Maduro, y con él, el del régimen autocrático que encabeza.

Pensar que simultáneamente es posible lograr con éxito impulsar una asamblea constituyente, una enmienda constitucional, una declaración de abandono de funciones por parte del presidente de la República, impulsar un referéndum revocatorio, y además solicitar su renuncia en las calles constituye una falta de realismo político que una dirección avezada no puede cometer, so pena de transitar los linderos de la irresponsabilidad.

Para ninguno de nosotros, tanto ciudadanos preocupados por lo público, como participantes activos en la vida política, puede escapar la valoración de la naturaleza del régimen que conduce la vida institucional del Estado venezolano. Su carácter claramente autoritario, comprobado en mil procederes a lo largo de más de tres lustros, nos indica que frente a cualquier iniciativa política que busque una solución democrática a la crisis tendrán una respuesta arbitraria, y harán hasta lo indecible para impedirlo y aferrarse tercamente al poder.

Tal circunstancia obliga a definir un solo camino. Desde las horas siguientes al resultado electoral parlamentario del pasado 6 de diciembre de 2015, he sostenido en varios de mis artículos de opinión, y en declaraciones a diversos medios de comunicación, la pertinencia del referéndum revocatorio como la herramienta a seguir para dar por terminada esta hora trágica de nuestra historia.

No se trata de considerar este recurso como un camino expedito para concretar el necesario y deseado cambio político, sino el menos susceptible de ser abortado en alguna fase de su aplicación, sin que ello no signifique que la cúpula roja no haga todo lo posible por impedir su oportuna ejecución.

Es compresible que noveles parlamentarios y reputados juristas y académicos, animados de muy buena fe, propongan como solución la convocatoria de una asamblea constituyente, que de manera rápida sustituya toda la nomenclatura institucional que el castro-chavismo ha logrado instaurar.

En teoría constitucional, ciertamente una asamblea constituyente es depositaria de todo el poder del soberano, y en consecuencia puede reordenar al Estado, hasta dictar una nueva Constitución. Quienes observan solo los criterios de la teoría constitucional no sopesan, a la hora de proponer su convocatoria, la realidad política de nuestra sociedad, pues ni aprecian en su exacta dimensión la naturaleza autoritaria del sistema, ni la diversidad de la alternativa al mismo. Estos dos factores hacen que una eventual asamblea constituyente no pueda concretarse de manera eficiente y cumplir el cometido que nuestro país requiere en este momento.

La historia de las constituyentes en América Latina nos enseña que las mismas han sido impulsadas por quienes ha tomado el poder, luego de una elección, o de triunfar en un movimiento de fuerza. Estas asambleas se han instalado por un impulsado dado desde el poder. Ninguna ha sido lograda desde la oposición política.
Meternos en el camino a la asamblea constituyente es meternos en un camino largo, incierto, y tortuoso, que pudiera conducirnos a escenarios de ingobernabilidad y anarquía, muy peligrosos para la paz y estabilidad de la nación.

Las iniciativas de la enmienda constitucional y de la declaratoria de vacante presidencial constituyen  herramientas susceptibles de ser abortadas por el régimen, utilizando la sumisa cooperación del TSJ.

Pensar que la renuncia del presidente va a ser obtenida por su solo planteamiento en movilizaciones o declaraciones es no conocer a quienes son los poderes fácticos del actual sistema político.

Tal circunstancia no significa renunciar a la protesta y movilización de los ciudadanos. La iniciativa refrendaria debe estar acompañada de una permanente movilización ciudadana que le recuerde a la cúpula roja cómo han perdido la sintonía con el pueblo, y cómo este les exige su salida del poder.

Es hora de pisar tierra, de asumir un solo camino, de concentrar el esfuerzo de todos los venezolanos que luchamos por el cambio. Es hora de abrir las ventanas para que la luz de la esperanza bañe el espíritu de este noble pueblo venezolano. Es hora de concretar las fuerzas de nuestra sociedad democrática.