• Caracas (Venezuela)

César Miguel Rondón

Al instante

¿Fracasamos como país?

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La primera página de El Nacional trae una frase escalofriante: “Alarma por cifra histórica de malaria 105.757 casos”. Resulta que esta epidemia es peor que la que hubo en 1936. Y cuando uno dice 1936 habla del gobierno de Eleazar López Contreras. Según Mario Briceño Iragorry el siglo XX les entró tarde a los venezolanos, porque solo les entró a raíz de la muerte del general Gómez que ocurrió –según– el 17 de diciembre de 1935. Entonces, con retraso, como nos ha pasado tanto en nuestra historia, entramos en el siglo en 1936.

Hoy nos dice la prensa que la epidemia de malaria que padecemos es peor que la que tuvimos en ese lejanísimo año ya perdido en el tiempo y en la memoria. El Nacional: “El foco de la enfermedad que anteriormente estaba en Bolívar y Amazonas, se diseminó a Delta Amacuro, Monagas, Sucre, Apure, Zulia y Guárico. Señalan que el problema radica en que el gobierno dedica menos de 1% del presupuesto a enfermedades endémicas”.

La última frase es la que resulta lapidaria y dolorosa. Estamos ya en la segunda década del siglo XXI, han pasado tres lustros de este nuevo siglo y estamos peor que en 1936. Para el gobierno, evidentemente, esto no importa. Usted tiene todo el derecho de indignarse cuando lee que “menos de 1% del presupuesto se dedica a enfermedades endémicas”, y que la partida, por ejemplo, del Despacho de la Presidencia para que viaje el presidente, cuiden a su familia y se les permita a todos una vida dispendiosa se ha incrementado en un porcentaje exagerado con relación al año anterior.

Preguntábamos días atrás, ¿qué tiene en la cabeza el presidente Maduro? ¿En qué piensa? ¿Qué le importa o le angustia? Es evidente que para nada le importa el tema de la salud. Si le importase no habría una noticia como esta en la primera página de El Nacional. No tendríamos denuncias diarias, a toda hora, sobre falta de medicamentos, enfermos de cáncer y de todo tipo de males en penuria total. En el desespero, como si se clamara en el desierto, el Twitter y las redes sociales se han convertido en puntos de alarma y solidaridad: se necesita tal medicamento, urge tal otro. Pero esos tormentos no pasan por la cabeza del presidente.

Para él, por lo visto, solo tienen espacio en su cabeza los tormentos de una campaña electoral desesperada. Ayer, acompañado por Aristóbulo Istúriz, anunció aumento de 30% en el salario de los maestros, y de paso instruyó –y esto ha quedado en el aire porque no fue preciso– que se empiece hablar de la convención colectiva. En mayo de este año ya hubo una orden presidencial para tocar el tema. A esta fecha, sin embargo, no hay convención colectiva.

“Docentes exigieron que se discuta contrato colectivo”, leo hoy en El Tiempo de Puerto La Cruz. En El Nacional, en páginas interiores: “Nos pasaron de profesores a pobresores”. “4.824 bolívares quincenales es una vergüenza” y “Estamos por debajo del sueldo mínimo”, fueron mensajes que se leyeron en las pancartas. Ayer un grupo de maestros y representantes sindicales exigió en el Ministerio de Educación que comience de inmediato la discusión de la octava convención colectiva para dignificar sus salarios. Edgar Machado, presidente del Sindicato de Maestros de Caracas, exhortó al ministro a instalar las mesas de negociación del contrato y le recordó que en mayo en cadena nacional el presidente Nicolás Maduro ordenó que comenzara el proceso”.

Mayo y ya estamos terminando octubre. Estamos terminando 2015 y estamos peor que en 1936.

Suena fuerte pero… ¿será que hemos fracasado como país?