• Caracas (Venezuela)

Carlos Paolillo

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Valses con identidad

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Nuestros valses, tal vez la obra más representativa del ideal coreográfico en Nebreda, cumple en 2016 cuatro décadas de su estreno en el Teatro Colón de Bogotá por parte del Ballet Internacional de Caracas. En este caso el autor utiliza los valses venezolanos para piano del siglo XIX de Teresa Carreño, Ramón Delgado Palacios y otros compositores, como base para lograr una abstracción dancística evocadora del baile de salón y del amor como sentimiento atemporal, a través de diferentes estadios dentro de un marco social determinado. Sus vertiginosos desplazamientos, la ligazón permanente de sus pasos y sus frases, el baile en pareja llevado a extremos de compenetración emocional y complejidad física, evidente en movimientos encadenados y levantadas sorprendentes en su dificultad y énfasis esteticista, así como su exhaustivo diseño con multiplicidad de focos escénicos, la hacen una pieza de especiales valoraciones.

Nuestros valses contiene una exaltación vigorosa del sentimiento amoroso y de las distintas emociones que este puede provocar. Es una sobria recreación de las danzas sociales que reproduce en frases coreográfico-musicales y en trazos pictóricos, los diferentes matices de una relación sentimental. Los acordes de valses venezolanos orientan el deambular nostálgico y carente por completo de pasos codificados de diez bailarines. Progresivamente, los cuerpos solitarios adoptan formas sutiles y multicolores, convirtiéndose en parejas que danzan bajo la impronta del balanceo incesante en círculos, rondas y cadenetas y se expresan a través de un vocabulario libre y espontáneo.

Los colores rojo, sepia, lila, rosa y naranja permiten un primer reconocimiento plástico de la obra, que se acrecienta en la medida que aflora el característico lenguaje de Nebreda orientado por la fluidez continua y la libertad irrefrenable de movimientos. Se evidencia así, en toda su plenitud, el estilo neoclásico desde su perspectiva autoral, hasta llegar a su propia apoteosis en los duetos de honda compenetración física y espiritual, compartida musicalidad, brillante lirismo, excitante virtuosismo y atrayente belleza formal.

En Nuestros valses destacan los modos de relación de un conglomerado elitista. Sin embargo, sus características musicales afincadas en manifestaciones genuinas, así como la fuerza emotiva de sus impulsos corporales, derriban cualquier estanco y la hacen preponderantemente colectiva. El conjunto gratifica por su armonía y por la celebración compartida del movimiento. Logra la expresión cultural de una época abolida en el tiempo, hace referencia a una condición social altiva, llevada hasta un ámbito allanado y consensuado y se convierte a partir de una influencia musical foránea en identificable manifestación autóctona.

Esta visión de la venezolanidad encontrada en Nuestros valses adquiere una extendida dimensión latinoamericana al ser interpretada por bailarines del Ballet del Teatro Colón de Buenos Aires, del Ballet de Santiago de Chile, del Teatro Municipal del Río de Janeiro, del Ballet Nacional Sodre de Montevideo, del Ballet de Monterrey de México, de la Compañía Colombiana de Ballet o del Ballet Nacional de Cuba, quienes se reconocen culturalmente en ella. Pero también alcanza clara validez universal al ser asumida por intérpretes pertenecientes a los elencos multiculturales del English National Ballet de Londres, el Ballet de Australia o el Royal Winnipeg Ballet de Canadá. De este modo, la gestualidad romántica, lírica y pasional contenida en esta obra se convierte en un sentimiento compartido de notable amplitud y alcance.