• Caracas (Venezuela)

César Pérez Vivas

Al instante

Barbarie en la frontera

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La comprometida situación de opinión pública que tiene el gobierno de Maduro, y por ende el PSUV, con cara a las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre, llevó a la cúpula gobernante a desarrollar una campaña de evasión de sus responsabilidades y de fijación de “culpables” por el brutal desastre que vive nuestro pueblo en dos temas: economía y seguridad.

Para sacudir la opinión pública han creado un conflicto en la frontera del Táchira, donde se ha  puesto de manifiesto en todo su esplendor la falta de escrúpulos y el rostro autoritario de este sector de la política venezolana.

La barbarie, la manipulación y la mentira han sido las principales características de la operación política en marcha para tratar de convencer al país de la inocencia de quienes gobiernan en el caos que vivimos.

Recurriendo a procedimientos superados por la modernidad, los jerarcas de la revolución no se han detenido a la hora de alterar de manera súbita la vida de toda una región. La campaña contra el pueblo tachirense y colombiano para presentarlos como responsables del desabastecimiento de alimentos,  medicinas y otros bienes ha sido sistémica e intensa. El trato humillante, desafiante, intimidatorio que se le da a todo ciudadano que circula en la zona sometida al estado de excepción busca crear terror para inhibir el profundo rechazo que dicha medida ha generado en la población primeramente impactada.

El asalto a los asentamientos humanos ubicados en el margen venezolano del río Táchira, dentro del perímetro urbano de la ciudad de San Antonio del Táchira, pasará a la historia como la “ocupación nazi” de nuestra adolorida frontera.

La llamada “Invasión” es obra de la revolución, de su afán populista, de su crónico irrespeto a toda norma. El margen de seguridad, tanto de la perimetral urbana y ecológica, como de seguridad nacional y ciudadana, que eran esos espacios, fueron “ocupados” por dirigentes del PSUV para fortalecer en la pobreza su base política. Por más de 15 años consintieron a importantes contingentes humanos, de venezolanos y colombianos, permitiéndoles construir en dicha zona, dotando a los colombianos de su respectiva cédula de identidad venezolana, otorgándoles por entes públicos ayudas y materiales para edificar sus viviendas, invirtiendo para ofrecerles servicios de agua, cloacas, energía y vialidad. Construyeron unos módulos de servicio comunitario llamados “bases de misiones”, donde tenían un comedor popular, un ambulatorio y se efectuaban jornadas especiales de la red “Mercal”.

Es cierto que muchas de esas edificaciones eras centros de almacenamiento de gasolina y otros productos. Cada casa dedicada a esa tarea tenía al frente una bandera roja y una foto del extinto presidente Chávez. Aquellos espacios eran “la ciudadela del chavismo”, ahí ha vivido el contingente más importante de los activistas políticos  del chavismo de la frontera.

De un día para otro, “la ciudadela del chavismo” se convirtió por anuncio oficial, en “una base del paramilitarismo”. De momento el gobierno descubrió que en esas barriadas eran el epicentro del paramilitarismo en nuestro territorio y el lugar de tránsito de mercancías hacia Colombia, y lanzó su arremetida de exterminio.

Las noches y madrugadas posteriores al 20 de agosto de 2015 quedarán registradas como las jornadas en las que los integrantes de la Fuerza Armada Nacional, siguiendo las órdenes de Maduro, asaltan esa comunidad para iniciar una de las más bárbaras misiones protagonizadas en nuestro territorio en lo que va de siglo, de humillación, vejación a la dignidad humana, confiscación de enseres domésticos, destrucción arbitraria de casas; todo para justificar ante la opinión pública nacional que se luchaba por garantizarle seguridad y abastecimiento al resto del país.

Los testimonios de la víctimas de esta vergonzosa operación, las imágenes de miles de seres humanos huyendo despavoridos por las trochas para cruzar el río Táchira cargados de alguna pertenencia para no perderlo todo, las fotografías de la casas marcadas al estilo del nazismo con una “D” o una “R”, las gráficas de los tractores derrumbando viviendas, son hechos tan incontrovertibles, que no dejan lugar a dudas de que una “barbarie roja” llegó para arrasar con el modo de vida de miles de seres humanos.

¿Era necesaria tamaña barbaridad? ¿Resuelve el problema del llamado contrabando de extracción tan deshumanizados procedimientos? ¿Resuelve el complejo problema de la criminalidad esa política de genocidio moderno?

Evidentemente no. Solo se buscaba tener unos íconos para sostener la campaña de mentiras y medias verdades que el inmenso aparato de propaganda oficial difunde, escondiendo el fondo del problema, y convencer al resto del país de que los culpables de la crisis son otros, nunca los ineptos que gobiernan.

La realidad volverá a mostrarle a nuestro pueblo que toda esa propaganda es basura. La crisis seguirá creciendo porque las causas que la generan, no solo no son corregidas, sino que se profundizan cada día más. Y de todo este episodio de irresponsabilidad y populismo solo quedarán las víctimas de la barbarie roja que asaltó la frontera.