• Caracas (Venezuela)

Carlos Paolillo

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Carlos Paolillo

Trío de voces

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Tres discursos femeninos que representan indagaciones del cuerpo expresivo por caminos distintos que, sin embargo, coinciden en la búsqueda de una identidad común, alternaron en un mismo escenario propiciado por la Compañía Nacional de Danza.  Fue un trío de voces que se oyeron entre lo sereno y lo altisonante, que, individualmente, abordaron estadios  personales; pero, colectivamente, reflejaron una misma circunstancia violenta, introspectiva y desenfrenada. Tres nuevas obras de Inés Rojas, Claudia Capriles y Julie Barnsley, inscritas en tendencias disímiles de la danza contemporánea,  aparecieron en este orden en la Sala Juana Sujo de la Casa del Artista, en un espacio que pudo valorarse tanto solidario como individualista.

Arroz con mambo de Inés Rojas apunta a un ritual dionisiaco de principios del siglo XXI, de carácter colectivista, que en medio de su contemporaneidad global apela también a un modo íntimo y reservado de ser y  sentir. La frenética energía que invade la totalidad de la pieza se ve equilibrada por momentos de serenidad inquietante, a los que de continuo siguen nuevas explosiones de irrefrenable emocionalidad surgidas de cuerpos que con exhaustividad se desplazan por el espacio escénico que los conjuga y los unifica. No encontrará el espectador en esta propuesta una clara y directa  dramaturgia a la cual aferrarse, debiendo, al final, construir su propio relato desde un ejercicio individual de abstracción.

El nombre del padre de Claudia Capriles, con base ritualista, se dirige a la exaltación sobria de la corporalidad masculina, hecho especialmente curioso en una creadora que siempre se ha caracterizado por personalizar los mundos de la feminidad. Cuatro intérpretes hacen parte de un espacio y un tiempo no del todo definido. Su interés por la abstracción no meramente plástica es evidente, planteando el sentido expresivo del movimiento como problema. La autora contrasta dos dimensiones, una posmoderna y otra primitiva. Sus protagonistas bien pudieran considerarse venidos tanto de una convulsa actualidad,  como de una lejana cosmogonía. 

Finalmente, Zoociedad de Julie Barnsley remite inicialmente a gritos de rebeldía y vacuidad juvenil en términos del estereotipo, cuando, en realidad, la obra busca ir más allá y convertirse en un fresco escénico representativo de un conglomerado social que vive con inmediatez en medio de la agresión, la incertidumbre y la desesperanza. Se siente una espontaneidad evasiva y una búsqueda errática de comunicación dentro del grupo, que se muestra, por momentos, desconectado de la realidad que enfrenta, y en otros, violentamente reactivo ante una situación extrema. El final, quizás demasiado abierto, llama a la participación tímida de alguna parte del público como parte de la desaprensiva celebración comunitaria. La música y las voces en vivo, aparte de otorgarle un sentido integrador de disciplinas artísticas a la propuesta, contribuyeron a reafirmar el sentido de identidad de una comunidad celebratoria en medio del conflicto.

Fueron tres visiones de las capacidades expresivas de lo corporal, concebidas por sus autoras a partir de vivencias límites compartidas.