• Caracas (Venezuela)

César Miguel Rondón

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El Fiscal Franklin Nieves no para de hablar o de cantar, según se vea el caso. Ayer El Nacional publicó una extensa entrevista que le hizo Edgar López y que dio pie para el gran titular de primera página: “Si a mí me juzgan, también deben juzgar a Maduro”.

   Aquí algunos extractos de la entrevista:

  —¿Cuál fue la presión que usted consideró insoportable y lo llevó a tomar la decisión de huir del país y denunciar fraude en el caso de Leopoldo López?

  —Cuando condenan a Leopoldo López pensé que la jueza Susana Barreiros se iba a apartar de nuestra acusación por asociación para delinquir, instigación pública, daños e incendio. Pero acogió todos esos delitos. Claro, ella también estaba vigilada por los funcionarios del Sebin y de todos los cuerpos de seguridad que teníamos alrededor del Palacio de Justicia. Si ella decidía de otro modo, íbamos a salir presos todos de ahí.

  A propósito del Sebin declara el Fiscal:

  Uno de los funcionarios del Sebin me dijo que ellos se habían infiltrado en la marcha, que fueron ellos los que comenzaron a lanzar piedras contra la sede de la Fiscalía para motivar a la gente a que hiciera lo mismo.

  —¿Como hicieron para manipular a los testigos del Cicpc?

  —Igualito. Los funcionarios del Cicpc fueron llamados a la Fiscalía 2ª nacional, a la de Narda, y a la 47ª, la de Juan Canelón, la que inició la investigación de los estudiantes. Ahí se tomaron las entrevistas y muchos funcionarios manifestaron que no estaban de guardia ese día, pero como aparecían en el acta policial de aprehensión que se hizo en la División Contra Hurtos, tenían que declarar. Aparecen 56 funcionarios, muchos de los cuales no estuvieron ahí y otros que no aprehendieron a nadie, pero fueron obligados a declarar que sí habían participado, bajo la amenaza de Narda Sanabria de que si no lo hacían le iban a abrir averiguaciones y destituirlos.

  —Usted le hizo un llamado a sus colegas a que denuncien este tipo de irregularidades en la Fiscalía. ¿Quién pudiera atreverse a hacer lo mismo que usted?

  —El mismo Juan Canelón, que ahora es director de Antiextorsión y Secuestro. Él sabe que esas entrevistas se realizaron así, que no se demostró incendio en la Fiscalía. A los funcionarios los pusimos a decir que habían botado el extintor que habían usado para apagar el incendio de la biblioteca, y eso es falso. (…)

  —¿Qué tanta intervención tuvo la fiscal Luisa Ortega Díaz?

—Ella tenía conocimiento de todo lo que se estaba realizando ahí.

  Otra información importante, con relación al caso, la trae hoy El Nacional: “Rosa Asuaje, la experta lingüista de la Universidad de Los Andes discrepó con la fiscalía”. Ella publica un artículo enPanorama, de Maracaibo“El hecho de que la jueza Barreiros haya puesto en su sentencia que yo inculpaba al ciudadano López por la quema de la sede fiscal y de los cuerpos de seguridad, es una interrogante que aún me hago, yo no tenía pruebas para afirmar eso.” Sin embargo, su testimonio, afirmando exactamente lo contrario, según la juez Barreiros, es determinante en la sentencia.

  En el artículo la lingüista Asuaje se desmarca de Franklin Nieves, y afirma algo delicado: “En ningún momento emití palabras tajantes sobre el llamado expreso a la violencia del ciudadano Leopoldo López para salir a la calle. En esos videos no aparece el llamado expreso a la violencia del ciudadano Lepoldo López”. Se entiende, en los videos que ella analizó.

  ¿Y entonces? Se pregunta uno… ¿Quién dijo realmente qué? Todo tiene un desagradable tufillo a trampa, a triquiñuela. Después de esa ahora famosa foto de la jueza Barreiros –a quien nadie conocía, porque en estos tiempos de jueces provisorios nadie conoce a nadie y al parecer las fotos se esconden-, donde aparece con su toga, muy sonriente al lado de Diosdado Cabello, no hemos sabido nada más de ella. Aparentemente iba a un consulado en Chile, pero se especula que el asunto no prosperó y que la jueza sigue en el país.

  ¿No sería lógico que ella emitiera su opinión? ¿Por qué tanto silencio? Un silencio que resulta pesado y sospechoso después de la locuacidad del Fiscal.