• Caracas (Venezuela)

Carlos Paolillo

Al instante

Vigencia del mito

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Pertenece a la estirpe de las primas ballerinas assolutas, convertidas ya en lejanas leyendas de la danza clásica mundial. Es la única latinoamericana en haber alcanzado tal nivel de reconocimiento. Se trata de un mito viviente y sorprende, a sus 95 años de edad recientemente cumplidos, su empeño y vitalidad. Alicia Alonso dirige personalmente todas las actividades del Ballet Nacional de Cuba, compañía que celebró este significativo aniversario con una gala en su honor realizada el pasado domingo en el Teatro Nacional de La Habana. Frente a ella aparecieron, interpretados por una nueva generación de bailarines, los personajes emblemas de su dilatada carrera artística: desde Giselle, Odette-Odile y Carmen, sus grandes referentes, hasta Swanilda, Kitri, Aurora, Julieta, Yocasta y Dido.

Alicia Alonso (Alicia Ernestina de la Caridad Martínez y del Hoyo, La Habana 21 de diciembre de 1920) simboliza la pasión y el coraje. Ningún obstáculo, personal o profesional, habría de impedirle lograr su cometido: ser una bailarina de excepción y liderar un movimiento artístico alrededor de la danza clásica en su país, aislado y empobrecido, cuya repercusión ha trascendido a si misma.

Predestinada a hacer historia, llegó a los Estados Unidos a finales de los años treinta para iniciar su carrera profesional. Allí actuó en los luminosos musicales de Broadway e integró las filas del American Ballet Caravan, de la mano de George Balanchine, y el Ballet Theatre de Nueva York. La célebre sustitución de Alicia Markova en Giselle, impregnada de un mítico anecdotario, reveló ante el público a una nueva primera bailarina y significó para ella la apropiación definitiva de tan enaltecido rol.

Alicia vivió así un tiempo fastuoso, inspirada por el modelo estético de intérprete que representaba el arquetipo de Markova, además de compartir  con creadores de la influencia de Mikhail Fokine, Leonid Massine, Brosnislava Nijinska, Antony Tudor, Jeromme Robbins y Agnes de Mille, entre otras influyentes figuras.

Fundadora en 1948 de la primera compañía profesional de ballet de Cuba, el Ballet Alicia Alonso - con el que se presentó ese mismo año en Venezuela - hubo de esperar un poco más de una década para ver cristalizado su sueño de una danza clásica perteneciente a todos los públicos. Con el Ballet Nacional de Cuba actuó en cuanto espacio imaginable tuvo a su alcance. Bailarina y miliciana, contribuyó con decisión a la inserción social en su país de un arte históricamente destinado a una elite desde sus remotos orígenes cortesanos.

El ballet cubano se refleja permanente y casi exclusivamente en ella. Las nuevas generaciones, incluso las más recientes, continúan formándose y bailando bajo su definitiva impronta. El arte y la obra de Alicia Alonso, expandidos por buena parte del mundo, son el resultado que algo más que tesón y voluntad de acero. En realidad, es la consecuencia de una irreversible transferencia de saberes y sentires que ya escaparon de ella para pertenecer a todos.