• Caracas (Venezuela)

Carlos Paolillo

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En la Venezuela de mediados de los años setenta, que se observaba dinámica y con vocación de liderazgo continental, se concretó hace 40 años el proyecto de creación de una compañía de elevado nivel profesional, claramente competitiva en el mercado mundial de la danza. el Ballet Internacional de Caracas (BIC), denominación propuesta a fin de otorgarle al proyecto sentido de pertenencia a la ciudad capital, sustentado en Vicente Nebreda y Zhandra Rodríguez, las dos figuras de mayor relevancia del ballet venezolano, ambas poseedoras de reconocidas carreras en el exterior.

El elenco del BIC desde un principio estuvo integrado por un considerable número de bailarines extranjeros que veía al país como una atractiva plaza profesional que brindaba alta remuneración económica, y otro, mucho menor, de venezolanos que quizás llegó a sentirse en condiciones de desventaja desde el punto de vista profesional, hecho que produjo conflictos tempranos en el seno de la naciente agrupación. Nebreda logró reunir alrededor de esta compañía a un grupo de intérpretes de diferentes nacionalidades, portadores de una poderosa expresividad física y emocional, que llegaría a convertirse en mito. No obstante, dentro de la experiencia tomó parte también un destacable número de bailarines venezolanos.

El 4 de septiembre de 1975 debutó en el Teatro Municipal de Caracas y contó con la asistencia del presidente de la República, Carlos Andrés Pérez, así como de los ex presidentes Rafael Caldera y Rómulo Betancourt, hecho que evidenció el consenso político alcanzado alrededor del proyecto.

El programa de esta primera temporada estuvo conformado por las obras Variaciones Schubert, Sombras, Percusión para seis hombres, Géminis, Memorias y La luna y los hijos que tenía, de Vicente Nebreda, junto a Rodin mis en vie, de Margot Sappington. La aspiración de Nebreda era crear una compañía de alto nivel profesional con un carácter altamente personalizado. La ideó como un imponente edificio donde todas las piezas eran diversas, pero encajaban perfectamente unas con otras. Era una suerte de liga de naciones, amplia y multicultural.

El BIC debutó en Nueva York en 1979. Actuó en la gran metrópoli entre el 13 y el 25 de noviembre en el City Center y recibió crítica auspiciosa. En ese momento se dijo que la compañía venezolana era lo más relevante de todo lo visto en la década de los años setenta en materia de agrupaciones extranjeras, incluso llegó a asegurarse que no se había presentado nada similar desde que los bailarines rusos debutaron en la Gran Manzana. Similar interés despertó la compañía venezolana en sus giras europeas y latinoamericanas.

La gloria del BIC duró exactamente cinco años y el cese de sus actividades fue con violenta polémica pública. El proyecto propició una renovada manera de bailar, de musicalidad y plasticidad liberada y fue la resultante tanto de la espontaneidad de los ejecutantes como de la intuición del creador de esos movimientos. El sello, el mérito y la responsabilidad pertenecieron a todos.

El BIC representó una experiencia reveladora en el medio venezolano y mundial. Lograr establecer y proyectar internacionalmente una compañía en tan poco tiempo y con el nivel de desarrollo escénico alcanzado, supuso claridad de objetivos artísticos, conocimiento profundo de la profesión y experiencia acumulada por parte de sus principales responsables. Esta compañía significa para el ballet venezolano un elevado referente, una aleccionadora experiencia y una importante etapa cumplida.