• Caracas (Venezuela)

César Miguel Rondón

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Esperanzas vacías

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El Tiempo, en la ciudad de Varela: “El dólar entierra al bolívar fuerte. El bolívar está pulverizado frente al dólar. La moneda nacional pierde su valor. El poder adquisitivo se viene en picada”. Este verbo –“pulverizar”– se utiliza aquí siguiendo la pauta marcada por Nicolás Maduro, quien tiene años diciendo que va a pulverizar el dólar cuando la terrible realidad le ha puesto las cosas al revés. ¿Pero qué pasa con el bolívar que ha terminado pulverizado frente al dólar? Por lo visto, es víctima de un ataque criminal desde Cúcuta y Miami.

Según El Clarín, en la Victoria: “Hay una arremetida feroz contra la moneda venezolana que busca robar el aguinaldo al pueblo. ¡Gobierno irresponsable!”. Lo anterior es una cita de Jorge Rodríguez, en tanto vocero oficial del PSUV. Pero lo cierto es que es el gobierno el que ha pulverizado la economía y las esperanzas de los venezolanos.

Crónica.Uno y Konzapata.com publican reseñas de lo que presentó el sociólogo de la Universidad Católica Andrés Bello, Luis Pedro España, a propósito de los resultados de la reciente encuesta Ratio-UCAB: “7 de cada 10 venezolanos ha pedido prestado para comprar comida. La población sufre las consecuencias de la prolongada crisis económica. Por ello 8 de cada 10 venezolanos considera que su situación actual está mal. 56,3% de los consultados dice que su principal problema es el acceso a la comida”. En la reseña de Konzapata.com: “Los venezolanos no están en condiciones de celebrar la Navidad, tal y como ha querido imponer el Ejecutivo nacional. Hasta 9 de cada 10 venezolanos indican que se quedarán en sus casas durante la festividad”. No hay vacaciones. “La compra de la comida, las dificultades para pagarla cada mes y el desabastecimiento son los principales problemas de los ciudadanos”.

La radiografía, según nos dice Luis Pedro España, presenta a un ciudadano agobiado y concentrado en su cotidianidad, en su problema privado. Este es tan gigantesco que cada vez le cuesta más ocuparse de lo público. El venezolano vive una angustia tal que lo único importante es conseguir comida. ¿Usted sabe lo que significa pedir prestado para conseguir el alimento de hoy? Porque, además, por la inflación galopante, el tormento es diario, no es un asunto que se pueda resolver, como ocurría en tiempos no tan lejanos aunque ya borrados por la memoria, quincenal o mensualmente.

En el estudio se revela que 56% de los encuestados reconoció que tuvo que vender algún activo para completar la compra de alimentos, y 30% reconoció que algún conocido le había regalado algo de comida para completar sus requerimientos. Dice Luis Pedro España: “La gente no percibe mejoría, lo del hambre es serio. Hay un tercio de la población que está pidiendo para comer”.

El Nacional, en medio de este cuadro terrible y lamentable, titula: “Se agrava la crisis económica y crece la inestabilidad política. Con la devaluación el salario mínimo no llega ni siquiera a 25 dólares. Dirigentes alertan sobre un mayor descalabro social ante la incapacidad del gobierno de atajar la crisis generada por el plan económico que trajo precariedad al pueblo y arruinó al país”. Y en esta nota se destacan las declaraciones del economista Asdrúbal Oliveros: “El incremento en la tasa de cambio no oficial también se debe a la caída de las asignaciones de divisas por el Dipro y el Dicom y a que no hubo un cambio político en el país”.

Esta última frase llama profundamente la atención. Parte de todo el descalabro es que no hubo cambio político. Hoy estamos a 30 de noviembre, se nos fue el mes y con él ya prácticamente el año. Un año que comenzó cargado de expectativas, de esperanzas luego de la victoria parlamentaria del 6 de diciembre de 2015. Terminamos el año, pues, con las manos vacías y las esperanzas vacías también.