• Caracas (Venezuela)

César Miguel Rondón

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Pena

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Leamos estas palabras del presidente de la república: “…Solo está autorizado por la ley a declarar, valga la expresión, a las autoridades sanitarias del país, como en cualquier país del mundo. Vaya usted que en Estados Unidos un medio de comunicación o una persona salga y diga que hay una enfermedad extraña en el hospital de Nueva York, para que ustedes vean cómo le meten cadena perpetua si no silla eléctrica para que cree una alarma de estas. O que salga el presidente de Conindustria de los Estados Unidos a decir: No, la mitad de los trabajadores de las industrias estadounidenses tiene chikinguya…”.

No, presidente, chicungunya, hay que empezar por identificar la enfermedad y llamarla por su nombre. No, chikinguya. Chicungunya. Cierto, el nombre es raro, pero ese es el nombre.

Pero vayamos a lo importante. Llama la atención la capacidad que se tiene para mentir. Usted se indigna y dice, ¿cómo puede decir este señor estas cosas? Supone uno que tiene su público. Un público que, en efecto, piensa que en Estados Unidos se manda a la silla eléctrica o a cadena perpetua por algo parecido a lo que declaró Eduardo Garmendia, presidente de Conindustria. ¿O será que eso es lo que pretende el presidente Maduro, enviar a una suerte de cadena perpetua o a una silla eléctrica al presidente de Conindustria?

Por lo pronto, el señor Maduro ha entrado en una contradicción. La persecución contra Ángel Sarmiento, el presidente del Colegio de Médicos del estado Aragua, fue por denunciar la emergencia en el Hospital Central de Maracay, y como ayer bien lo explicaron los doctores Castro y Villasmil, y ayer lo destaca El Nacional en primera página: “El Reglamento Sanitario Internacional establece la obligación de denunciar cualquier enfermedad desconocida”. Si es así, entonces el señor Maduro no puede prohibir que los médicos autorizados, las sociedades médicas, se manifiesten sobre el problema.

Pero bien, al punto a donde íbamos: la contradicción de Maduro. Si él acusa que las declaraciones de Ángel Sarmiento eran terrorismo porque no correspondían con la realidad, y después acusa que se intenta desatar una guerra bacteriológica, que, gracias a la presencia de las autoridades cubanas expertas en esas guerras, pudo ser derrotada, entonces, ¿cómo es que ahora hay un brote de chicungunya, presidente, por el cual usted decreta la creación de un Estado Mayor? Porque, además, dale con el tema militar. Y hay un Estado Mayor porque, según leo al presidente citado en la primera página de Últimas Noticias: “El mosquito ha desarrollado resistencia”.

Pareciera que el mosquito decidió entrar en una pelea frontal con el señor presidente. ¡Qué cosa más absurda! Imagíneselos usted en el ring.

Da pena, de verdad. Da mucha pena.