• Caracas (Venezuela)

Carlos Paolillo

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El preámbulo de Teresa

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La presencia de la danza contemporánea en la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño es un hecho atípico. Se trata de una manifestación escénica que apunta, en general,  a los ambientes intimistas, al movimiento orgánico y al gesto expresivo, antes que al espectáculo formalista de gran formato al que habitualmente convoca este suntuoso espacio.

Podría afirmarse que a lo largo de su historia de 32 años la Ríos Reyna ha recibido de forma esporádica a la danza contemporánea venezolana, con la excepción hecha de Danzahoy, que fue su compañía residente durante dos décadas. Por lo demás, eventualmente, dentro de alguna gala celebratoria o enmarcada en alguna temporada o programación especial, las agrupaciones nacionales de danza contemporánea se han hecho presentes en este lugar.

Cabría preguntarse si se trata en realidad de un escenario idóneo para esta manifestación, experimental por excelencia, debido a su monumentalidad espacial y al distanciamiento que de inmediato genera con el espectador. Tal vez por eso, el estreno de Teresa Danza Contemporánea, el nuevo proyecto artístico de la Fundación Teresa Carreño destinado al desarrollo y la difusión de procesos y obras inscritos dentro de tendencias investigativas del movimiento, haya sido en una sala Ríos Reyna adaptada a la naturaleza y las exigencias de las obras que se van a mostrar, con un público reducido en número, ubicado sobre el escenario muy cerca de los bailarines. Posiblemente, este uso flexible de la gran sala permita la experimentación continua dentro de ella, y genere una programación que alterne con los espectáculos tradicionales que constituyen la misión institucional del teatro.

En cuanto a la creación de Teresa Danza Contemporánea, se trata de una iniciativa a la que hay que darle la bienvenida, pues supone una nueva plataforma de creación artística, así como de crecimiento profesional y estabilidad laboral para los bailarines que integren su elenco. Resulta llamativo que el programa de estreno haya presentado dos obras ya conocidas de Félix Oropeza, pertenecientes a una etapa inicial y otra actual del coreógrafo, fundador de Agente Libre y  también director de la nueva compañía del Teresa Carreño.

Serífotes es un trabajo que remite a principios de la pasada década, cuando Oropeza se reintegraba a la danza venezolana luego de su estadía artística en Canadá. Se trata de un planteamiento que une minimalismo con fuerza expresiva y sentido plástico de la puesta en escena, especialmente por su concepción lumínica que encierra a los intérpretes en espacios individuales, que juntos representan un colectivo que finalmente no es tal. 

Por su parte, La señora Venus y el diablo revela algo importante de los intereses que prevalecen hoy en este autor, relacionados con la recreación del ritual popular en términos de contemporaneidad. La ruralidad, con sus valores, creencias y costumbres, por momentos adquiere visos de distanciado abstraccionismo en los solos y duetos de un par de personajes que bien pueden vivir una relación marital o una de madre e hijo. Oropeza encuentra en Hilse León a una aliada comprometida de eficaz desempeño.

Esta temporada inaugural de Teresa Danza Contemporánea seguramente sea el preámbulo de la verdadera revelación del proyecto, que próximamente señale los caminos que transitará y las búsquedas que propiciará.