• Caracas (Venezuela)

Carlos Paolillo

Al instante

Carlos Paolillo

Shakespeare y Nebreda

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Para el celebrado coreógrafo argentino Oscar Araiz “la dramaturgia en la danza es una narrativa ya que se trabaja desde lo preverbal, dado que el movimiento no puede ser traducido en palabras y su efecto es causado directamente por la sensibilidad del espectador sin ser procesado de forma intelectual”. Este anticipo a la palabra puede ser lo que determine lo dramatúrgico a través de lo corporal, distinguiéndolo del drama teatral que, generalmente, se inicia con el texto.

La dramaturgia ha sido siempre una necesidad para la danza escénica. Ya Noverre lo establecía como una exigencia en sus cartas abiertas a la comunidad de la danza de su tiempo, aunque resulte impensable un movimiento sin hilo dramático, así se trate del más aséptico planteamiento abstracto. La danza, cuya autonomía como código ya está plenamente reconocida, constituye en sí misma un hecho teatral, de allí que no se trate tan solo de un elemento, sino de una condición intrínseca a la expresión del cuerpo.

Sobre William Shakespeare, dramaturgo esencial, se dirigen en este tiempo las miradas de la escena con motivo de conmemorarse 450 años de su nacimiento. La danza, que ha encontrado en el trascendental autor, fundamentalmente a partir del siglo XX, especial inspiración para la creación de obras cimeras, también se apresta para la celebración. Sus tragedias Romeo y Julieta y Otelo, así como sus comedias El sueño de una noche de verano, La tempestad y La fierecilla domada, se han concretado en obras emblema de la mano de coreógrafos relevantes: Balanchine, Béjart, Ashton, Cranko, Culbert, Limón, MacMillan, Neumeier y Butler.

Es así como el American Ballet Theatre de Nueva York acaba de finalizar su temporada de primavera dedicada a la obra de Shakespeare estrenando La tempestad, del coreógrafo ruso Alexei Ratmansky, actualmente residente de esta compañía, música de Jean Sibelius, y llevando de nuevo a la escena El sueño (1964), de Frederick Ashton, música de Felix Mendelssohn, título célebre basado en El sueño de una noche de verano.

Del mismo modo, el 24º Festival Internacional de Ballet de La Habana dedicará su programación a la significativa efemérides del dramaturgo y poeta inglés, que incluye la reposición de Shakespeare y sus máscaras, a partir de Romeo y Julieta, de Alicia Alonso, música de Charles Gounod, dentro de la oferta artística de esta edición. Igualmente se anuncian las producciones integrales del Ballet Nacional de Cuba de Giselle, dentro de una exaltación escénica de las grandes bailarinas románticas, La bella durmiente del bosque y El lago de los cisnes.

Para Venezuela el festival habanero, que se realizará a finales de octubre, tendrá una significación especial, pues incluirá las obras referenciales de Vicente Nebreda Percusión para seis hombres (Nueva York, 1969, música de Lee Gurst), planteamiento abstracto de movimientos a partir de las cualidades sugeridas por la marimba, el bongo, la castañuela, el xilófono, la pandereta y el timbal, así como por la específica energía emanada del cuerpo masculino; y Nuestros valses (Bogotá, 1976, música de Teresa Carreño y otros compositores venezolanos del siglo XIX), en concreto los tres duetos centrales de la obra –Sepia, Rosado y Rojo–, brillante y emotiva recreación de las distintas manifestaciones del amor a partir de lo simbólico de cada color, dramático, lírico o pasional.

De esta manera, Vicente Nebreda, que también evocó a Shakespeare a través de su producción de Romeo y Julieta (Palm Beach, 1986, música de Sergei Prokofiev), será recreado por los notables bailarines de la paradigmática escuela cubana de ballet.